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Juliano da Silva, sx

Es Pascua ¡Amén, Aleluya!

“Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles… Ésta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos”. La octava es la semana donde la Iglesia Católica mantiene el carácter ‘inmóvil’ de la fecha de Pascua, toda la semana es el día de la Pascua; como si fuera un solo día.

                                                      

Es Pascua ¡Amén, Aleluya!

La historia:

Asimismo, se ha llamado “semana blanca” o “semana de las túnicas blancas”. Fueron los judíos los primeros en celebrar, durante ocho días, sus fiestas más importantes como la fiesta de las Tiendas (cf. Lev 23,33-44) y la fiesta de la dedicación (cf. 2Cr 7,8-9 y 1Mac 4:56-59).

En cuanto a la Octava Pascual, se decía, en el siglo IV: “[...] con el grado de conmemoración para todos los días festivos, hasta el segundo domingo de Pascua, o domingo en Albis, en la que los neófitos bautizados en la noche de Pascua dejaban sus adornos blancos, más tarde de haber cobrado, durante toda la semana, las catequesis mistagógicas”.

También en las obras “Constituciones Apostólicas” y “Peregrinación de Egeria” (ambas del siglo IV), se encuentran testimonios sobre las fiestas del reunión de Pascua: “Ocho días después se celebra con gran celebración una nueva farra, en otras palabras, la octava”; “En cuanto a los ocho días de Pascua, se celebran como entre nosotros, y el y los servicios tienen lugar de la manera habitual durante los ocho días posteriores a la Pascua, como también tiene lugar en todos lados durante la Pascua hasta la octava.”

Conocida en Jerusalén, en Roma y en otras liturgias desde ese siglo, fue la Octava de Pascua el plazo de mistagogía para los neófitos en los sacramentos de Pascua.

Se cree que el hábito de las octavas se remonta a principios del siglo IV, e asimismo a la segunda parte del siglo III, como es claro de atisbar de las homilías descubiertas de Asterio Sofito sobre los salmos. Asterio llama al día de la octava el “segundo ‘octavo día’”. Se especula que fueron introducidas por Constantino I con litigio de la bullanga de la dedicatoria de las basílicas de Jerusalén y tiro, que duraba ocho días. A romper de entonces, las fiestas litúrgicas anuales pasaron a celebrarse en forma de octavas. Actualmente tenemos dos octavas: la de Pascua y la de navidad (ha habido muchas, tantas que también se han hendido por categorías).

Hoy, el domingo que concluye la octava es el domingo de la Divina Misericordia. Además, hay que marcar que las antiguas pilas bautismales y las tumbas cristianas tenían forma de octógono. El octavo día es el primero, el del resucitado, en el que participan los bautizados.

Su importancia:

Este es el tiempo litúrgico más importante de todo el año. Es la Pascua (pasaje) del Redentor de la muerte a la vida, su existencia definitiva y gloriosa. Además, es la Pascua de la Iglesia, su cuerpo. En el día de Pentecostés, la Iglesia es introducida en la “nueva vida” del Reino de Dios. Desde entonces, el animará y asistirá a la Iglesia en su misión de salvar el mundo, hasta que el Señor regrese en el Último Día, la Parusía.

La Octava de Pascua nos lleva al núcleo de la celebración litúrgica de la Iglesia, la resurrección del Cristo. La Pascua de Señor se prolonga en la acción de la Iglesia, por lo que en la Octava de Pascua celebramos que todos los días se han convertido en domingo, por eso se canta el Gloria en todas las misas, ya que en otros momentos se suele cantar sólo el domingo, a salvedad de la Cuaresma y Adviento, cuando no se canta.

Por eso, durante ocho días, celebramos la Solemnidad de la Resurrección de Jesús como si fuera un solo día: “Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él”.

Los demás días del lapso Pascual, y especialmente en la Octava de Pascua, se enciende el Cirio Pascual en todas las celebraciones, hasta el domingo de Pentecostés. Simboliza a Señor resucitado en medio de su pueblo, la Iglesia.  Debe recordarnos que hay que desterrar todo desasosiego ya que Jesús resucitado camina con nosotros, aún en los senderos de muerte (Sal. 22). Es hora de renovar nuestra confianza en el Señor, de ponernos en sus manos nuestra vida y nuestro futuro, como dice el salmista: “Confía tus preocupaciones al Señor y Él actuará con seguridad” (Salmo 35,6).

Curiosidad:

En los días que conmemoramos ‘del Señor’, es decir los domingos y sus solemnidades, no se practican actos de penitencias como el ayuno o el arrodillarse en letanías. Una practica antigua narrada en algunos autores como en el Pseudo-Justinus, se encuentra la siguiente declaración:

“La costumbre de no doblar la rodilla en el día del Señor [domingo] es un símbolo de la Resurrección, por la cual, por la gracia de Cristo, hemos sido liberados de los pecados y de la muerte, que fue destruida con ellos. Esta costumbre comenzó en los tiempos apostólicos, como dice el mártir San Ireneo, obispo de Lyon, en su libro Sobre la Pascua, donde menciona también Pentecostés, durante el cual no se reza de rodillas, porque ese tiempo equivale en solemnidad al día del Señor, por la razón que ya hemos dicho sobre este último[1]”.

Posteriormente, el Concilio de Nicea, celebrado en el año 325, confirmó la práctica de, no arrodillarse ni ayunar durante el tiempo de Pascua, para enfatizar la festividad el carácter festivo y unificador de todo ese tiempo.

“Especial atención merece el segundo domingo de Pascua, Domenica in Albis. Con ello concluye la Octava de Pascua, periodo en el que, desde los primeros siglos, los neófitos que, en la Vigilia Pascual, habían recibido los sacramentos del cristianismo los sacramentos de la iniciación cristiana recibieron formación diaria sobre el final de esta formación, llamada catequesis mistagógica, el segundo domingo de Pascua se ponían las vestimentas blancas que habían recibido en la Vigilia Pascual”.

Referencias:

CONSTITUCIONES APOSTÓLICAS, Libro V, 20, citado por ALi, 414.

EGERIA. “Peregrinación de Eteria”, en Peregrinación de Eteria - relato de un viaje a los Santos Lugares..., 207.

DERRETI, E.A. El año litúrgico y sus principales celebraciones. Paulus: San Pablo. PP. 56-58.

[1] PSEUDO-JUSTIN. Preguntas y respuestas a los ortodoxos, citado por ALi, 145. En la misma línea, San Ireneo (nacido hacia el año 130, fallecido en el 202) escribió: “La costumbre de no doblar la rodilla en el día del Señor es un símbolo de la Resurrección, por la que, por la gracia de Cristo, hemos sido liberados de los pecados y de la muerte que fue llevada a cabo por Él” (SAN IRENEO DE LYON. Tratado sobre la Pascua, citado por ALi, 175).

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