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Evrard Djounang, SX

UN AÑO NUEVO BAJO LA PROTECCIÓN DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE

      Como de costumbre y en coherencia con nuestro PCV, nos propusimos, durante la programación, encomendar nuestro caminar comunitario de este año escolar bajo el manto de nuestra Madre de Guadalupe. Y lo realizamos en una peregrinación a la Basílica el día 30 de septiembre de 2019.
        La peregrinación a la basílica de la Virgen de Guadalupe ha sido una experiencia de encuentro con el Señor mediante el puente de María, su Madre y nuestra Madre, que nos ha convocado y nos ha mandado a servir a su Hijo en perfecta comunión y comunidad apostólica, y nunca de forma individual, ni egoísta.
     Esta expresión de la comunidad seguidora de Cristo se expresó primeramente en los grupos internacionales que se formaron para trasladarnos de la casa fraterna (Teologado internacional de la Ciudad de México) a la basílica.
      Una vez reunidos en el patio central de la Basílica, iniciamos con el rezo del Rosario misionero. Encomendamos, en distintos idiomas, a la “Teutekos” la misión xaveriana en general y el caminar de nuestra comunidad en particular. Vimos en la “diosidencia” de la melodía mariana reproducida por las campanas, que María nos estaba acompañando como siempre y escuchando atentamente. Y fue para nosotros una motivación espiritual para seguir adelante a pasar de las dificultades y los fracasos integrando nuestras diferencias. En efecto la simbología de la estatua de la Virgen de Guadalupe es expresamente y esencialmente unión de diferentes.
      Acabado el rezo del Rosario, nos encaminamos a una de las capillas superior (capilla 9) de la iglesia para celebrar la Eucaristía en acción de gracias a Dios que nos ha reunido todos (de distintas partes del mundo) en esta comunidad de teología y que nos ha ofrecido a Jesús -Camino, Verdad y Vida- materializado en nuestro PCV. La celebración fue marcadamente meditativa; primero porque no podíamos cantar para no distraer las celebraciones en la iglesia central, y segundo por el clima de oración que habíamos creado.
     Compartimos nuestras preocupaciones, nuestros proyectos de vida, nuestras esperanzas, nuestros retos e ideales. La alegría y la paz fueron el hilo conductor de este momento de oración. Este hilo se vio fortalecido en la comunión al mismo altar.
      Concluimos nuestra oración pidiendo la bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu santo. No nos olvidamos de tomar unas fotos de recuerdo. Ahora, a trabajar.


   Ite, ad Evangélium Domini annuntiándum.

Evrard Djounang

 

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