
Homilía Dominical:¡No tengan Miedo!
XII Domingo Ordinario “A”
¡NO TENGAN MIEDO!
En el evangelio de hoy, continuación del que escuchamos la semana pasada, Jesús, después de haber elegido a los Doce y de enviarlos a predicar, los instruye, les advierte acerca de la persecución que posiblemente sufrirán y les aconseja cuál debe ser su actitud ante ello: “No tengan miedo”.
La misión no es fácil ciertamente. Recuerdo las palabras del Papa Juan Pablo II, al inicio de su pontificado, al inicio de esa misión tan importante que Dios le confiaba: “No tengan miedo. Abran, abran de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo. Sólo Él sabe lo que el hombre lleva dentro, sólo Él sabe lo que el hombre es”. Esas palabras también me ayudaron hace 20 años, cuando dejaba México para irme a trabajar a Burundi, en África, sabiendo que el país estaba en guerra civil, que llegaba a una comunidad xaveriana probada y en dificultades, siendo el primer mexicano en incorporarse a esa misión. “No tengas miedo, abre de par en par las puertas de tu corazón a Jesús”, me decía en ese tiempo, porque difícilmente se puede anunciar un mensaje tan alegre como el del Reino si el que lo anuncia vive atemorizado. Hoy somos nosotros los portadores de ese mensaje. Y nadie nos creerá si no nos ve vivir con alegría y confianza la misión. Quizá todos nosotros, al saber que Jesús nos envía a anunciarlo en este momento de nuestra historia, en esta nueva normalidad tan llena de incertidumbres, con la certeza de que seremos incomprendidos y golpeados, quizá también nosotros, como los apóstoles, necesitamos escuchar estas palabras de Jesús: “No tengan miedo”, necesitamos ser instruidos por él, como lo hizo con los discípulos. Porque el texto evangélico que escuchamos hoy (Mt 10,26-33), recoge las palabras que Jesús les dirige principalmente a ellos, a aquellos que han sido llamados por Jesús y lo han seguido, esos que han escuchado sus enseñanzas, a los cuales los envía ahora a la misión.
Centrándonos en el texto que nos presenta el evangelio en este domingo Jesús transmite a sus discípulos confianza y valor en la persecución, ante las dificultades de la misión. Es significativo que en tres ocasiones (Mt 10, 26.28.31) Mateo utiliza la expresión “no tengan miedo”. Son palabras de consuelo que Jesús dirige a sus discípulos para que superen el miedo y la angustia que trae consigo la persecución. A cada expresión a “no tener miedo” le acompaña una motivación para superar ese miedo. Me gustaría meditar en cada una de esas motivaciones:
1ª Motivación: Mt 10, 26-27: “No hay nada encubierto que no llegue a ser descubierto, ni oculto que no llegue a saberse…“ Una de las causas de nuestros miedos que nos paralizan es la incertidumbre, no saber el curso de las cosas, no conocer el origen de los males que nos acechan o el final de todos ellos. Esta pandemia nos lo ha hecho sentir tan claro, tan fuerte. Nuestro poco conocimiento de ella nos paraliza. Jesús nos invita a confiar en la sabiduría de Dios, en su presencia, en su acción, aún si parece “invisible”, inoperante. Jesús nos dirá que no perdamos la calma, que Dios es el justo juez y que Él sabrá hacer justicia. En los momentos más difíciles de la misión en Burundi, recuerdo esta confianza que me levantaba de la lona; “Rubén, Dios sabe el porqué de las cosas, animo, levántate y sigue anunciando”.
2ª Motivación: Mt 10, 28: “No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, temed más bien a Aquel…”. Esta frase de Jesús me hace pensar en esas personas valientes y libres, que no temieron a aquellos que amenazaban sus cuerpos, que torturaban o encarcelaban sus cuerpos. Pienso en Nelson Mandela, en Monseñor Romero o en tantos otros. A ellos, no les pudieron matar el alma y por eso hicieron tanto bien a la humanidad. Nadie puede encerrar nuestra mente, nuestro corazón, nuestra voluntad tras los cerrojos de las cárceles del mundo. Nada ni nadie nos puede frenar en nuestro camino hacia la plenitud en Cristo.
En estos días, las personas del grupo misión de esta casa, junto con alguno de los teólogos xaverianos, están repartiendo despensas a las familias en dificultad; ya van mas de 100 despensas; ellos van, sabiendo el riesgo del contagio, pero en ellos hay una fuerza interior que los mueve y los hace superar el miedo. Van porque Dios los acompaña, van porque nada ni nadie puede encerrar su alma.
3ª Motivación: Mt 10, 29-31: “Ustedes valen mucho más que muchos pajarillos”. Hay una certeza indispensable en el misionero: es la confianza en Dios y en su amor por nosotros. Jesús nos recuerda la confianza que los discípulos tienen que tener en Él, pues si para Dios todas las cosas son importantes, mucho más los hombres. Para ello Jesús recurre a una comparación: si el Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes y tiene contados hasta cada uno de nuestros cabellos, ¿cómo no va a ocuparse de ellos que son sus hijos queridos?, por eso les dice: “no teman, ustedes valen mucho más que muchos pajarillos”. (Mt 10, 31).
Hermanos, ante las adversidades, ante los comentarios destructivos contra lo que hacemos, ante las persecuciones, que lo único que nos interese sea ¿y qué opina Dios de mí?, ¿Qué piensa de lo que estoy haciendo? y yo, ¿cómo estoy ante Él? La misión la realizamos en su nombre y para su gloria, y lo que hacemos tiene valor, un valor extremo ante sus ojos. Muchas veces el misionero es calumniado, rechazado, pero para él lo único que cuenta es el valor que Dios le da a su misión, a su acción. Por eso Dios dice: no temas, porque yo te conozco, no temas porque yo sabré recompensarte. Vivir la misión en esta confianza, en este abandono: “Ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”.
“No tengan miedo” son palabras de Jesús que se repiten una y otra vez a lo largo de los evangelios. Creo que, en estos tiempos de pandemia, estas palabras se deberían repetir también hoy en la Iglesia, una y otra vez. Ante la misión que tenemos, ante los retos de la nueva normalidad y la urgencia de “exorcizar y curar” nuestra sociedad enferma, estas palabras de Jesús deberían repetirse una y otra vez. Es cierto que la vida está llena de experiencias negativas y que la fe no ofrece recetas mágicas para resolver los problemas, pero también es verdad que la fe en Dios, a muchas personas, en muchos momentos difíciles de su vida, les ha ayudado a saber sobrellevar esas situaciones, esos miedos, esas dificultades, esas incertidumbres…, porque han escuchado a ese Dios y se han fiado de Él cuando nos invita a “no tener miedo”, porque esta fe en Dios no lleva a la evasión o la pasividad sino que nos transmite coraje para tomar decisiones y asumir responsabilidades. Citando a un Biblista español, José Antonio Pagola, concluyo mi reflexión: “Esta fe en Dios nos conduce a afrontar riesgos y a aceptar sacrificios. Lo propio del verdadero creyente no es la cobardía y la resignación, sino la audacia y la creatividad”.
Que Dios haga de nosotros misioneros audaces y creativos, conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas y fortalecidos por la fe en quien todo lo puede, el cual está dispuesto a dar hasta su propio hijo para salvarnos.

