Voluntad, mucha, salud, poca. Superando algunas dificultades familiares, entra en el seminario, se destaca por sus capacidades intelectuales, pero a los 17 años comienza a sufrir de epilepsia y sonambulismo. Son fuertes crisis y ponen en duda a sus superiores ¿conviene aprobarlo para la ordenación? El propio seminarista Guido relata en una carta a su amigo, el padre Giuseppe, el temor que tiene de no poder recibir la ordenación sacerdotal: “De mi ordenación, por ahora no puedo decirte nada exacto y seguro. Sigue pidiendo a Dios y a la Virgen Santa por mí… fueron ordenados otros compañeros. Y yo, ¿cuándo llegaré a esa meta que desde hace mucho tiempo estoy anhelando? Por ahora no sé…”
Valientemente el rector padre Andrea Ferrari, que hoy es beato, lo aprueba para ser ordenado sacerdote, tenía 23 años. El joven padre Guido, pese a su salude frágil, ya no presenta crisis de epilepsia y sonambulismo, luego reconocerá que fue curado por intercesión de la Virgen María, que “como madre que es, nos ama con un amor que no conoce límites”.
A los 28 ya es vicario general de la diócesis de Parma. Pero sueña con la misión en el Oriente, a ejemplo del pionero Francisco Xavier. Pero la salud es frágil: ningún instituto misionero lo acepta. por lo que él, en 1895, fundó uno por cuenta propia: la «Congregación de San Francisco Xavier para las Misiones Extranjeras». Lo funda, lo guía, con unos pocos alumnos al principio, y con la ayuda de un solo sacerdote. Pedirá que sus seminaristas tengan: “una suficiente capacidad mental, buen criterio, un carácter constante y no difícil de adaptarse a los demás: sobre todo un vivo deseo de su propia santificación y salvación de las almas”. Utilizará luego la herencia paterna para consolidarlo. El nuevo instituto, puesto bajo la protección del apóstol de las Indias, San Francisco Xavier, albergó inicialmente a diecisiete estudiantes de varias parroquias de la diócesis. Un primer reglamento fue aprobado por el obispo en 1898, mientras que las constituciones, después de la formulación definitiva habrían recibido en 1906 la aprobación de Roma provisionalmente y, en 1920, la definitiva. Al llegar la aprobación definitiva el fundador comunicaba la noticia de la aprobación de las constituciones e invitaba a los misioneros “presentes y futuros” a que dieran gracias a Dios y les llamaba la atención “sobre el grave y solemne compromiso que ahora tenemos ante Dios y su Iglesia”.
Guido Maria Conforti se vuelve en ese momento una figura insólita en la Iglesia italiana: trabaja como vicario en el gobierno de una diócesis «doméstica», y al mismo tiempo se proyecta en la lejana misión. Es polémico con cuantos en Italia ignoran la misión o parecen temerla («roba sacerdotes a las diócesis», era un argumento). Nombrado arzobispo de Ravena a los 37 años: “le supliqué al Santo Padre que me ahorrara una carga tan pesada, aduciendo mi inexperiencia, la salud inestable… todo fue en vano. Al Vicario de Cristo hay que obedecerle prontamente”. Dejará su cargo un año después, aunque por enfermedad.
Murió en China uno de sus misioneros; hace volver al otro y se concentra por completo en el instituto. Pero en 1907, el papa Pio X lo pide que sea obispo coadjutor de Parma y después como sucesor. Regirá la diócesis durante 25 años, con mucha actividad: dos sínodos, cinco visitas pastorales a 300 parroquias. Mientras tanto sus xaverianos regresan a China y siguen con la misión. La gente simpatizaba particularmente con su amabilidad y su profunda espiritualidad.

En 1912 uno de ellos, el padre Luis Calza, es nombrado obispo de Cheng-chow, y recibe de él la consagración en la catedral de Parma. También en 1912, se asocia con fuerza a la iniciativa de un recurso ante el Papa, para que llame enérgicamente a la Iglesia italiana al deber de apoyar la evangelización en el mundo. La Jornada Misionera Mundial, establecida en 1926 por el Papa Pío XI, pondrá en marcha una propuesta contenida ya en ese recurso de 1912. Es evidente que Monseñor Guido fue uno de los grandes impulsores del renacimiento misionero del siglo XX.
En abril de 1922 recibió la visita de un joven sacerdote, que años más tarde será Papa y escribirá de Conforti: “Yo lo quería conocer porque representaba la expresión episcopal, la más distinguida en Italia, del feliz movimiento suscitado por la Encíclica Maximum Illud, de Benedicto XV. Yo lo buscaba porque significaba esa integridad del sagrado ministerio que asocia al obispo con el misionero: obispo de Parma y al mismo tiempo misionero para todo el mundo.” (Papa Juan XXIII)
Al fin llega el momento más hermoso para Guido María: en 1928 está en China para visitar a sus xaverianos. Aquí se hace realidad el sueño de toda una vida: conocer a los nuevos cristianos, la joven iglesia crecida entre duras dificultades, sentirse realizador, con los suyos, del sueño de Francisco Xavier... Y, así, este hombre proyectado a lejanos continentes, ha sido plena y enérgicamente pastor de su diócesis natal, partiendo de la labor de reevangelización, a través del movimiento catequístico y de la fraternidad practicada en todas direcciones, especialmente con la labor de asistencia a las familias durante la Primera Guerra Mundial, reconocida incluso por el gobierno italiano, con un alto honor civil.
Su físico siempre sufriente, y tan a menudo arrastrado por la voluntad, cede irremediablemente el 05 de noviembre 1931. En 1996 Juan Pablo II lo proclama beato, y el 23 de octubre de 2011 es canonizado por Benedicto XVI. El cuerpo descansa en la sede de los Misioneros xaverianos de Parma.




