Quiénes somos

ESPIRITUALIDAD Y CARISMA

Los misioneros xaverianos acogiendo el mandato de Jesús de anunciar el evangelio, sobre todo a los no-cristianos, en cualquier parte del mundo, se inspiran en San Francisco Xavier como modelo y patrono. Se dedican de por vida a la obra de la evangelización con el voto de misión y con los tres votos religiosos. 

Caritas Christi
Urget Nos

“El misionero es la personificación más bella y sublime de la vida ideal: él ha contemplado a Cristo Jesús que ha encargado a los apóstoles la conquista del mundo, no con la fuerza de las armas, sino con la persuasión y con el amor”, decía el Fundador. Por este ideal, el misionero sacrifica la familia, la patria y los afectos más queridos y legítimos.

La característica que deberá distinguir a los miembros presentes y futuros de esta Familia Misionera será siempre la resultante de estos tres factores: espíritu de viva fe que nos haga ver a Dios, buscar a Dios y amar a Dios en todas las cosas, avivando en nosotros el anhelo de propagar por todas partes su Reino; espíritu de obediencia pronta, generosa y constante en todo, cueste lo que cueste, para conseguir las victorias que Dios ha prometido al hombre obediente; espíritu de amor intenso a nuestra familia religiosa, a la que hemos de tener por madre, y de caridad a toda prueba para con los miembros que la componen.

CARISMA

El Espíritu del Señor, que anima a la Iglesia y renueva continuamente en ella la conciencia de su misión en el mundo, inspiró a san Guido M. Conforti a entregar su vida a la evangelización de los no cristianos y  reunir en una comunidad misionera a hombres llamados  a consagrar sus vidas a Dios por el mismo ideal.

Siguiendo a nuestro Fundador y reviviendo el mismo carisma, nosotros los Xaverianos respondemos al mandato del Señor de “ir por todo el mundo anunciando el Evangelio a toda criatura”. El testimonio  de san Francisco Xavier y las palabras de nuestro Fundador son fuente de inspiración para nuestra vida apostólica, dedicada a anunciar el Evangelio a los no cristianos.

Espiritualidad

Los Misioneros Xaverianos queremos continuar la misión que Jesús encomendó a sus discípulos de  “ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio”. Tomando como modelo a san Francisco Xavier y poniéndonos bajo su protección, dejamos nuestra, nuestra familia y nuestro país de origen, para vivir preferentemente en medio de ambientes no cristianos.

Nuestro Fundador nos dejó escrito que nuestra actividad principal como misioneros es la oración. Ya que en la oración obtenemos la fortaleza para cumplir con nuestra misión de a anunciar a Cristo a los no cristianos con nuestras palabras y con nuestro testimonio. Por eso escribió: “ Procuremos vivir siempre aquella vida de fe que debe ser la vida del justo en general, y sobre todo del sacerdote y del apóstol, que debe llevarnos a buscar y a querer la voluntad de Dios y no la nuestra. Y viviremos de esa vida, si tomamos la fe como norma indeclinable de nuestra conducta, de modo que en nosotros los oriente todo: los pensamientos, las intenciones, los sentimientos, las palabras y las obras. Viviremos de esa vida si en toda ocasión tenemos a Cristo ante los ojos de nuestra mente, y Él nos acompañara por doquier: en la oración, en el altar, en el estudio, en las múltiples ocupaciones del ministerio apostólico, en el contacto frecuente con el prójimo, en los momentos de desaliento, de dolor y de tentación. Y en todo hemos de inspirarnos en Él, de modo que nuestras acciones exteriores sean la manifestación de la vida interior de Cristo en nosotros. Esta vida íntima de fe nos protegerá contra los peligros mismos del ministerio, multiplicará nuestras energías y nuestros méritos, purificará cada vez más nuestras intenciones y nos procurará goces y consuelos inefables que nos harán suave el peso del apostolado”.

Y san Guido lo sabía muy bien, pues esto que escribió es fruto de su propia experiencia. Desde que era niño, Jesús en la cruz fue alguien muy importante en su vida, ya que fue quien le dio su vocación, cuando lo visitaba en la capilla de Nuestra Señora de la Paz. San Guido ya siendo adulto comentaba de aquel crucifijo: “Yo lo miraba y Él me miraba a mí, y parecía decirme tantas cosas”. Para san Guido los brazos abiertos de Jesús en la cruz son una invitación a llevar su mensaje a todos los pueblos de la tierra, son un  abrazo que quiere abarcar a toda la humanidad, sobre todo a aquellas personas más necesitadas, para hacer del mundo una sola familia.

Por eso, antes de salir a misión, se nos entrega un crucifijo para recordarnos que si vamos a otros países no es sino para dar a conocer a Jesús, que es nuestra fuerza y nuestro mensaje.

Las Cinco constantes

Para cumplir  bien nuestra misión, nosotros los xaverianos tratamos de sostener nuestra vida a través de cinco pilares, que nosotros llamamos las cinco constantes.

Finalidad Cristocéntrica: Queremos que Jesús sea el centro de nuestra vida, es por eso que dedicamos algunos de los momentos de la jornada a la oración, para que nuestra amistad con Él crezca, y sintamos la necesidad de hablar de Él a los demás, podamos ver su rostro en las personas que sufren y si fuera necesario incluso dar nuestra vida por Él.

Finalidad Misionera: Los Xaverianos vivimos solo para la misión, es por eso que al momento que hacemos nuestra profesión religiosa, a parte de los votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia, hacemos un cuarto voto que es el de misión. Con este voto nos comprometemos a ofrecer toda nuestra vida al anuncio del Reino, es decir nos consagramos a la misión:

Ad vitam, toda nuestra vida, y toda la vida.

Ad extra,  dejamos nuestra familia, nuestro país, nuestra iglesia de origen, para vivir con otros pueblos diferentes al nuestro.

Ad gentes, tratamos de vivir de preferencia en ambientes donde los cristianos son una minoría.

Consagración Religiosa: Para nosotros los xaverianos hacer profesión de los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, nos ayudan a hacer más creíble aquello que anunciamos. La vida Apostólica y la vida religiosa son para nosotros, un carisma único e indivisible.

Espíritu de Familia: Tratamos de vivir como una familia, sin importar nuestra edad o el país donde hayamos nacido. Tratamos de compartir la fe, el apostolado y los bienes. Normalmente vivimos en pequeñas comunidades mínimo de 3 personas.

Rostro humano: Nuestro fundador quería que sus hijos misioneros fuéramos personas equilibradas, de buen carácter, con una adecuada preparación intelectual, con capacidad de adaptarse y valorar las culturas de los pueblos a donde somos envíados.

Espiritualidad
y Carisma