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Pedro Viveros Viveros

EL MISIONERO: PROFETA DE LOS DERECHOS HUMANOS

1.    Acercamiento al tema

La figura del misionero es presentada desde tiempo antiguo, puesto que, tiene una gran importancia en la pedagogía de la salvación. Desde el Antiguo Testamento, en la persona de Moisés y los profetas podemos ver reflejado el prototipo de un misionero. En el Nuevo Testamento, el mismo Jesús lleva a cabo una misión encomendada por el Padre y que posterior a su resurrección se las delega a los apóstoles. En el presente artículo pretendemos dar respuesta a las preguntas ¿El misionero post-contemporáneo debe de pugnar por el respeto de los derechos humanos en tierras de misión? ¿La misión consisten en solo anunciar? Para intentar responder tomaremos la figura del profeta en el pueblo de Israel como misionero y la misma persona de Jesús.

Es necesario destacar la concordancia que existe en las finalidades que persiguen tanto la labor del misionero y los derechos humanos, partiendo del postulado de que el Kerigma de Jesús, tenía como finalidad trasmitir la gracia que viene de Dios, es decir, el don de Amor, el cual para efectos del presente texto lo traduciremos como el restablecimiento de la dignidad humana como hijos de Dios. Por otro lado, los derechos humanos que conocemos en la actualidad tienen como finalidad el proteger la dignidad del ser humano, misma que puede ser trasgredida por actos de autoridad.  Ambos tienen como objetivo el ser humano y la reintegración de su dignidad, don gratuito de Dios.

 

2.    ¿Qué entendemos por misión?

El término misión puede ser abordado desde diferentes contextos, pero todos nos llevan a un mismo punto de encuentro, es decir, “el envío”, “la acción”, “el anuncio”, etc. Para poder entender un poco más lo que es esta ardua labor, Juan Esquerda, nos dice:

"Se trata de un envío o de un enviado para realizar un servicio del Reino de Dios, con poderes recibidos del mismo Dios (o de Jesús), quien está presente apoyando al enviado. El envío es para un objetivo concreto, salvífico. Está relacionado con un mensaje y con la fuerza del Espíritu, para hacer patente el hecho y el significado de la encarnación y de la redención (muerte y resurrección de Jesús, su misterio pascual). Es misión que viene de Dios, por Jesucristo, comunicada a la Iglesia para continuar la misma misión de Cristo, y poder llegar al hombre concreto en sus circunstancias históricas y socioculturales".[1]

            La misión como envío se trata de continuar la acción salvífica de Jesucristo, en otras palabras, llevar a cabo el kerigma trasmitido por el mismo Cristo de una manera que este alcance a todos los hombres, sin importar raza, condición social e incluso el credo que profesan. Hacer misión no puede ser reducido a un simple anuncio, ya que, el mismo Jesús, denunció las acciones que trasgredían la dignidad de las personas de su tiempo, originadas por las autoridades que decían ser las vigilantes del cumplimiento de la ley. Jesús en su misión salvífica dio plenitud a la gran labor de todo profeta, misma que hasta nuestros días debe de seguir siendo el centro de actividad de todo misionero.

3.    El profeta y su quehacer

Hablar de los profetas en tiempos del Antiguo Testamento nos puede llevar hacia dos caminos de interpretación: 1) mirarlo como el adivino y, 2) el que predice el futuro. Ciertamente, aquel que era llamado y enviado por Dios, tenía la encomienda de anunciar lo que el Señor les quería comunicar (muchas veces cosas futuras), pero también tenían la encomienda de denunciar todo aquel acto que no fuera grato a los ojos de Dios. En 2 Sam 12 1ss, se puede observar el actuar del profeta Natán, mismo que ante las acciones cometidas por el rey David, donde ordenó poner al frente de batalla a su oficial Urías, para que fuera asesinado, sin temor alguno amonestó al rey por los hechos infringidos contra la dignidad y vida de su siervo.

