Jesús les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda la creatura bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19).
La Iglesia es esencialmente misionera. Cuando ella determina y dedica un día especial para enfatizar mundialmente un aspecto de su fe, es para mostrar su relevancia. Y es el caso de la dimensión misionera de la fe Cristiana católica. El DOMUND por lo tanto ha de vivirse en claves de oración/contemplación y reflexión para renovar o recrear nuestro compromiso bautismal de ser cristianos evangelizadores.
El mandato de la “Gran Comisión” faculta todos los creyentes como enviados a continuar la misión de Jesús, es decir, la evangelización integral. Según Evangelii Gaudium, la evangelización integral tiene cuatro dimensiones:
1) anuncio y denuncia
El primer anuncio es este: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte». Cuando a este primer anuncio se le llama «primero», eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la vida. (E.G. n. 164).
En lo que se refiere a la propuesta moral de la catequesis, que invita a crecer en fidelidad al estilo de vida del Evangelio, conviene manifestar siempre el bien deseable, la propuesta de vida, de madurez, de realización, de fecundidad, bajo cuya luz puede comprenderse nuestra denuncia de los males que pueden oscurecerla (E.G. n. 168).
2) testimonio personal y comunitario
La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana. No puedo guardar para mí sólo la alegría que he tenido al encontrarme con Jesús. Es una obligación que la comparte con los demás, eso es dar testimonio de mi fe, y por ende evangelizar.
3) transformación de la realidad
Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. Si bien puede decirse en general que la vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las distintas realidades terrenas para que toda actividad humana sea transformada por el Evangelio, nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social: «La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos». Jesús nos enseñó este camino de reconocimiento del otro con sus palabras y con sus gestos.
4) prácticas simbólicas celebrativas (los sacramentos).
Es importante recurrir a los sacramentos que son momentos celebrativos de la gracia de Dios en nuestra vida. Jesús partía, compartía y repartía el pan con sus discípulos y Apóstoles. Recuerda que lo oración más grande y poderosa de la Iglesia es la celebración eucarística.
En conclusión, el Domingo Mundial de las Misiones tiene como meta renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado. Todo bautizado es enviado a proclamar este kerigma. Por lo tanto, te invito a que, en oración y reflexión, vuelvas a encontrar el sentido misionero de tu adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo.
¡Que sea, por todos, conocido y amado nuestro Señor Jesucristo!




