Me llamo SALEH MOLL François. Tengo 27 años. Soy originario del Chad, país africano y soy un misionero xaveriano
Soy el cuarto de seis hijos. En mi infancia, pastoreaba las vacas de mi papá, jugaba con mis hermanos, mis vecinos, mis compañeros de escuela y ayudaba a mis padres en los quehaceres. Cuando estaba en la secundaria, tenía el sueño de ser periodista y salir en la televisión y hablar la radio. Sin embargo, surge otro deseo un año después: anunciar el Evangelio a los no cristianos, ser periodista del Evangelio, noticiero de Jesucristo.
En el 2007, siendo alumno de preparatoria, encontré al p Armando Coletto, misionero xaveriano, el cura de mi parroquia. Él me ayudó a descubrir la voluntad de Dios en mi vida. Un año más tarde, el p Beppe Pulcini, xaveriano, me acompañó y ayudó hasta mi ingreso al seminario en el 2009 en Camerún, después de que yo había obtenido mi bachillerato.

Lo que me sedujo para ingresar en la congregación de los misioneros Xaverianos fue su carisma: “anunciar la Buena Nueva de amor, de justica, de paz, de solidaridad a los demás, a los que no conocen a Jesús”. Y sobre todo el proyecto de hacer del mundo una sola familia en Cristo para que nadie se sienta excluido del amor de Dios, ni por motivo religioso, económico, mental, lingüístico, etc. Para los Xaverianos, todos los hombres somos hermanos y tenemos la misma dignidad.
Durante mis primeros años de formación mi deseo era anunciar a Cristo en algún país donde hay guerra, hay drogas, para fomentar la fraternidad e impedir el crimen contra la vida.

Actualmente estoy en el Teologado internacional de México, junto con hermanos que vienen de varios continentes, y nos sentimos todos unidos.
Ahora tengo dos deseos para mi vida misionera: el diálogo interreligioso, trabajar y convivir con budistas, hinduistas, musulmanes. El segundo deseo es la Animación misionera y vocacional. Trabajar con adolescentes y jóvenes, para que se sientan acompañados y escuchados en su caminar de fe.
La invitación que hago a los jóvenes es de no tener miedo, que escuchen la voz de Dios que los llama. Que salgan, que sean misioneros para ayudar al mundo actual. Ser misionero es una bella experiencia, una estupenda vida que hay que aprovechar: entrar en otra cultura, conocer a otras personas, salir de su propia tierra, aprender otras lenguas, descubrr otros amigos. Con el fin de anunciar la Buena Nueva.
Querido joven, déjate amar y llevar por Dios.