José Luis Sicre, al hablar sobre la labor denunciante del profeta como parte de la misión encomendada, hace mención sobre” Dos casos merecen especial atención: el oráculo de condena dirigido a un individuo y el oráculo de condena contra una colectividad. Ambos constan de diversos elementos, pero son esenciales la denuncia del pecado y el anuncio del castigo”[2]. El envío del profeta por parte de Dios, significaba el anunciar las palabras que le eran reveladas, pero también el señalar de manera contundente todo aquel acto que fuese contrario a los preceptos de Dios. Ahora bien, en el Nuevo Testamento, tenemos a Jesús, quien, cumpliendo con su misión encomendada por el Padre, anunciaba la Buena Noticia, pero de cierta forma denunciaba los actos inhumanos que se perpetraban por las autoridades religiosas en contra de sus contemporáneos (les reintegraba la dignidad de ser hijos de Dios a todos los despreciados socialmente por su condición física).

4.    El misionero post-contemporáneo

Aquellos que consagran su vida a la misión en nuestros tiempos pueden ser considerados los nuevos profetas, puesto que, dejando su tierra, su familia, su estilo de vida y comodidades, deciden salir a tierras extranjeras para llevar el kerigma de Jesús. Todas estas personas cumplen las funciones de los antiguos profetas (deberían de hacerlo), ya que llegando a tierras de misión, son los que anuncian la buena noticia. Así, como en su tiempo los profetas, Samuel, Natán, Amós, Ezequiel, Isaías, etc. Cumplieron la misión encomendada de llevar el don de la gracia divina al pueblo de Israel y denunciar los actos inhumanos despreciables ante los ojos de Dios, los misioneros de nuestros tiempos deben de cumplir, esté doble encargo en aquellos pueblos que son enviados para ejercer su vida misional.

A su llegada a la tierra encomendada debe de prestar atención en los acontecimientos que le rodean, es decir, identificar el contexto social, religioso, político y cultural, para que partiendo de dicha observación pueda escuchar con mayor atención la misión que Dios le solicita realizar. El misionero, que no hace un alto al arribar a lugar donde llevará su doble función profética, puede tender hacia dos extremos: convertirse en un simple evangelizador que se queda inerte ante el sufrimiento humano, o un luchador social extremista, que olvida la parte del kerigma y se dedica solamente a la acción social. Cada uno debe de encontrar el punto medio de su labor, es decir, tanto anunciar la buena nueva, que después se convertirá en la denuncia de los actos inhumanos que trasgreden los derechos humanos de las personas.

5.    A modo de conclusión

En esta época post-contemporánea, el misionero continúa con su labor profética en la tierra a la que es enviado; en dichos lugares se encontrará con diversos contextos tanto sociales, políticos, religiosos y culturales de los que deberá tomar parte. Sabiendo que el misionero debe anunciar la Buena Noticia a todas las personas, esa noticia de consuelo, amor, esperanza y salvación, podemos comenzar a concluir afirmando que la defensa de los derechos humanos es una labor esencial de todo aquel enviado, puesto que, parte del denunciar todo aquello que va contra la dignidad del ser humano. No podemos reducir la misión a un carácter solamente de evangelización o conversión, ya que, el anunciar la Buena Noticia nos debe de mover a una lucha constante por el respeto de la dignidad de las personas.

El evangelio y los derechos humanos no están peleados o separados, ambos tienen como fin, elevar la dignidad de ser hijos de Dios (dignidad del ser humano), por lo tanto, deberían de ser los dos grandes pilares que ayuden al misionero para ejercer verdaderamente acción profética en tierras de misión. El misionero de hoy tiene que hacer suyas las palabras del canto que lleva por nombre “El Profeta”: “Tengo que gritar, tengo que arriesgar, tengo que luchar, ¡Ay de mí si no lo hago!”, pues en ellas se encierra el arduo trabajo emprendido por los misioneros en nuestro mundo tan complejo, donde se necesita anunciar la Buena Nueva de Jesús, pero también denunciar con voz firme cuando la dignidad de nuestros hermanos está siendo devastada.

Referencias bibliográficas

BIBLIA DE JERUSALÉN. Desclée De Brouwer. Bilbao. 2017.

ESQUERDA, J. Misionología, evangelizar en un mundo global. BAC. Madrid. 2008.

SICRE, J.L. Los Profetas de Israel y su mensaje. Ediciones Cristiandad. Madrid. 1986.

 

[1] ESQUERDA, J. Misionología, evangelizar en un mundo global. BAC. Madrid. 2008. p 67.

[2] SICRE, J.L. Los Profetas de Israel y su mensaje. Ediciones Cristiandad. Madrid. 1986.  p 16.

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