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¿Jesús fue al desierto? ¿son el desierto y los 40 días un símbolo? Este es el origen del relato del desierto del evangelio de Marcos.

Iniciamos el tiempo de la cuaresma, como el propio nombre nos indica del latín, “quadragesima” que indica 40. La Iglesia enseña que es tiempo de preparación para la pascua. Es “el tiempo litúrgico en el que los cristianos se preparan a celebrar el misterio pascual, mediante una verdadera conversión interior, el recuerdo o celebración del bautismo y la participación en el sacramento de la Reconciliación” (SC 109). Toda nuestra reflexión va orientada más propiamente al texto del evangelio de Marcos sobre el tiempo en que Jesús permaneció en el desierto antes de su misión en Galilea. El texto de Marcos nos relata que: “a continuación (es decir, después de su bautismo), el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían” (Mc 1, 12-13).

Como podemos notar, Marcos no desarrolla las tentaciones de Jesús como hacen Mateo y Lucas. A Marcos le interesa dejar claro quién es Jesús, su papel como Mesías y su poder en contra de las fuerzas del mal. Obviamente, si Jesús es el Mesías e hijo de Dios deberá vencer a Satanás antes de empezar su ministerio mesiánico. Marcos nos relata que después del bautismo el Espíritu lo “empuja” hacia el desierto. Es decir que no es solamente una iniciativa propia, sino que el Espíritu lo mueve.

Marcos no describe la ubicación del desierto, para él el desierto es un espacio de recuerdos y de experiencias pasadas para el hombre de la Biblia, el profeta Oseas habla que Dios “en el desierto le hablará al corazón” (Os 2,14). El desierto para los hebreos, más que un lugar geográfico, es un lugar de prueba, de fortaleza, de combate, de encuentro y de purificación. Dios llevó a su pueblo al desierto para ponerlo a prueba (Dt 8,2), recordemos que el pueblo de Dios, luego de ser liberado de la esclavitud de Egipto, pasó cuarenta años en el desierto, consecuentemente es un lugar privilegiado de encuentro con Dios. Sin embargo, también es donde Dios hace una Alianza con Israel. Marcos sigue la misma lógica, mostrando que el desierto constituye para Jesús un lugar de combate, de tentación, donde dará prueba de su fidelidad al Padre; Jesús en el desierto representa el pueblo de Dios (Dt 8,2), sin embargo, no renegará a Dios como otrora (Ex 16,2), sino que dará testimonio incuestionable de su adhesión a la voluntad de Dios.

Marcos trata de describir que Jesús pasó “cuarenta días en el desierto” donde fue puesto a prueba, pero el mismo evangelista no habla de que Jesús haya hecho ayuno, al parecer ese dato no es relevante para Marcos. Si regresamos a la Torah, por cuarenta días llovió sobre la tierra (Gn 7,4. 12;8,6). Encontramos que Moisés permaneció cuarenta días y noches en ayuno en el monte Sinaí (Ex 34, 28); Jonás predica que “dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Jon 3,4); y los escritos nos deparan que también Elías pasó cuarenta días en el desierto (1Rs 19,8). Ambos personajes van a aparecer junto a Jesús en su Transfiguración, ¿casualidad? No, pero eso lo abordaremos en otro momento. Jesús permaneció cuarenta días con sus discípulos después de su resurrección (Hch 1,3). Son muchos los ejemplos bíblicos que podemos citar.

desert

El número 40 tiene un significado muy importante en toda la biblia. El número 40 representa cambio o transición, la idea de renovación, de un nuevo comienzo. Teniendo eso en cuenta podemos afirmar que esos 40 días que Jesús estuvo en el desierto, significa mucho más que días cronológicos, más bien significa que durante un cierto tiempo el Señor cambia para empezar un nuevo comienzo que será el inicio de su ministerio publico.

Marcos nos presenta un Jesús que es tentado, puesto a prueba, pero no sucumbe a la tentación, diferente de Adán, nuestro primer padre que flaquea y nos pone bajo la lógica del pecado. Para nosotros, Jesús es el nuevo Adán (1Cor 15, 22), aquél que nos quita de la lógica del pecado y nos pone bajo la lógica de la gracia. Adán vivía rodeado de animales salvajes y comía de los frutos del paraíso (Gn 2, 15-16); Jesús “estaba entre los animales del campo y los ángeles lo servían”. Esto último puede hacer referencia a la naturaleza humana de Jesús (los animales) y a su naturaleza divina (los ángeles). 

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