
Homilía Dominical: "No sólo de pan vive el hombre"
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
“NO SOLO DE PAN…”
(Mt 4, 1-11)
Después del bautismo en el Jordán Jesús “fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio”. Este evangelio, llamado de ‘las tentaciones’ de Jesús, caracteriza el primer domingo del tiempo de Cuaresma para ambientarnos en su espíritu propio de recogimiento, silencio, ayuno, oración, penitencia y conversión en preparación al “gran misterio pascual”. El desierto, en efecto, es lugar de privaciones, silencio y soledad; pero, lo es también de conversión y de grandes revelaciones. Por cierto, la superación de las tentaciones diabólicas, por parte de Jesús, revelará, a todo el mundo, su verdadera naturaleza mesiánica.
Las tentaciones de Jesús reproducen, también, la ‘dinámica existencial’ de todo creyente quien, a su vez, debe enfrentarse a numerosas ‘pruebas’ para permanecer firme en su fe y en la obediencia al Padre. El Evangelio, al hablarnos de esto, nos presenta a un Jesús que derrota a Satanás enseñándonos, así, a librarnos de él. La simultaneidad del Espíritu y de la fuerza diabólica del mal evidencia las realidades presentes en las tentaciones de Jesús y en las nuestras. Para enfrentarnos al demonio, por tanto, hay que prepararse y Jesús nos enseña cómo, ‘ayunando cuarenta días y cuarenta noches…’. Se trata, desde luego, del tiempo cuaresmal.
Cuarenta días y cuarenta noches.
El evangelista Mateo, relatándonos el episodio de las ‘tentaciones’ de Jesús en el desierto, nos dice que pasó “cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre”. No cabe duda que el número ‘cuarenta’ es funcional. En efecto, Mateo quiere hacer referencia a los ‘cuarenta años’ del éxodo del pueblo de Dios en el desierto, lugar donde Israel se convirtió en pueblo de Dios, superando dificultades y pruebas, y a los ‘cuarenta días y noches’ de Moisés en el monte Sinaí. En los dos casos son tiempos oportunos de ‘escucha’ de la palabra de Dios, de oración, ayuno y ‘prueba’. El todo es para favorecernos, hoy, el encuentro pascual con el Señor. Al igual que toda elección humana también la de Jesús pasa por la prueba. Lo de haberse quedado sin comer tanto tiempo bien prepara, por cierto, la naturaleza de la primera prueba de Jesús.
La primera tentación es la del ‘caudillismo económico’.
Los políticos, hoy en día, quieren conquistar adeptos para sus partidos por el camino de la mejora económica. Satanás, valiéndose de su astucia y colmillo, hace lo mismo con Jesús. En efecto, en alternativa a la conquista de adeptos por el camino de la cruz, le propone el de las ventajas económicas. Transformando las piedras en ‘panes’, o sea, solucionándole, a todo mundo, el problema de la comida, Jesús iba a lograr más fácilmente la conversión del pueblo a su causa y a evitar el ‘escándalo’ de la cruz.
El evangelista, por cierto, bien relata esta primera prueba citando las palabras del tentador: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. La respuesta de Jesús, contundente y determinada, no se hizo esperar: “Está escrito ‘No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios’…”. Con la ayuda de la Escritura retacha la prueba de Satanás evidenciando la prioridad de la voluntad del proyecto mesiánico del Padre. No son las promesas engañosas y efímeras de bienes materiales el camino que el Padre ha trazado para la realización del mesianismo de Jesús, sino, el cumplimiento de su voluntad.
La segunda tentación es la del caudillismo religioso.
El camino de la cruz, según la manera de pensar de Satanás, no es el más adecuado para seducir al pueblo. Por segunda vez, por tanto, intenta disuadir a Jesús. De hecho, nos dice el evangelista que: “El diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo, ‘Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito ‘Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos’…”. En esta ocasión, por cierto, lo somete a otra prueba proponiéndole la vía de los ‘prodigios apabullantes’ y de los ‘milagros espectaculares’. Sin embargo, también en esta ocasión, Jesús no cede y se niega a tentar a Dios: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.
La tercera tentación es la del caudillismo político.
El diablo, no logrando éxito, intenta el camino de la insinuación. En efecto, siembra dudas, en Jesús, acerca de la bondad del proyecto del Padre. Lo lleva, por tanto, a un ‘monte muy alto’ y le ofrece poder y gloria. En seguida, le pide que renuncie a adorar a Dios inclinándose hacia él: “Lo llevó a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo”. Cierto que con el poder es más fácil conquistar al pueblo, el diablo le dice a Jesús: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Jesús, por tercera vez, se resiste a las seducciones diabólicas y replica, enfadado: “Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y a él sólo servirás”.
A este punto, el evangelio señala el cambio de escenario. En lugar del diablo, en signo de triunfo y victoria final de Jesús, aparecen los ángeles: “Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle”.
Conclusión.
El texto evangélico de hoy, puesto al comienzo del tiempo cuaresmal, nos introduce perfectamente en su espíritu de conversión, oración y penitencia, cuya práctica nos fortalecerá para luchar contra el mal y permanecer fieles al Señor. Imitando a Jesús, tendremos fuerza suficiente para superar nuestras pruebas sin olvidar, pero, que el maligno, ‘como león rugiente’, nunca dejará de someternos con el fin de alejarnos de Dios y traicionar la fe. Perder la fe, por cierto, es la verdadera ‘tentación’, a la que se hace referencia, también, en la oración del ‘Padre Nuestro’: “Padre nuestro… no nos dejes caer en la tentación”.
La tentación de abandonar el mesianismo de la cruz, que encontramos en el trasfondo de las tres tentaciones del evangelio de hoy, por otro de gloria, poder y autosuficiencia humana, no ha sido vencido totalmente. Efectivamente, es la Iglesia la que, hoy, podría caer en ella, optando por un mesianismo rico, poderoso y espectacular.
Papa Benedicto XVI, comentando el evangelio del primer domingo de cuaresma, con la profundidad de pensamiento, que lo caracteriza, dice que ‘subraya nuestra condición de hombre en esta tierra’. Aplicando el evangelio a nosotros, reconoce que: “La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida”. Refiriéndose al mismo texto, agrega: “Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha ‘contra los Dominadores de este mundo tenebroso’ (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor”. Y termina su comentario diciendo: “Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal”.

