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KAHASHA MUBALAMA GILBERT, SX

“ASÍ QUE NO TEMAS PORQUE YO ESTOY CONTIGO” (parte 1)

En estos días nuestro mundo ha sido invadido por una pandemia que nos ha dejado todos sin excepción ninguna en un pánico mundial y que hoy en día ha matado a mucha gente y sigue contaminando un número enorme de personas en el planeta.
Todo inicia cuando, el pasado 31 de diciembre, se hicieron públicos los casos de una extraña neumonía en Wuhan (China). La comunidad científica supo que se enfrentaba a un virus desconocido. Tras la secuenciación del genoma, los investigadores Chinos dedujeron que se trataba de un nuevo coronavirus COVID-19. Uno los siete coronavirus que dicen los científicos conocer, junto al SARS-COV-1 (que generó una epidemia en 2003 en China). Hoy la enfermedad actual del COVID-19 ha alcanzado en tres meses casi todo el mundo y ha provocado la muerte de tantas personas en muchos países del mundo, sobre todo en China y en Italia que en estos últimos días ha superado el nombre de muerte que causó la enfermedad en China. No olvidamos las demás naciones que padecen de este virus en Asía, en Europa, en América y en África.
Nuestra preocupación en estas líneas, no es pretender explicar el verdadero origen del virus, ni la manera de curarlo, dejamos ese trabajo a los especialistas que están trabajando en eso y pidamos a Dios que los guie para que su búsqueda sea provechosa y que lleguen a poner en marcha una vacuna para un alivio a todo nuestro mundo desamparado, sino que nuestra reflexión viene como un consuelo espiritual para tantas personas que están sufriendo de esta enfermedad y también a tantas otras personas llevadas por el miedo y que han perdido toda esperanza. Razón por la cual escogí el titulo bíblico del profeta Isaías (Is 41,10) en el que Dios asegura a su pueblo Israel darle la fuerza, ayudarlo, sostenerlo con su justicia.
Nosotros también estamos pasando por problemas muy serios en muchas naciones y quizá nosotros como Cristianos pensamos que Dios se ha alejado de nosotros o que nos está castigando y muchas otras acusaciones que le echamos a Dios. En efecto, olvidamos que Dios es el Dios de amor y misericordia que siempre está presente con nosotros, y nos asegura no dejarnos aún cuando la muerte nos visita.
1. Dios está siempre con nosotros.
Por esa seguridad que recibimos de Dios, trataremos de identificar las palabras de consuelo que Dios nos dirige en estos momentos precisos de tribulaciones y de gran desesperación a través de la Sagrada Escritura. El salmo 57,3-4 nos dice: “ Invoco al Dios altísimo, al Dios que hace tanto por mí, mande desde el cielo a salvarme, confunda al que me acosa, envíe Dios su amor y su verdad.”
En Dios apoyamos nuestra confianza, a pesar de la “carne” ajena que nos ataca, a pesar de la carne propia que nos insidia y desanima. Por su resurrección “nos consta” de que está con nosotros, podemos caminar aquí en su presencia, en su luz, y esperar la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. Esta es la situación que estamos viviendo. Hoy tantas cosas ajenas o propias, nos atacan, hablando del coronavirus como algo ajeno que ataca el ser humano. Esa enfermedad se añade a tantos daños que el hombre ha causado a la naturaleza y ella de algún modo se rebelará en contra del hombre.
A pesar de todo eso, la presencia de Dios se manifiesta en medio de nosotros, y es de nuestro deber llegar a identificar esa presencia. Porque si Dios en mi vida cotidiana no tiene lugar, al llegar momentos difíciles voy a pensar que ya me abandonó y que no está conmigo. En ese sentido soy yo el que está olvidando a Dios y no él a mí. Dios es un amigo que siempre piensa en sus hijos y jamás nos puede dejar solos.
2. Amor paternal y maternal de Dios hacia sus hijos.
El salmo 27,10, expresa explícitamente el amor de Dios hacía nosotros. “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me acogerá.” El abandono paterno puede suceder ya en el nacimiento, niños expósitos (Cf Ez 19), o durante el crecimiento y formación. En un régimen de economía familiar se puede concebir un abandono o rechazo en época de madurez. Aquí el orante no está registrando un hecho, sino apuntando una hipótesis extrema, casi inimaginable: que unos padres abandonen a su hijo. De modo semejante apela al Señor al caso casi absurdo de una madre que se olvida de sus hijos (Is 49,15), también en una concesiva o condicional irreal . El Salmista al emplear uno de los sentimientos humanos más profundos e intensos: paternidad y maternidad, nos quiere asegurar de la protección paterna y materna de Dios: que es un Dios superpadre y surpermadre. Esas afirmaciones nos llevan al no temer porque Dios está de nuestro lado, aunque el mal parece ganar, el bien a su vez triunfará.

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3. La Pandemia castigo de Dios o realidad natural o experimento humano.
Muchas personas creyentes se hacen preguntas existenciales a cerca de la pandemia que vive nuestro mundo de hoy. ¿Qué fue lo que hicimos mal como humanidad para sufrir del coronavirus? ¿Cómo Dios puede permitir la muerte de tantas personas? ¿Por qué Dios deja sufrir al justo? Viendo el número de personas inocentes: Sacerdotes, Ancianos, Enfermos, Niños y Mujeres, y tantas otras personas que mueren hoy por causa del coronavirus. Esas preguntas y tantas otras que nos hacemos hoy en día parecen a las preguntas que los discípulos de Jesús le hacen en el evangelio de San Juan en el capítulo 9, hablando del ciego de nacimiento que Jesús curó: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres”? Y Jesús respondió: Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. De la misma manera, las preguntas que nos hicimos en primer lugar, no es que Dios sea responsable de todo lo que estamos viviendo hoy. No podemos negar la responsabilidad de lo que ocurre en nuestro mundo de hoy. Desviando un poquito, podemos decir que somos responsables indirectos de una manera o de otra de las calamidades que está viviendo nuestro planeta, nuestra casa común como lo llama el papa Francisco en “Laudato Sí”. La falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza y el impacto ambiental de las decisiones es sólo el reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras. Cuando no se reconoce en realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, “en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza ”.
Hablando de la organización social, los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades. La intolerancia política y el indiferentismo frente a la situación del empobrecimiento generalizado muestran un desprecio a la vida humana concreta que no podemos callar .
Cabe recordad, que el ser humano ha puesto a Dios en cuarentena y lo ha sustituido por otros medios, que el mismo hombre juzga favorable a sus necesidades. Llegar a tener respuestas a las preguntas del hombre, sin tener un mediador le parece más fácil al hombre. Tener a Dios como el que siempre nos tiene que cuestionar le hace fatal al hombre, por eso dejarlo de un lado es muy provechoso al hombre moderno que quiere hacer todo lo que le guste sin ponerlo a ningún criterio de discernimiento. Todo lo es permitido en cuanto es juzgado producir alguna felicidad al hombre. No importa que esa felicidad sea efímera o duradera, lo importante es que se haga según lo que decida el hombre. Si queremos ser llamados hijos de Dios, hemos de escucharlo, de incluirlo en la toma de nuestras decisiones para la realización de nuestros proyectos.

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