Nos vamos acercando al final del tiempo pascual, y poco a poco vamos encontrando la “promesa del Espíritu”. En este sexto domingo de pascua Jesús dirige a sus discípulos hermosas palabras, llenas de amor y de esperanza. Promete venir y lo hace en plural “vendremos” (cf. Jn 14, 23) porque está manifestando el amor trinitario de Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Promete también poner su morada, habitar en quien lo ama, no por su palabra, sino porque es palabra del Padre. Mientras que el Espíritu Santo recibe el nombre de Paráclito (abogado, intercesor), el que enseña, el que guía… el que nos acompañará siempre y nos recordará todo lo que Jesús dijo. (cf. Jn 14, 23-26)
Encontramos también una frase que escuchamos en cada Eucaristía “la paz les dejo, mi paz les doy” y una indicación estupendamente motivadora “no pierdan la paz ni se acobarden” (cf. Jn 14, 27) palabras llenas de poder y fortaleza para no decaer ante las adversidades.
Nos invita a la alegría porque Él está por regresar al Padre, mientras los discípulos deseaban, incluso de modo egoísta, que se quedara siempre con ellos (cf. Jn 14, 28). Me hace pensar en el duelo que vivimos cuando perdemos a alguien que amamos mucho, cuando muere un ser querido, pues si amamos de verdad a alguien debemos alegrarnos de que vaya con Dios Padre, y cuando esto suceda, no perder la fe, sino creer, porque el verdadero amor consiste en desear lo mejor de lo mejor a las personas que amamos.
Si tu has perdido a un ser amado, “no pierdas la paz ni te acobardes”, sino cree firmemente que ahora se encuentra en un lugar mejor. Confía en que no estarás solo, te acompañan sus recuerdos, sus consejos, sus vivencias, su esencia y algún día volverás a encontrarte con ese ser que te dio tantos momentos maravillosos de su vida. ¡Ánimo, alégrate y ten fe!