Homilía Dominical: «Aquí estoy, envíame» (Is 6,8)
Domingo mundial de las Misiones 2020
«Aquí estoy, envíame» (Is 6,8)
Estimado hermanos y hermanas, este domingo celebramos con mucha alegría el Domingo Mundial de las Misiones. En nuestro corazón resuenan las palabras que Jesús confió a sus discípulos reunidos antes de su partida al cielo, palabras que deben de ser asumidas como mandato, como testamento, como proyecto de vida también para cada uno de nosotros: "Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”. (Mt 28,16-20)
Estas palabras llegan nuevamente a nuestros oídos en un contexto particular, en medio de la zozobra y las dificultades que la pandemia esta sembrando en nuestro mundo. Ante el drama que estamos viviendo todos, estamos llamados “a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos…, y descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos» (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las misiones 2020). “En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder”. (Ibidem)
Hermanos, Dios es amor por eso es misión, porque el amor es ese ritmo doble del corazón, que atrae y envía, esos sístoles y diástoles que hacen del corazón un órgano vital y que da vida, así es Dios en su amor. Por ello, al creer en Él, “nos pide nuestra disponibilidad personal para ser enviados, porque Él es Amor en un movimiento perenne de misión, siempre saliendo de sí mismo para dar vida”. No puedes decir que crees en Dios sin este doble movimiento, sin asumir una misión en el mundo, mas aún ante este mundo tan convulsionado como el de hoy.
De la boca de este Dios-amor, de este Amor en un movimiento perenne de misión surge hoy, en nuestro contexto de pandemia, una pregunta que debe tocar tu corazón: «¿A quién voy a enviar?” (Is 6, 1.6-8) En este contexto tan particular, dice el papa, “la pregunta que Dios hace: «¿A quién voy a enviar?», se renueva y espera nuestra respuesta generosa y convencida: «¡Aquí estoy, envíame!» (Is 6,8). Dios continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal (cf. Mt 9,35-38; Lc 10,1-12)”. (Mensaje del papa, Domund 2020)
Recuerdo al origen de mi vocación, siendo aún niño, los misioneros xaverianos me hablaron de la situación de mis hermanos en Burundi, los cuales estaban viviendo el drama de la guerra tribal, de los genocidios y del odio racial. Ante este drama que se abrió a mis ojos, una pregunta surgió: ¿A quien enviaré? En mi corazón sentí ese doble movimiento, pues me sentía tan amado por Dios al haberme dado una familia de fe, al permitirme estar con más niños buscando su vocación, al estar vivo, sentía ese movimiento de un amor recibido de manera sobreabundante. En ese momento, al momento de mi llamada, sentí el “otro movimiento del corazón”, la diástole, esa apertura, ese salir de mi mismo que me llevó a desear, a amar y a decidir irme a la misión de Burundi, un movimiento perenne que sigue dándome vida, 19 años vividos en Burundi, toda mi vida entregada a ese Dios-amor, a ese Dios-misión.
Hermanos, en esta jornada mundial de misiones Cristo quiere “sacar a su Iglesia de sí misma”, nos quiere en los caminos de la misión, sin miedo, fortalecidos por la promesa de su presencia: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”. Que importante sentir esta fuerza que nos empuja, que nos saca, no como alguien que “nos echa fuera”, sino como alguien que nos acompaña en la misión. Hermanos preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vida del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios? ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones? (cf. Lc 1,38) Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: “Aquí estoy, Señor, envíame” (cf. Is 6,8).
La jornada mundial de las misiones nos interpela a todos. La oración, la reflexión y la ayuda material son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia. Y junto con ello, la mejor manera de responder a la pregunta de Jesús es entregando la vida por las misiones. Que Dios conceda a su Iglesia muchos misioneros y misioneras en esta jornada mundial de misiones, que tú y yo nos comprometamos a decir: “Aquí estoy, Señor, envíame”.

