“Como el grano de trigo que muere para dar fruto…” (Jn 12,24)
Este 11 de octubre 2019, los xaverianos del mundo entero, junto con todos ustedes amigos, hermanos que simpatizan con nuestro carisma misionero, celebramos la Jornada en Memoria de los Mártires Xaverianos.
Nuestra Congregación, como toda la Iglesia, desde sus inicios, también ella ha vivido a lo largo de su historia la realidad del Martirio; desde sus primeros “pininos” en la misión, experimentó esta exigencia del Evangelio: testimoniar al Cristo Crucificado aun con la propia vida. Nuestro Santo Fundador, al inicio de la Congregación sintió en carne propia la realidad del martirio de uno de sus primeros misioneros, el Padre Caio Rastelli, asesinado en China el 28 de febrero 1901. El testimonio de este hermano no ha sido el único, junto con él, muchos otros han entregado su vida para testimoniar a Cristo y bendecir así, con su sangre, la historia de nuestra Congregación. En esta ocasión queremos hacer memoria de ellos, de manera especial de los mártires xaverianos de Bangladesh: P. Mario Veronesi, asesinado el 4 de abril de 1971; P. Valeriano Cobbe asesinado el 14 de octubre de 1974.
La historia reconoce que, desde los albores del cristianismo hasta nuestros días, muchos cristianos han sufrido persecuciones por el Evangelio, como Jesús mismo había anunciado: «a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes» (Jn 15, 20). Todos sabemos que quien propone una vida que va contracorriente, un estilo y métodos de vida y pensamiento que no coinciden con la forma actual de pensar y vivir de una sociedad, ciertamente encontrará muchas dificultades. Este es el caso de tantos mártires que propusieron modelos evangélicos a sociedades alejadas de Dios, sumidas en la violencia, en el odio, en la injusticia, como es el caso de nuestros hermanos Veronesi y Cobbe.
Abrazar el Evangelio de Jesús implica seguirlo, asumir su mismo destino, que no es la muerte, sino la vida basada en el amor, en el servicio al hermano mas débil, en la búsqueda de la justicia y en una vida centrada en la búsqueda de la voluntad de Dios. Un Dios que se hace vivo y presente en cada momento, un Dios amor, Padre de todos lleno de misericordia. Un Dios que quiere la salvación para toda creatura. De esto hay que dar testimonio con la propia vida, como lo hizo Jesús, aún si esto conlleva persecuciones, sufrimientos e incluso la muerte. De hecho, la palabra “mártir”, tomada del griego μαρτυρος, etimológicamente significa “testigo”. Jesús fue testigo del amor del Padre y de su proyecto de salvación basado en el amor y en la fraternidad y de ello dio testimonio, amando hasta en la cruz, perdonando y construyendo fraternidad, aún con quien lo asesinaba, todo para proclamar la victoria del amor sobre el odio. Este testimonio es lo que vemos en tantos mártires en el mundo, y hoy en concreto en nuestros hermanos xaverianos mártires, sacerdotes, hermanos, religiosas y laicas.
Esta jornada, de hecho, tiene una doble finalidad, según lo explicaba nuestro Padre General, Fernando García. Primero, es aquella de dar gracias a Dios por el testimonio de sus vidas. Nadie de ellos eligió el martirio; “ellos eligieron servir y dar sus vidas por el evangelio siendo testigos fieles del amor de Dios en contextos muy concretos donde el Señor los envió. Ante el peligro, la adversidad, la incertidumbre, confiaron en el Señor. Por su fuerza, permanecieron fieles al Reino de Dios amando y sirviendo a las personas que los acogieron. Con esta gente, experimentaron alegría y esperanza, así como tristeza, angustia e impotencia” (P. Fernando García, Introducción, In Memoriam Mártires Xaveriannos).
Es una jornada para dar gracias, no por que hayan muerto, sino porque vivieron de una manera ejemplar, evangélica, siguiendo a Cristo, hasta dar testimonio con la propia sangre del amor que Cristo tiene por su humanidad. Por lo tanto, debemos decir, sobre todo, gracias Señor, por el testimonio de la vida de nuestros hermanos y hermanas mártires.
La segunda finalidad, dice el padre general, es aquella de “hacer memoria”, de recordar, no solo la muerte, sino la vida que ellos vivieron para que, haciendo memoria de ellos, nosotros crezcamos en fidelidad al Evangelio y a la misión Ad Gentes que la Iglesia nos ha confiado. “Recordar a nuestros mártires es una forma concreta de aceptar la invitación del Señor a ser santos, ya que Dios nuestro Padre es santo (Mt 5, 48; 1 Pt 1, 15), a ser santos en la fidelidad al carisma recibido”. (P. Fernando García, Introducción, In Memoriam Mártires Xaveriannos).
Recordar hoy a nuestros 15 mártires es pues un llamado a renovarnos nosotros en ese camino de santidad; a descubrir que, en este mundo violento, no se ocupan tantos maestros, sino testigos, como decía Papa Pablo VI. Hermanos, démonos cuenta que la violencia invade cada día más y más nuestra sociedad; violencia también orquestada contra aquellos que quieren vivir auténticamente su fe. San Juan Pablo II reconocía que el siglo XX había sido el "Siglo de los Mártires", recordando a la cantidad innombrable de misioneros y de cristianos asesinados en cada rincón del mundo; por su lado, el Papa Francisco define nuestro siglo como el "siglo de las mayores persecuciones de los cristianos". Solo para ser concretos y dar algunos datos: En los dos últimos años, al menos 8.313 cristianos han sido asesinados por su fe y uno de cada seis vive en países en los que existe persecución religiosa, además alrededor de 3.700 iglesias han sido atacadas en el mundo. El cristianismo es, en la actualidad, la religión más perseguida del mundo, según la organización Puertas Abiertas. (infovaticana.com, 2017-05-28. Mártires del siglo XXI).
Concluyendo, quisiera retomar las palabras de nuestro superior regional, P. Toño Flores, que al animarnos a vivir esta jornada de memoria y de acción de gracias nos invitaba a reafirmar “que el martirio no es sólo un testimonio puntual que acontece una vez en la historia, sino que tiende a extenderse en el tiempo. Y para ello, se convierte en “relato”. Hagamos este año un buen relato de la “última misión” de nuestros hermanos y hermanas mártires”. Vivamos pues esta jornada y este año asumiendo nuestro compromiso para amar e imitar el amor de Cristo en nuestro mundo violento. Para hacerlo perdurar en el tiempo, en este nuestro tiempo y nuestro espacio. Que los mártires xaverianos intercedan por nosotros en nuestra misión.




