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P. Rafael Aguilar Flores sx

La Palabra de Dios en la vida de San Guido María Conforti

El anuncio de la Palabra de Dios fue para San Guido el motor de su proyecto personal de vida. En su programa episcopal propuso que se leyera el Evangelio en cada casa, en cada familia, recomendando profundizar su lectura como fuerza evangelizadora que transforma el corazón humano.

Siendo nombrado obispo, escribe en Roma su primera carta al pueblo de Ravena donde contemplamos claramente su actitud evangélica al disponerse como servidor, con un corazón de amigo y hermano, haciendo alusión a Lc 22, 26 “…el más importante entre ustedes compórtese como si fuera el último y el que manda como el que sirve”.

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En junio de 1919, en una carta al clero y a la diócesis de Parma, invita a que nadie de los que saben leer se quede sin un texto del Evangelio, que nadie se quede sin experimentar las delicias de encontrarse con la persona de Jesús, pues para él la Biblia es la madre de los Doctores de la Iglesia y su padre es el Evangelio, por ello es preciso promover su lectura en cada familia cristiana.

En marzo de 1927 dirige un discurso a los misioneros que partían para la misión recordándoles que la Palabra es la fuerza evangelizadora, ya que Cristo, contrario a los conquistadores de este mundo, instauró su Reino no por medio de las armas sino mediante la Palabra y el Amor que conquista las mentes y cautiva los corazones.

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En su manuscrito “La Palabra del Padre” escribe que la Palabra de Dios es vida, luz, fuerza y virtud sobrehumana y, en una carta dirigida al clero de Parma en julio de ese mismo año, llama a la Sagrada Escritura “Palabra de Vida” que ilumina las mentes y convierte los corazones.

Para Conforti los “Libros santos” son una carta enviada a los hombres y en un discurso dirigido a los xaverianos que partían para la misión en septiembre de 1931, a unos meses de su muerte, les enfatizó que continuaran sembrando la buena semilla de la “Palabra Divina”.

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Así como la Virgen María meditaba la Palabra guardándola en su corazón (Lc 2,19), así el misionero debe guardarla en el suyo, como la tierra guarda la semilla destinada a germinar y a producir fruto.

San Guido insistió mucho en que no dejemos de alimentarnos del Evangelio para poder cumplir con el deber que nos recuerda San Pablo: “¡Ay de mí si no predico el Evangelio! (1 Cor 9,16). Por ello en nuestras Constituciones Xaverianas queda estipulado lo siguiente: “Conscientes de que la Palabra de Dios suscita la fe y convoca a la Iglesia, sentimos la necesidad de escucharla, meditarla y hacerla oración cada día, tanto personal como comunitariamente, para convertirnos a la manera de pensar y actuar de Dios” (n. 44).

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Bibliografía:

-Ceresoli, A. & Ferro, E. Comp. (2011). Antología de los Escritos de Guido María Conforti. Edixa, 549-559.

-López, J.J. & Munari, T. (1991). La Palabra del Padre: Exhortaciones y pensamientos espirituales de Mons. G.M. Conforti a sus hijos. Edixa, 173-174.

- Misioneros Xaverianos. (2008). Constituciones y Reglamento General. Capítulo V, Misión y vida de oración, N.44.

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