La tercera vez que el resucitado se aparece a sus discípulos, nos dice el evangelio según San Juan (cf. Jn 21, 14), nos lleva a situarnos en el tercer domingo del tiempo pascual. Es interesante notar que Jesús aparece cuando sus discípulos están juntos, acompañando a Pedro que lidereaba el grupo para ir a pescar, pero no se trata sólo de pescar peces, recordemos que Jesús lo llamó a ser pescador de hombres (cf. Lc 5, 10).
La barca en la que se lanzan a pescar representa la Iglesia naciente, la ecclesia (asamblea, comunidad) dinámica que no se queda estática sino que “sale a pescar” motivada por su fe, y aunque no reconocen al Señor a primera vista, confían en su Palabra y vuelven a echar las redes hasta que logran encontrar peces. Ahí es cuando lo reconocen, pues recordaron en su corazón aquel momento en que Jesús les dijo que volvieran a echar las redes y pescarían abundantemente (cf. Lc 5, 1-11; Mc 1, 16-20; Mt 4, 18-22).
En los evangelios sinópticos este milagro sucedió cuando Jesús estaba con ellos, antes de su pasión, muerte y resurrección. En el evangelio según San Juan el milagro sucede cuando Jesús ha resucitado. Es un milagro porque las redes fueron lanzadas al amanecer, a la luz del día, cuando los peces pueden percibir las redes, una obra que racionalmente está destinada al fracaso, sin embargo, pescaron 153 peces.
El número 153 es particularmente simbólico, pues San Jerónimo (el patrón de los biblistas), llegó a afirmar que los zoólogos de su tiempo habían identificado 153 especies de peces, indicando la totalidad y efectividad del mensaje misionero de la Iglesia Universal.
Jesús resucitado es también reconocido en el momento de la comida (cf. Jn 21, 12), como con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 31), tomando el pan y repartiéndolo entre ellos. Entonces, como en la última cena (cf. Jn 13, 34), el amor vuelve a ser el protagonista principal, esto lo notamos en el diálogo que tiene Jesús con Pedro al preguntarle tres veces si en verdad lo ama, las mismas tres veces que Pedro lo había negado.
Así, si antes Pedro había dudado de Jesús llevándolo a negar que lo conocía, ahora lo reconoce tan bien que le responde con una frase hermosa que expresa la plena confianza en Dios: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo” (Jn 21, 17). Este amor y esta fe plena en Dios, nos mueven a continuar su proyecto de salvación aunque seamos llevados a donde no queramos: a dar la vida por el Evangelio; son los motores indispensables para poder escuchar la voz del Señor que nos dice: “Sígueme” (cf. Jn 21, 19).




