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Diac. Jimmy, SX

VIVIR LA CUARESMA EN EL TIEMPO DE COVID-19

La cuaresma es el tiempo de preparación para entrar profundamente en el misterio de la salvación. Es un buen tiempo para reflexionar nuestra vida ante Dios: sobre quién éramos, quién somos y quién seremos. Es un momento para pedir perdón a Dios porque somos pecadores. Es un momento para (re)construir una esperanza viva en el futuro. Lo que sabemos es: Dios siempre nos perdona. Dios siempre nos ama.
Para aprovechar este tiempo, el tiempo de cuaresma, la Iglesia nos propone algunas actitudes importantes: la obra de caridad (limosna), el ayuno y la oración. Y nosotros, como miembros de la Iglesia, es importante asumir dichas actitudes y por supuesto hay que ponerlas en nuestra vida diaria. Es una apropiación que poco a poco nos ayuda para caracterizar nuestra vida cristiana, es decir, no sólo las aplicamos en un momento determinado. Más aún, con estas actitudes nos ayudamos a estar más cerca de Jesús. Tomando a Jesús como modelo, lo que queremos alcanzar con estas 3 actitudes es imitatio cristi (T. A. Kempis) o Cristificarnos, que significa imitar a Cristo en su ser y en su hacer.
En este año, vivimos el tiempo de cuaresma bajo la pandemia del corona virus. No nada más nosotros, todo el mundo está preocupado por este virus porque ha matado a muchas personas. Cada día, leemos y vemos en las noticias, cómo este virus se está expandiendo a todos los países de manera muy rápida. A las personas que han vivido esta situación directamente, les es difícil sentir la presencia de Dios en este momento, se sienten abandonados por Dios. ¿Dónde estás tu Dios? ¿Por qué me permites vivir esta situación? Dostoyevski, un filósofo y escritor ruso, en su novela titulada “los hermanos Karamázov”, plantea las mismas preguntas sobre la presencia de Dios en una situación difícil. Un día, Ivan, dijo a su hermano menor, Aliosha: “si fuera Dios, no permitiría a un inquisidor matar ni a una pequeña hormiga”.
Así pues, viviendo esta pandemia, tal vez algunos sienten la ausencia de Dios, el silencio de Dios. Pero, si reflexionamos profundamente nuestra fe, Dios no está ausente en esta situación. Dios está presente y en este momento sigue manifestando su amor y su misericordia en esta situación. En estos días, hemos escuchado el testimonio de las personas, los enfermeros, los médicos o cualquier persona que siguen manifestado el amor de Dios hacia las personas que están afectadas por el corona virus. Estados unidos y China, que antes eran enemigos (económica y políticamente hablando) ya están trabajando juntos para buscar la vacuna que pueda detener el corona virus. Entonces, el amor y la misericordia de Dios se manifiestan a través y en la solidaridad de las personas hacia los enfermos.

corona


Si queremos ser sinceros, en el misterio pascual, reflexionamos la ausencia del poder de Dios. El que curaba a los enfermos, el que multiplicaba los panes, el que caminaba sobre las aguas, el que hacía muchos milagros, no es débil ante la autoridad humana, sino por su amor hacia nosotros prefiere ser débil, colgando en la cruz. Por lo tanto, en sentido “negativo”, en el misterio pascual, sobre todo en viernes santo, celebramos la ausencia del poder de Dios porque sólo de esta manera (de ausencia de su poder), él puede mostrar su gran amor hacia nosotros, sólo de esta manera, él puede realizar la salvación para el mundo. De hecho, la cruz, para nosotros, no es un signo de debilidad sino un signo de auto-entrega de Cristo para la humanidad.
Pues bien. Tomemos un tiempo del silencio, como un signo de nuestra solidaridad y de nuestra preocupación por esta pandemia, hagamos una pequeña oración personal por las personas que están afectadas por el corona virus.

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