Skip to main content
Desmond Mékontso, SX

LA ANUNCIACIÓN “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo”

Hoy 25 de marzo, la Iglesia nuestra madre nos invita a celebrar el anuncio del cumplimiento de las promesas de salvación. Nueve meses antes de la Navidad celebramos la encarnación del Hijo de Dios, que San Lucas describe en el anuncio del ángel a la santísima Virgen.
El anuncio contenido en el texto del Evangelio que sustenta la fiesta de este día es una expresiva declaración en la que el mensajero celeste descubre ante los ojos atónitos de María la extraordinaria personalidad del hijo que ella va a dar a luz y la maravillosa actuación divina que va a dar origen a esa existencia incomparablemente única.
Hemos de relatar que esta fiesta, aunque se refiere a María, tiene un trasfondo Cristológico, dicho en otras palabras, nos ayuda a profundizar en el misterio Cristo. Dos grandes verdades de nuestra fe nos recuerda esta fiesta: primero que la personalidad de Jesús es plenamente humana, porque nacido de una mujer, segundo, y al mismo tiempo, absolutamente divina, porque viene de Dios.
La actuación de Dios, también clave de comprensión de esta fiesta, nos ayuda a entender la profunda relación entre Isabel y María. En la anciana estéril, la intervención divina borra la vergüenza de la infecundidad, dando un hijo que será un enviado del Señor, un profeta que preparará sus caminos. En la joven Virgen, no obstante, la acción divina va a potenciar maravillosamente la condición virginal, transformándola en una espléndida maternidad, que va a dar a luz a un hijo que será el sucesor y heredero de David, el Hijo de Dios. Será grande y se llamará Hijo del Altísimo, se sentará en el trono de David, su padre, y su reinado no tendrá fin. En este sentido cabría resaltar que, si la concepción de Juan requería una maravillosa intervención divina, la concepción de Jesús, por superioridad, tiene que requerir una actuación de Dios infinitamente más impresionante, como la maternidad de una virgen. De allí que la presencia del Espíritu Santo quien la cubrirá con su sombra es figurativa, simplemente porque intenta describir la misteriosa intervención del Espíritu y la fuerza sobrenatural que va a dar consistencia a la sucesión dinástica de David, personificada en Jesús, y va a consagrar esa personalidad única con la real y verdadera filiación divina.
Que Cristo, que viene a salvarnos nos indique siempre el camino a seguir, y nos confíe a su Madre como la que ha sabido entrar en el plan divino de salvación, considerándose como su esclava, dispuesta a cumplir todo lo mandado por el Señor.

 

Referencia: Joseph Fitzmyer, El Evangelio según Lucas, II, Cristiandad, Madrid 1986.

¿Te ha gustado este artículo?

¡Compártelo!

Cd de México - Teología

Teologado Internacional San Francisco Xavier

C. Canarias 410 Col Portales Del. Benito Juárez 033000 Ciudad de México