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P. Rubén Antonio Macias Sapién sx

Dominf, La misión y los niños, mi experiencia

Estimados amigos y lectores, principalmente ustedes los niños que están leyendo este artículo, antes que nada, los felicito en esta Jornada Mundial de la Infancia y Adolescencia Misionera. Yo quisiera platicarles algo muy bonito que me ha pasado en Burundi. Algo que tiene que ver con ustedes, con su vocación, con lo que ustedes pueden darle a la Iglesia en su misión universal.

Lo he vivido en carne propia, en mi experiencia personal, en mi vocación misionera, pero también en la misión. Yo soy el P. Rubén Antonio Macias Sapien, soy un misionero xaveriano; he tenido la dicha de vivir cerca de 19 años en un país del África que se llama Burundi. Yo llegué a Burundi el año 2001, cuando aún el país vivía sumido en la guerra tribal y civil; en 2005 la guerra terminó y gracias a ello, los niños pudieron volver a sonreír, pudieron ir de nuevo a la escuela y pudieron vivir un poco de paz. Pero ellos no se contentaron con eso; a pesar de la pobreza en que vivian y de las dificultades que tenían que afrontar decidieron responder a su vocación de misioneros y se pusieron a animar a todas las comunidades cristianas para recordarles que hay niños en el mundo entero que no conocen a Cristo. En esos años, los cristianos de Burundi vivian preocupados por sobrevivir, estaban sumidos en la pobreza y en la reconstrucción, cada quien velaba por sí mismo; además en la Iglesia no había un espíritu misionero, incluso entre los sacerdotes y los religiosos; no existían las OMPE solo la santa infancia; en esta situación los niños de la Infancia y adolescencia misionera de mi parroquia, en Kirundi llamados “Imikangara y’Imana” decidieron hacer algo maravilloso. Era el 6 de enero del 2007; día de la Epifanía del Señor; durante la misa, los niños se acercaron al pesebre, se vistieron de pastores y de Reyes Magos, lo adoraron y, llevando una grande estrella de madera, salieron de la capilla y subieron las colinas, visitando las casas anunciándoles La Buena Nueva del nacimiento de Cristo, llevándoles la bendición de Dios y hablándoles de los niños pobres del mundo. Pedían a la gente ayuda para los niños pobres y la gente, aún si estaba sufriendo por las consecuencias de la guerra, les ayudaban y les daban frutos, granos, comida, dinero; después de visitar casas y casas, regresaron a la capilla y depositaron a los pies del pesebre todo lo recibido. Todo ello fue enviado a Roma para ayudar a los niños pobres del mundo. Esta actividad la llamamos: “Los cantores de la estrella” en Kirundi “Abaririmvyi b’inyenyeri”. El obispo de la diócesis de Muyinga, a la que pertenece nuestra parroquia, se dio cuenta de esta actividad y de lo que los niños hicieron. Nos pidieron que enseñáramos esta actividad a todas las parroquias de la diócesis; no solo eso, esta actividad se implementó en todas las diócesis de Burundi, al grado, que, en todo el país, el mes de enero se convirtió en el mes de los “cantores de la estrella”; en todas las parroquias los niños subían las colinas e iban a anunciar a las gentes el nacimiento de Jesús. Su entusiasmo misionero contagió a toda la comunidad cristiana; después de ellos surgieron los grupos juveniles misioneros, que antes no había, llamados “La Juventud del mundo” – “Urwaruka rw’isi yose”; después vinieron las “Familias Misioneras” y también los “Enfermos misioneros”. Toda la Iglesia de Burundi se metió en este movimiento del Espíritu Santo que los niños trajeron. Hoy en día, La Iglesia de Burundi es una Iglesia misionera y la prueba mas grande son las vocaciones misioneras que de ahí están saliendo al mundo entero. Todo esto como fruto de lo que unos niños, como ustedes lectores, hicieron en este país del Burundi. Ustedes pueden hacer tantas cosas por la misión.

Yo quisiera terminar este artículo platicándoles un poco de mi experiencia vocacional; pues el hablar de la misión y los niños, me hace recordar mi infancia. Pues cuando yo tenía vuestra edad, a los 11 años despertó en mi un deseo muy grande, un deseo que me ha acompañado y me acompaña hasta el día de hoy: el ser misionero en Burundi. A la edad de 11 años yo oí hablar de Burundi por primera vez en mi vida, de sus problemas y de la necesidad de vivir el evangelio en esas tierras, sumidas en conflictos, de guerras tribales, de odios, pues ellos no habían conocido aun a Jesucristo.

A mis 11 años, vi la foto de un niño burundés, y en mi corazón Dios me hizo sentir esta voz: “Ruben, tú puedes hacer algo por ellos, ve y ámalos”

Recuerdo mucho lo que el papa Francisco nos dijo el mes de octubre del 2018, en la jornada mundial de las misiones DOMUND. Decía: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente». (Mensaje Papa Francisco, Domund 2018)

Exactamente eso pasó en mi corazón, a los 11 años: yo le hago falta a la gente del Burundi, a mis hermanos. Yo voy a ir a anunciarles el evangelio.

Queridos niños y adolescentes, vivir con un deseo, empujado con un deseo y realizarlo, es lo máximo que te puede pasar. La edad en la que estás, es una edad importantísima para llenarte de deseos y de ilusiones; al hacerlo recuerda lo que dice el papa: “No pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie”. Mucha gente en el mundo te necesita.

Al llenarte de ilusiones, acuérdate lo que te estoy platicando y lo que viví en Burundi, pues desde niño yo me dejé llevar e impulsar por ese deseo.

Sueña la misión, haz de la misión el deseo máximo en tu vida; haz de la misión esa vocación que Dios tiene para ti. Créelo y hazlo; gasta toda tu vida en ello.

¡Vale la pena! Consagra tu felicidad a un sueño, al sueño de la misión.

Yo comencé a soñar todo esto a los 11 años; ya tengo 54; ya pasé 19 años en Burundi y mi sueño sigue llenándome de felicidad.

Nunca pienses que no le haces falta a nadie. Tú puedes hacer tanto a mucha gente. ¡Tú puedes ser misionero!

Los niños tienen mucho que hacer por la misión; los niños, como tú, son la misión, el presente y el futuro de la misión, como los niños de Burundi son y siguen siendo ese ejemplo misionero para toda la Iglesia.

¡Que Dios los bendiga!

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