Este domingo recordamos que hemos recibido el mandamiento del amor, el Evangelio según San Juan lo presenta como “un mandamiento nuevo” (cf. Jn 13, 34). Uno porque se trata de tan solo un verbo: AMAR, tan sencillo y tan complejo que no hay otra manera de comprenderlo más que vivirlo, como Jesús, hasta dar la vida por los demás, por todos, no sólo por mis amigos.
Es un mandamiento porque viene dado con autoridad, por Aquel que tiene la autoridad para darlo precisamente porque lo vivió: “como yo los he amado” (cf. Jn 13, 34). Es nuevo, porque, a pesar de que ya estaba escrito en el Antiguo Testamento “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cf. Lv 19, 18), Jesús “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21, 5) porque Él da vida a la Palabra, le da plenitud, porque Él mismo es la Palabra hecha carne.
Pues a partir de Jesús tenemos un modelo a seguir, un ejemplo real de cómo amar, no solamente son tradiciones orales y letras escritas, es Jesús mismo quien nos enseñó cómo hacerlo, pues Él es el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14, 6).
Es la vivencia de este mandamiento lo que permitirá que se cumpla la visión de Juan en el Apocalipsis “un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía” (Ap 21, 1). El primer cielo y la primera tierra son la primera creación, en la que se originó la maldad por el egoísmo y la soberbia del ser humano. La nueva creación es la que surge con la resurrección, donde la vida es nueva y la muerte ha perdido la batalla por Aquel que fue capaz de donarse todo humildemente. El mar en la Sagrada Escritura es símbolo del mal, por lo que al escuchar que el mar ya no existirá debemos alegrarnos porque se refiere a que la maldad desapareció.
El mandamiento del amor no es una orden, no es un consejo, ni siquiera una obligación, es un regalo, pues en el Evangelio escuchamos “les doy…” (cf. Jn 13, 34). Es la puerta que nos abre la fe (Hech 14, 27), porque todo aquel que ama tiene como fuente a Cristo, y el amor es el signo esencial que nos identifica como cristianos, seguidores de Jesús, quien siempre hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5).