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Alberto Morales Reyes

LA EUCARISTÍA Y EL COMPROMISO CRISTIANO POR LA JUSTICIA

Para comprender a qué se refiere el autor cuando dice que la celebración de la eucaristía constituye en nuestra sociedad un verdadero problema político, es importante comprender primero lo se entiende por problema político. La expresiónproblema políticose puede entender en dos sentidos o, a dos niveles distintos.

 - Al nivel de la política formal, es decir, utilizando la palabra «política» en su sentido más estricto, hablamos de un problema político cuando nos referimos a los tipos de poder, al sistema, a la administración, al régimen o en general al gobierno y a los partidos políticos. En este sentido, se suele decir que la caída de un gobierno o el conflicto de unas elecciones son problemas políticos.

- Al nivel de la política informal, cuando nos referimos a un conjunto de realidades mucho más amplias y más englobantes en la vida de un país: la escasez de vida, el paro obrero, la falta de información o de libertad pueden constituir otros tantos problemas políticos. Viniendo a nuestro asunto concreto, no cabe duda que la celebración de la eucaristía se ha visto politizada con relativa frecuencia: una misa o un congreso eucarístico han servido de ocasiones sumamente apropiadas para reafirmar los intereses y pretensiones de un sistema de gobierno o de un grupo estrictamente político. Y así, el sacramento de la unidad y la reconciliación ha podido ser vistocomo el signo que consagraba la divisióny en donde pueden participar opresores y oprimidos, explotadores y explotados, los causantes del sufrimiento ajeno y los que arrastran penosamente ese mismo sufrimiento. Entonces, la eucaristía constituye hoy un verdadero problema políticoen el sentido de que: - la misa no es una cosa santa y excelsa que pasa delante de los fieles.
- la misa es el momento oficial más importante en el que un grupo de personas, que se consideran creyentes, expresan públicamente esa creencia. - un acto así, aparte de su evidente significación religiosa, tiene al mismo tiempo y necesariamente una significación social y una significación política. Sin embargo, es necesario preguntarse: ¿por qué ha de ser esto así necesariamente? ¿Es que no basta con predicar valientemente las exigencias del evangelio? ¿no es suficiente ya la proclamación de la verdad y la denuncia del pecado, dejando a cada uno la responsabilidad de su opción personal? ¿no es bastante dedicarse a formar las conciencias, permitiendo a cada cual que participe o no participe en la eucaristía de acuerdo con los principios formulados en la predicación? Para responder a esta cuestión será necesario ver más de cerca lo que está ocurriendo en la iglesia.

I. Punto de partida: dos hechos fundamentales que se estádando en la Iglesia actual.

1. La crisis litúrgica. Es decir, la incapacidad de la reforma litúrgica en orden a la renovación de la iglesia. Esta reforma contempló unarenovación de la celebración de la eucaristía, planteada en sí misma y por sí misma, al margen de la situación social y de la existencia de los individuos y de los grupos en la sociedad. Esta reforma litúrgica fue resistida y enfrentada. Por eso hasta el momento se encuentra a gente que se arrastra todavía, desde luego, la lentitud de quienes aún no se han incorporado al movimiento litúrgico. Sin embarga para salir de esto la solución estaría en la renovación de las comunidades creyentes. Porque sabemos que, si no hay comunidad real, difícilmente se puede vivir el sentido de la eucaristía.

2. La incapacidad de la doctrina social de la iglesiaen orden a la transformación de la sociedad. Es decir, unas doctrinas y unas teorías sobre la renovación de la sociedad, al margen de la celebración de la eucaristía. Y la prueba más clara de esto es el hecho de que la eucaristía se sigue celebrando, incluso en sus expresiones más solemnes (congresos eucarísticos) en sociedades y pueblos que contradicen en puntos muy importantes los principios doctrinales de la iglesia en materia social. Tenemos, por consiguiente, una eucaristía sin doctrina social y al margen de la doctrina social. Y una doctrina social sin eucaristía y al margen de la eucaristía. Asistimos a una Iglesia que se dedica mucha a formar la "conciencia" deformando la "experiencia". Pero las conciencias no se forman solamente con las encíclicas, los discursos y los sermones. Sino que necesita la experiencia religiosa. Sin embargo, en la vida de la Iglesia se nota claramente la separación o divorcio entre estos dos pilares que son: la doctrina social y la experiencia religiosa. Unos insisten más en la oración y en la liturgia; los otros ponen principalmente su empeño en la acción y en el compromiso.

