Patrón

SAN FRANCISCO XAVIER

Francisco de Jasso nació en el castillo de Xavier, en el entonces reino independiente de Navarra, (actualmente España), el 7 de abril de 1506, en el seno de una familia noble

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?

Francisco de Jasso nació en el castillo de Xavier, en el entonces reino independiente de Navarra, (actualmente España), el 7 de abril de 1506, en el seno de una familia noble. Su padre, Juan de Jasso, era Presidente del Real Consejo del Rey de Navarra Juan III. Su madre fue María de Azpilcueta que pertenecía a una noble familia. Era el más pequeño de cinco hermanos: Magdalena, Ana, Miguel, y Juan.

En 1524, deja su tierra natal para hacer realidad sus sueños de grandeza y poder, por lo que va a la universidad de la Sorbona de París. En septiembre de 1528 conoció a Ignacio de Loyola, que mediante la frase del Evangelio que le repetía continuamente, “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?, lo logra ganar para Cristo. Fue allí donde con otros cinco compañeros dan inicio lo que más tarde sería la Compañía de Jesús. En 1534, una vez finalizados los estudios, en la iglesia de Montmartre, hacen los votos de caridad, castidad y viajar a Tierra Santa, a excepción de Francisco que se queda en París otros dos años más estudiando Teología.

Es ordenado sacerdote el 24 de junio de1537 en Venecia. Durante su estancia en esta ciudad, mientras esperaba el barco para ir a Tierra Santa, se dedica junto a sus compañeros a predicar por los alrededores. Ante la tardanza del viaje, vuelven a Roma y muestran su disponibilidad al Papa para ser enviados a cualquier lugar. Después de un tiempo el rey de Portugal Juan III pide misioneros para su territorio. De un día para otro, Ignacio pide a Francisco ir de misión a las Indias Orientales, pues el padre que había sido elegido por Ignacio para esta misión, enfermó de último momento. El Papa nombra a Francisco nuncio apostólico en las tierras del Mar Rojo, del Golfo Pérsico y de Oceanía, a uno y otro lado del Ganges.

El 7 de abril de 1541, día que cumplía 35 años, sale la expedición y llega en septiembre a Mozambique. Allí se queda hasta febrero del año siguiente. Durante su estancia ayuda en el hospital y percibe el trato que se daba a los esclavos, lo cual le lleva a tener los primeros enfrentamientos con los colonizadores. Después de varias escalas, llega a Goa el 6 de mayo de 1542. Prepara un catecismo y comienza a predicar en la ciudad, a la vez que asiste a los moribundos, visita a los presos y socorre a los pobres. En octubre se embarca, para las islas de la Pesquería, donde permaneció más de un año.

En 1543 se encuentra con sus compañeros Micer Paulo y Mansilla en Goa y se entrevista con el obispo de la ciudad, Juan de Alburquerque, para pedirle misioneros. El obispo destina a 6 sacerdotes para esa labor. Con los nuevos colaboradores se vuelve de nuevo a la Pesquería. En el viaje escribe varias cartas a sus compañeros de Roma, en una de ellas decía:

“Muchos no se hacen cristianos, en estas partes, por no haber personas que se ocupen en la evangelización. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a esas universidades dando voces como hombre que ha perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en la Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas; ¡cuántas almas dejan de ir a la gloria y van al infierno por negligencia de ellos! Es tanta la multitud de los que se convierten a la fe de Cristo en estas partes, en esta tierra donde ando, que muchas veces me parece tener cansados los brazos de bautizar, y no poder hablar de tantas veces de decir Credo y mandamientos en su lengua de ellos y las otras oraciones”.

Establece en las Pesquería un sistema de asignación de territorios a un responsable, el cual debía de mantenerle informado de la situación de la misión. Una vez que ha organizado ese territorio, parte hacia Manapar y el distrito sur. Permanece un mes con los Makuas, bautizando a más de 10.000.  En 1544 realiza más de veinte viajes de evangelización. Ante las noticias de la ejecución de cristianos en Ceylan, Francisco vuelve a Goa y habla con el gobernador, para acompañar a las tropas que se iban a enviar para castigar las acciones contra los cristianos que el rey Jafnapatán había hecho.

