Skip to main content
P. José Luis Vega

EL MISTERIO GUADLUPANO, UN ACONTECIMIENTO QUE NOS UNIFICA EN LA ORACIÓN

Cada 12 de diciembre, la generalidad del pueblo mexicano celebra con gran fervor la memoria de las apariciones de la virgen María de Guadalupe en el cerro del Tepeyac ante el indio Juan Diego. Este acontecimiento marcó a las personas de la época con una interrelación de elementos tanto religiosos como culturales de una manera bastante singular que los fue unificando al mismo tiempo que brindó mayor paz y facilidades al empeño evangelizador de los frailes franciscanos. Poco a poco se fue desvaneciendo el culto a ciertos dioses que, supuestamente, mantenían su harmonía con los seres humanos, en ocasiones, a través de prácticas de muerte y ofrecimientos humanos. Tales son los casos del Dios Huitzilopochtli o el de la madre de este mismo: Cuatlihuac, quien tenía su centro ceremonial, precisamente en el cerro del Tepeyac, lugar de las apariciones de nuestra virgen morena. La creencia de los indígenas de ese tiempo y de aquella cultura, era que ambos contenían su ira tras recibir los cuantiosos ofrecimientos de sangre y dones óseos humanos con los que se decoraban sus estatuas o que eran depositadas ante las mismas.

 A casi 500 años de dicho acontecimiento, bastantes situaciones han cambiado. La cultura se ha transformado tomando elementos ya no solo de los continentes europeo y americano, sino los otros tres continentes del mundo. La ciencia y la tecnología nos han demostrado con sus avances como comprender mejor nuestras realidades antropológicas, cosmológicas, pero también teológicas y espirituales. Ante todos estos elementos de transformación y cambio, hay uno que, de una forma muy particular, permanece: el elemento de la oración. La petición unida al misterio de las apariciones de la virgen de Guadalupe en 1531 fue muy precisa: que se le construyera una capillita en el cerrito del Tepeyac para la oración ya que ella expresó: “en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis. Porque allí escucharé su llanto, su tristeza para remediar y para curar todas las diferentes penas, sus miserias y dolores. Anda al palacio del obispo y le dirás como yo te he mandado y ten por seguro que te lo pagaré”. Este elemento sigue teniendo una gran importancia y vigencia.Niña con virgen Cuan cuantiosas son las expresiones de súplica que en nuestros tiempos contemplamos como símbolos de la oración, de la confianza que se deposita ante esa madre del cielo que jamás ha defraudado a sus hijos y mucho menos los ha abandonado en situaciones de peligro, tristeza y desanimo. Son incalculables las peticiones que se escuchan y que van desde las más dramáticas, tales como: imposibilidad para recibir el don de la maternidad, reencuentro de familias o de miembros de éstas que se tenían por desaparecidos, curaciones ante problemas físicos y psicofísicos bastante complicados y en ocasiones desahuciados sólo por mencionar algunos. En otros casos las peticiones son menos graves, pero importantes también para muchos de los fieles, como lo son: salir con buenas calificaciones en algunos exámenes complicados, lograr el éxito en competencias deportivas o de otra índole y otras peticiones personales por el estilo. Es impresionante ver cómo, en prácticamente todas las ciudades, de nuestro país, existe, al menos, un santuario dedicado a la virgen de Guadalupe en el cual todos van a depositar su oración manifestada en tantos elementos que rebasan por mucho al aspecto solamente oral. Lejos de ser cuestiones de sacrificio y dolor al estilo azteca, observamos un desfile de sonrisas, danzas, lágrimas de emoción y entusiasmo, suplicas envueltas en una profunda fe en un Dios humano que conoce nuestra realidad porque él mismo la ha vivido y en la intercesión de su madre que nos comprende y ama. Vemos a veces gente desplazándose de forma comunitaria, bajo el aspecto de la procesión y de la peregrinación a pie o en vehículos para pedir la protección y las bendiciones del cielo en nuestra sociedad y en nuestras comunidades en particular. Observamos gente de todas las edades, de diferentes extractos socioeconómicos, hombres y mujeres. Todos juntos uniendo sus necesidades y suplicas, pero también su colaboración y ayuda en el aspecto de la oración ante aquella madre bondadosa que después de casi 500 años no se cansa de decirnos: “hijito mío, él más pequeño, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿no estas bajo mi sombra y mi resguardo? ¿no soy yo la fuente de tu alegría? ¿no estás aquí bajo mi manto y bajo el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa que te aflige y te perturbe?"Niño con virgen

Con gran fervor y devoción, este año también, hemos celebrado a María madre de Jesús y reina del cielo en su advocación de Guadalupe, reina también de México y emperatriz del continente americano. Sigamos poniendo, pues, en nuestra oración personal y como iglesia bajo su intercesión, la paz de nuestras familias, la paz para la Iglesia universal y la paz del mundo entero.

¿Te ha gustado este artículo?

¡Compártelo!