Del Pesebre a las Periferias: Releyendo a los Magos en Tiempos de Búsqueda
La solemnidad de la Epifanía del Señor, inscrita en el corazón del tiempo navideño, celebra la manifestación (φανερόω) de Jesús como Salvador universal. El relato evangélico es claro: «Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle”» (Mt 2, 1-2; Biblia de Jerusalén). Este misterio de luz, sin embargo, no es un recuerdo arqueológico. En el México contemporáneo, marcado por profundas dualidades de fe y violencia, esperanza y desaparición, la Epifanía irrumpe como una palabra profética que ilumina las tinieblas de nuestro tiempo con la crudeza y la ternura del Evangelio.
I. Los Magos Peregrinos: Una Imagen de un Pueblo en Camino
Los magos no eran judíos; representaban a las naciones gentiles, a todos los pueblos llamados a la salvación. Su viaje desde Oriente es, ante todo, un acto de búsqueda inquieta, guiada por los signos de la creación. Hoy, México es una nación de caminantes. Millones migran hacia el norte, empujados por la necesidad o la violencia, siguiendo su propia “estrella” de supervivencia. Son los nuevos magos peregrinos, que atraviesan desiertos —físicos y existenciales— enfrentando a los Herodes modernos: el crimen organizado, la indiferencia institucional, la explotación. Su viaje refleja una búsqueda universal de dignidad, un “anhelo de ver” al Salvador (cf. Lc 10,24). La Epifanía santifica esta búsqueda y nos pregunta: ¿Somos una Jerusalén que orienta, o una que ignora el grito del forastero?
II. Herodes y la Matanza: La Sombra del Poder que Oprime
La reacción de Herodes es el contrapunto dramático del relato: «Al oírlo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3). Su temor es el del poder que se siente amenazado por la verdad encarnada en la fragilidad. La simulación de adoración (“para que yo también vaya a adorarle”, Mt 2,8) es un engaño que busca eliminar la amenaza. En nuestra realidad social, esta dinámica se repite en las estructuras de corrupción e impunidad que, vestidas de legalidad o progreso, engañan y oprimen. La “matanza de los inocentes” (Mt 2,16) resuena con un dolor atroz en las fosas clandestinas, en los niños y jóvenes desaparecidos, en las víctimas del feminicidio. La Epifanía, al revelar a Cristo, revela simultáneamente la verdadera naturaleza de un poder que, al sentirse desafiado por la dignidad de los pequeños, opta por la eliminación. La luz del pesebre proyecta una sombra alargada que denuncia toda injusticia.
III. La Estrella y los Regalos: Esperanza y Ofrenda en Tierra Herida
La estrella que guía a los magos es signo de la providencia de Dios, que conduce a la verdad, incluso a quienes buscan desde fuera de la Alianza. En la noche mexicana, esa estrella son los destellos de resistencia solidaria: los colectivos de búsqueda, las comunidades indígenas que defienden su territorio, las parroquias que abren sus puertas al migrante. Son la constelación de esperanza que persiste cuando las luces institucionales se apagan.
Los regalos de los magos adquieren una elocuencia profética en nuestro contexto:
- Oro para el Rey pobre: Ofrecer oro a un niño en un pesebre es un acto de fe que reconoce la realeza en la kenosis (abajamiento). Hoy, es la invitación a reconocer la dignidad real de los pobres y a restituir el oro saqueado de nuestro pueblo mediante la justicia social.
- Incienso para el Dios humano: El incienso, usado en el culto divino, proclama la divinidad de Jesús. En México, es el incienso de la fe popular que se eleva desde los santuarios y las casas, una espiritualidad resistente que sostiene la identidad y la esperanza en medio del desgarro.
- Mirra para el que morirá: La mirra, usado para ungir cuerpos muertos (cf. Jn 19,39), presagia el sacrificio redentor. Es el símbolo del dolor memorioso que no olvida a las víctimas. Ofrecer mirra es abrazar la pasión de nuestro pueblo y comprometernos a transformar ese dolor en semilla de vida nueva, rechazando la cultura del olvido.
IV. La Epifanía Continúa: Un Llamado a “Volver por Otro Camino”
El relato culmina con una advertencia divina y una decisión crucial: «Y avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino» (Mt 2,12). Este detalle es clave para una espiritualidad encarnada. La verdadera adoración cambia la ruta. Haber encontrado al Salvador en la pobreza y la vulnerabilidad impide volver a la normalidad del palacio de Herodes, a la complicidad con un sistema de muerte.
Para la Iglesia y la sociedad mexicanas, la Epifanía es una llamada imperiosa a “volver por otro camino”. Es el camino de la opción preferencial por los pobres, de la búsqueda incansable de la verdad y la justicia, del diálogo con las culturas y saberes contemporáneos (los “magos” de hoy). La tradicional Rosca de Reyes, donde se comparte el pan y se “encuentra” al Niño escondido, debe ser para nosotros un ejercicio de comunión que active la solidaridad y nos recuerde que debemos “buscar” activamente a los que están escondidos en las fosas del anonimato y la exclusión.
Un Misterio que se Hace Camino
La Epifanía no es una escena estática para contemplar con nostalgia. Es el misterio de un Dios que se deja encontrar por quienes lo buscan con corazón sincero, revelándose precisamente donde el poder no lo espera: en la periferia de Belén, en la precariedad de un pesebre. En México, Belén tiene muchos nombres: Ciudad Juárez, Guerrero, la sierra Tarahumara, las vecindades populares, los albergues de migrantes.
Celebrar la Epifanía hoy es creer que la estrella sigue brillando sobre estas realidades. Es comprometernos a ser, nosotros mismos, estrellas-guía que reflejen esa luz, y magos peregrinos que ofrezcan lo mejor de nosotros —nuestro oro, incienso y mirra— en la construcción de un país donde ningún Herodes pueda apagar la luz de la dignidad, porque esta, finalmente, es la luz de Cristo, revelada a todas las naciones. «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1; primera lectura de la Epifanía). Que esta luz, manifestada a los magos, ilumine nuestros caminos de retorno hacia la justicia, la paz y la fraternidad verdadera.