II. ¿Un rigorismopeor que el de antes?
Hoy tenemos el peligro, se ha dicho, de rehacer una especie de jansenismo del pecado político, que vendría a reemplazar al del sexto mandamiento. En todo caso, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, no se da a los fieles como el diploma del sectarismo inmaculado. El fariseísmo que nos amenaza hoy no es ya, como antes, él de la buena conciencia moral o ritual; es el fariseísmo de la ideología imperturbable, que detenta la verdad social y que se siente seguro del juicio de la historia. Es más, si efectivamente echamos por este camino, ¿no habrá que restaurar, siendo lógicos, la vieja praxis de la excomunión y de la penitencia pública, aplicándola ahora a los pecados en materia social y en cuestiones políticas? Para responder a esta pregunta presentaremos, primeramente,la naturaleza y la función que la eucaristía tiene que cumplir en la iglesia y en la sociedada través de la enseñanza de Pablo y de la experiencia de la iglesia primitivay luego daremosuna solución al problema.
La eucaristía como "proclamación". Pablo afirma que la celebración de la eucaristía es un «anuncio o, más exactamente, una «proclamación». Es decir, en la eucaristía, cada comunidad de la iglesia anuncia o proclama la muerte deCristo. Porquelo fundamental que la iglesia tiene que anunciar a los hombres no es algo que
se hace sólo con palabras, sino a través de un signo y por medio de un signo en el que la vida y la unidad de los hombres creyentes juega un papel decisivo. una comunidad de la iglesia deja de celebrar correctamente la eucaristía, esa comunidad castra e invalida toda otra palabra eclesiástica, toda predicación, toda exhortación, toda palabra de consuelo y de estímulo, todo consejo y todo mandato.

La eucaristía, juicio y castigo. En las divisiones de la comunidad de Corinto Pablo ve un delito que reclama un castigo. La proclamación de la muerte del Señor exige un comportamiento concreto, a saber: que «se distinga el cuerpo del Señor».Es decir, que en el pan de la eucaristía se reconozca realmente el cuerpo de Cristo, que por consiguiente se le separe y se le ponga aparte. Con frecuencia ocurre que en la celebración de cada eucaristía concreta no se hace el debido discernimiento, es decir, no se separa y se distingue el cuerpo de Cristo de otras cosas. Y así, la celebración de una misa reviste a veces el carácter de un acontecimiento militar, un gesto político, un acto de sociedad o, simplemente, una manifestación de tipo artístico. Y entonces, Pablo afirma que los que participan en una misa así, merecen un juicio terrible.
Todo esto quiere decir que cuando se trata de celebrar la eucaristía no bastan las preocupaciones dogmáticas ni las preocupaciones litúrgicas y canónicas, sino que hay que tener la preocupación seria por la justicia, la libertad y la paz en el mundo. En efecto,donde no hay justicia, no hay culto a Dios; porque desde la injusticia y la opresión, el intento de dar culto a Dios se convierte en un insulto al Padre detodos los hombres.Entonces una eucaristía que no denuncia la injusticia y la opresión por más licita y valida sea no es ni podrá ser nunca una eucaristía «auténtica».
 Ante todo, una comunidad sana.La iglesia tenía en aquellos tiempos una convicción firmemente mantenida, a saber: que la eucaristía no se podía celebrar tolerando al mismo tiempo la injusticia y la opresión. Es decir, la iglesia tenía el convencimiento práctico de que lo importante, antes que otras cosas, era formar y mantener comunidades sanas. Comunidades que se ponían a vivir el evangelio, con todas sus exigencias, sobre todo en cuanto se refiere a la libertad, a la justicia entre los hombres y a la puesta en práctica del amor a los débiles. Esto era indispensable para poder celebrar la eucaristía.

Toda una comprensión de la iglesia. A la pregunta ¿no habrá que restaurar, siendo lógicos, la vieja praxis de la excomunión y de la penitencia pública, aplicándola ahora a los pecados en materia social y en cuestiones políticas?que nos hemos hecho, podemos decir quesería disparatado ponerse ahora a aplicar excomuniones en «cuestión social» y en asuntos relacionados, de alguna manera, con la políti

ca. En este sentido, lo único que sensatamente se podría pedir es que seamos lógicos y consecuentes. Entonces la solución no se puede dar mediante «decisiones eclesiásticas», sino a través de «opciones comunitarias». Porque se trata de un problema que afecta a la iglesia entera; pero la iglesia no es solamente el clero. Tiene que ser, por tanto, la comunidad, cada comunidad concreta que celebra la eucaristía, quien se haga responsable de sus celebraciones eucarísticas, de su forma concreta de «proclamar la muerte de Cristo» ante la sociedad.

                   Una relectura de CASTILLO, J.M., La Eucaristía problema político,

                  en Alternativa cristiana, Sígueme, Salamanca 1981, 322-346

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