Jornada Mundial de oración por las vocaciones
“…él llama a cada una por su nombre…”
Queridos hermanos, seguimos proclamando la vida del resucitado en medio de nosotros. Es Pascua, Cristo está vivo; como la hizo Pedro ante las multitudes (primera lectura: Hech. 2,36-41) también nosotros lo proclamamos con fuerza: ¡el crucificado, es el Señor y Mesías. ¡Y es Dios quien lo ha constituido como tal!
Este Señor Resucitado hoy nos visita y se nos presenta como el Buen Pastor y como la Puerta por donde pasan las ovejas (Evangelio: Jn 10,1-10). Ademas, en este domingo IV de Pascua, conocido como “del Buen Pastor”, celebramos en toda la Iglesia, la Jornada Mundial de oración por las Vocaciones; hoy pues, la Iglesia nos invita a meditar sobre el llamado que Dios hace a todos nosotros, sus ovejas, a través del Buen Pastor, Jesús, para salir del redil y caminar por los caminos del mundo, siguiendo al Buen Pastor y encontrando vida y “vida en abundancia” (v.10). Él nos recuerda que no estamos abandonados ni caminamos errantes: tenemos un pastor que nos conoce, para el que somos importantes, que se sabe nuestros nombres y al que le importa profundamente todo lo nuestro. Tampoco somos ovejas descarriadas, condenadas a vivir confinadas o en solitario: pertenecemos a un rebaño, al grupo de aquellos que “quieren seguir las huellas” del Pastor, aquel que nos lleva a los verdaderos pastos.
El Evangelio de hoy también habla de la Puerta, “Yo soy la Puerta”, dice Jesús (vv 7.9); La imagen de la puerta es la imagen de la libertad, de la confianza: no se entra por las azoteas, por las ventanas, a hurtadillas, a escondidas. Es la imagen, pues, de la confianza. Jesús en este evangelio se propone, según la teología joánica, como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida y con la verdad de nuestra existencia.
Hermanos, que importante es dejar resonar en nuestros corazones esta palabra, esta realidad en nuestras vidas. Después de tantos días de confinamiento, de incertidumbre, es necesario que “salgamos” y vayamos guiados por el Pastor a buscar esos pastos, vayamos a reconstruir nuestra humanidad fortalecidos por esta confianza. Al ritmo de su voz que nos llama y nos lleva ahí donde renacerá la vida. Estamos cuidados, es nuestra certeza. No vivimos desamparados o a merced de repentinos brotes pandémicos o del mal que habita nuestro mundo. Sentir esa sensación desde lo profundo nos fortalece y empuja a vivir con sentido todo lo que nos pasa. El pastor conoce a las ovejas y ellas se sienten seguras ante su voz; las saca, camina delante de ellas, las llama, le siguen… ¡Qué sensación de acompañamiento y de seguridad! Cuando se experimenta esta sensación, es posible escuchar su llamada y comprometerse a dar respuesta con un estado de vida, que llamamos vocación. ¡Y que importante es, en estos días de reconstrucción, que surjan hombres y mujeres valientes que escuchen su llamada y se comprometan en su vocación!
Hermanos, como nos dice el papa en su mensaje para esta Jornada Mundial de oración por las Vocaciones, “el Señor nos llama, a todos los cristianos, a seguirlo en una vocación específica: en el matrimonio, en la vida consagrada, o en el sacerdocio; esta llamada es una aventura, que no es pacífica, «y el miedo de no lograrlo y de no estar a la altura de la llamada amenaza con hundirlos», como los discípulos atravesando el mar de Tiberiades (Cfr. Mt 14, 22-33), como las ovejas al despuntar la aurora. Pero al grito de su voz, ellas, que conocen su voz y se sienten seguras, salen a seguirlo. El papa en su mensaje nos invita a meditar, ayudándonos de cuatro palabras inherentes a toda vocación específica, permítanme retomarlas para profundizar en nuestra reflexión.
La primera de ellas es: «Gratitud». Podemos reconocer que Jesús nos llama a una vocación específica, solo cuando nuestro corazón reconoce la acción de Dios en la propia vida y le damos gracias por ello. Porque «la vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor». Ante la voz del Buen Pastor que siempre nos lleva a pastos seguros, nuestra respuesta estará siempre llena de este sentimiento. Vive pues tu vocación con gratitud. En la vida matrimonial, en la vida religiosa, en la vida misionera y sacerdotal, se siempre agradecido.
«Ánimo». Cuando Jesús se acercó a los apóstoles caminando sobre las aguas (Cfr. Mt 14, 26-27) ellos creyeron que era un fantasma; es el “fantasma de la incredulidad” el que nos hace pensar que no podremos seguir el llamado de Jesús, creyendo que nos equivocamos o que no estamos a la altura; pero Jesús mismo es quien nos dice: «¡Ánimo!, soy yo; no teman”. Y nos alienta con sus palabras y su presencia, porque “sabe que una opción fundamental de vida –como la de casarse o consagrase de manera especial a su servicio– requiere valentía». Así que no temas hermano, si estás pensando en consagrarte, en casarte, en hacer tu opción vocacional, recuerda sus palabras, recuerda su voz, ¡es el Buen Pastor quien te llama!
«Fatiga». Cada vocación específica tiene grandes compromisos y, «si dejamos que nos abrume la idea de la responsabilidad que nos espera –en la vida matrimonial, o en el ministerio sacerdotal– o las adversidades que se presentarán, entonces apartaremos la mirada de Jesús rápidamente y, como Pedro, correremos el riesgo de hundirnos». En los momentos de duda, cansancio y miedo, Jesús nos tiende la mano «y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo». Esta mañana le decía a una religiosa en Burundi, abrumada por la terrible situación: “madre, pon tu fragilidad y tu fatiga a los pies de Jesús y él, como el Buen Pastor, te levantará y te llevará en sus hombros y te hará superar esta prueba”. Jesús, el Buen Pastor cuida de sus ovejas, de todas y mas aún de las agobiadas por la fatiga.
«Alabanza». Ante tales gestos de amor y de esperanza, y ante la experiencia del seguimiento al llamado de Jesús, Buen Pastor, nuestra vida se abra a la alabanza, como lo hizo la Santísima Virgen María.
Hermanos, Jesús es el Buen Pastor nosotros sus ovejas, listas a salir del redil para caminar, al grito de su voz, para ir a reconstruir este mundo. Vayamos, aceptemos el compromiso de vivir nuestra vida como una vocación, entregándonos al seguimiento de Jesús, con confianza y creatividad. Quisiera concluir retomando nuevamente las palabras del Papa Francisco en su mensaje para esta jornada, «deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle «sí», vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero».
Que Dios nos conceda muchas vocaciones y que cada uno de nosotros viva su vida cristiana siguiendo la voz de nuestro Buen Pastor, Jesús, el resucitado.