En 1545 parte a las islas Molucas. Durante tres meses Francisco de Xavier aprende un mínimo del idioma y se familiariza con la cultura local; también traducirá, con ayuda de algunas personas, la parte básica de los textos de la doctrina católica. Ese mismo año escribe al rey de Portugal sobre “las injusticias y vejaciones que imponen los propios oficiales de Vuestra Majestad”. Sale hacia las Islas de Amborio y Ternate en enero de 1546, después de preparar las Instrucciones para los catequistas de la Compañía de Jesús. Recorre diferentes islas de la región y en Baranula (Ceran),  cuenta la tradición, que un cangrejo le devuelve el crucifijo que había perdido durante una tempestad.

Después de realizar labores de reordenación y supervisión de las misiones establecidas en India y Molucas, donde se siente decepcionado por el deterioro sufrido, tal y como demuestra en sus cartas, parte para Japón. Desembarca en Kagoshima, entonces capital del reino Sur del Japón.  En colaboración de su compañero Pablo de Santa Fe evangelizó por tierras niponas e hizo traducir la obra Declaración de los artículos de la Fe, que se aprendió de memoria y solía recitar en las esquinas. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban, se valía de un intérprete. Ante el fracaso de la misión, pensó pedir una audiencia con el rey de la zona con la esperanza de que si este se convertía al catolicismo, el pueblo también lo haría. En 1550 se dirige al norte con esta intención. Funda una pequeña comunidad cristiana en Hirado. Llega a Yamaguchi, luego a Sakai y, finalmente a Meaco, donde intenta, sin conseguirlo, ser recibido por el rey.

Se traslada de nuevo a Yamaguchi, y obtiene del príncipe la garantía de que los que se conviertan al cristianismo serán respetados. Ante esa perspectiva realiza, junto con sus dos compañeros, una intensa labor de predicación que da su fruto en la creación de una pequeña comunidad católica. Muchos de los convertidos son samuráis. La oposición del clero local, los bonzos, fue siempre fuerte.

En septiembre de 1551 le llama el príncipe de Bungo, que le permite predicar en esas islas. Un mes después y dejando algunos conversos, Francisco Xavier se vuelve a la India alertado por las noticias que le llegan. El viaje de vuelta se realiza en la nao Santa Cruz que capitaneaba Diego de Pereira, quien le sugiere organizar una embajada a China en nombre del rey de Portugal para entablar negociaciones de paz. Cuando llega a Malaca se entera de que la India ha sido nombrada provincia jesuíta independiente de Portugal y que él es nombrado  provincial.

El 24 de enero de 1552 llega a Cochín y el 18 de febrero a Goa. Después de solucionar algunos problemas de las misiones y preparar el viaje a China, parte rumbo a ese país el 14 de abril. Le acompañan en la aventura el padre Gago, el hermano Álvaro de Ferreira, Antonio de Santa Fe (que era de origen chino) y un criado indio llamado Cristóbal, y se embarcan en la Santa Cruz. Cuando llegan a Malaca tienen problemas con el Capitán de Mares, Álvaro de Ataide, que retrasa el viaje por dos meses e impide que Pereira siga al mando de la nao. Llegaron a la isla de Sanchón a finales de agosto de 1552.

Permanecen a la espera de la llegada de un barco chino que los lleve clandestinamente, al continente. Sin embargo, Francisco de Xavier muere en el lugar cuando solo contaba con 46 años de edad. Después de algún tiempo su cuerpo es conducido a Goa, donde llega en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa ciudad.

Fue canonizado con san Ignacio en 1622, aunque debido a la muerte de Gregorio XV la Bula de canonización no fue publicada hasta el año siguiente. En 1904 san Pío X le nombra Patrono de las Misiones.

Historia de
San Francisco Xavier