Fundamento bíblico y teológico del tiempo de Cuaresma
Jonás 3, 1-10: Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos términos: «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo te diga.» Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido de tres días. Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.» Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor al menor. La palabra llegó hasta el rey de Nínive, que se levantó de su trono, se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza. Luego mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua. Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos.» Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.
Reflexión teológica
Este texto explica qué es la conversión según la Biblia y muestra las implicaciones teológicas de una verdadera conversión.
Generalmente, la palabra griega metanoia es traducida con el vocablo conversión, al modo del original hebreo shuv que significa, “ver el rostro a la persona” que, habitualmente interpretan como volver a Dios, darse la vuelta, etc. Detrás del término metanoia, está la idea de ser sincero con lo que has experimentado, ser sincero con tu forma de pensar después que te has encontrado con Dios. La metanoia es fruto de un progreso, a cuya plenitud no se llega si no es venciendo una serie de dificultades. Las prácticas cuaresmales se realizan en proceso, que, partiendo del conocimiento propio, eliminan de sí los antivalores y hace que Dios pueda vivir en el ser humano.
Las dificultades o tentaciones durante el tiempo de cuaresma pueden obstaculizar tanto la visión del ideal a alcanzar la resurrección, como su referencialidad. Estos escollos derivan de que el hombre en su búsqueda frecuentemente está movido no sólo por los valores, sino también por sus necesidades instintuales subconscientes.
El vencer todos los obstáculos para re-apuntarse con Dios implica siempre una purificación. Este es el elemento constitutivo de la conversión, de la vuelta del hombre hacia Dios. Esta purificación tiene como fin lograr la acomodación del propio ser a la llamada de Dios y resolver de modo integral las dificultades que se oponen a la entrega a Dios y a su misión. La purificación viene reclamada por la constatación de la propia fragilidad en cuanto impedimento interno a la respuesta vocacional y también por la existencia de un pecado estructural en la sociedad, que impide desde fuera el ejercicio de la misión.

El hombre se abre entonces a un ejercicio ascético de lucha contra el pecado en su misma raíz psíquica y posibilita el auto condicionamiento en una nueva dirección, donde la voluntad se refuerza y el fondo del hombre se estructura de acuerdo con los principios de una vida nueva, que trata de internalizar. Es decir, no se trata sólo de un modo distinto de pensar a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos.
La metanoia es un cambio en la mente y el corazón, es la transformación radical que alcanza al ser humano en su realidad más profunda, permitiéndole vivir una cada vez mayor coherencia entre la fe creída y la vida cotidiana. La metanoia lleva finalmente a vivir la vida activa según el designio divino. Por ende, la metanoia me lleva a ponerme a aprender del maestro, a ser un discípulo.
No te olvides de lo que dice el Señor: «Si en tu casa no hay más gente explotada, si apartas el gesto amenazante y las palabras perversas; si das al hambriento lo que deseas para ti y sacias al hombre oprimido, brillará tu luz en las tinieblas, y tu obscuridad se volverá como la claridad del mediodía. El Señor te confortará en cada momento, en los lugares desérticos te saciará. Él rejuvenecerá tus huesos y serás como huerto regado, cual manantial de agua inagotable. Volverás a edificar sobre las ruinas antiguas y reconstruirás sobre los cimientos del pasado; y todos te llamarán: El que repara sus muros, el que arregla las casas en ruinas. Si te preocupas de no caminar en día sábado ni de tratar tus negocios en el día santo; si tú llamas al sábado «Delicioso», y «Venerable» al día consagrado al Señor; si tú lo veneras, evitando los viajes, no haciendo tus negocios, entonces, te sentirás feliz con el Señor. Yo te llevaré por las cumbres de la tierra, y te mantendré con la propiedad de tu padre Jacob - la boca del Señor te lo asegura.» (Is 58, 9-14).




