Este año 2022 seguimos reflexionando apoyándonos del evangelio según San Lucas, ya que nos encontramos en el ciclo litúrgico C, como en el año 2004, cuando cantaba en Misa con mi grupo parroquial “Amanecer”.
Aquel sábado en la tarde-noche, mi párroco René Palomares (qepd) leyó justamente este fragmento del evangelio que meditamos este domingo: Lc 10, 1-12.17-20. Yo escuchaba y pensaba en mi interior: “es cierto, hay que orar para que haya más trabajadores para la mies porque hacen falta”, cuando de repente me vino una pregunta: ¿por qué no me convierto en un trabajador para esa mies?
En ese momento no pude responder, era un adolescente con toda la vida por delante y los sueños de ser sacerdote se habían relegado a la infancia. Sin embargo, la duda permaneció ahí, hasta que tuve el valor de responder con generosidad al llamado del Señor.
Hoy puedo compartir que soy un obrero de la mies, y en mi condición de misionero comprendo perfectamente por qué Jesús envía de dos en dos y recomienda no llevar nada consigo más que el testimonio de ser su seguidor.
Hoy comprendo que el seguidor de Cristo se forja y crece en la vida comunitaria y que no hay nada más valioso que la salud y la paz. Que las personas que vas conociendo en el camino te ayudan a encontrar el rostro de Dios. Que a veces literalmente encuentras víboras y otros peligros, pero aun así no debemos tener miedo a decir si, si quiero ser un obrero de la mies, si quiero que mi nombre esté escrito en el cielo, en ese lugar que es el corazón de Dios, porque no tengo miedo a servir.
Y tú… ¿te animas a ser un obrero de la mies?