El cuarto domingo de Pascua, es conocido como el Domingo del Buen Pastor porque en este día el Evangelio según San Juan nos presenta esta bella imagen de Jesús que conoce, cuida, ama, guía, busca y llama a sus ovejas (cf. Jn 10, 27-30). Es también el día en que celebramos la Jornada Mundial por las Vocaciones porque las ovejas escuchan la voz de su Pastor y lo siguen.
Recuerdo cuando en un campamento vocacional al sur de Italia, un guía decía a los jóvenes que no fueran “pecore” que en español interpretamos como “borregos”, refiriéndose a no depender de nadie, a no seguir a nadie sino ser autónomos e independientes. Aquella vez y aún ahora sigo reflexionando ese comentario, pues, personalmente, la imagen de Jesús como mi Pastor me ha acompañado en todo mi proceso vocacional.
Así que me puse a investigar si oveja y borrego son lo mismo y sólo encontré que difieren en el sexo, pero son la misma especie. No así con los cabritos y las chivas, pues a diferencia de los borregos y ovejas que pastan pacíficamente en los prados, los cabritos y las chivas son curiosos y buscan su alimento en lugares donde a veces pueden meterse en problemas, son también un poquito más necios, mientras que las ovejas y borregos son más dóciles.
Entonces, me gustó la figura de la oveja y el borrego desde ese punto de vista que en la familia xaveriana llamamos docibilitas (docilidad) que es dejarse guiar, dejarse conducir, dejarse formar, dejarse acompañar poniendo plena confianza en el guía que nos dirige. Me dije a mi mismo, prefiero ser borrego que cabrito, pues incluso a mi mismo, cuando me ha tocado ser guía, me sigue fascinando encontrar a alguien que se deja conducir por Dios.
El mismo Jesús también fue oveja de Dios Padre y gracias a ello pudo ser el Buen Pastor, pues entiende perfectamente sobre obediencia, docilidad, confianza y amor pleno. Ser borrego del Buen Pastor, no tiene que ver con no tener la capacidad de ser independientes, sino con tener la capacidad de confiar plenamente en Aquel que nunca nos llevará a la perdición, sino que nos protege, nos busca, nos conoce por nombre y nos ama infinitamente. Más aún, si logramos escuchar su voz, tendremos la certeza de caminar hacia donde Él nos quiere llevar, que no es otro lugar que la plena felicidad donde nunca más nos perderemos.
Por cierto, también encontré que las ovejas, instintivamente tienden a formar un solo rebaño, es decir, son comunitarias. Yo también quiero ser parte de la comunidad del Buen Pastor, ser parte de la Familia de Dios donde todos somos hermanos hijos de un mismo Papá. Este y todos los días pongámonos en las manos de Dios como sus ovejas y sigamos pidiéndole que continúe llamando nuevos pastores capaces de guiar este rebaño, que es su Iglesia peregrina que camina hacia Él, el Buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre.




