Homilía Dominical: ¡Bautizados y enviados!
Queridos hermanos, la liturgia de este domingo nos invita a unirnos a toda la Iglesia que recuerda y celebra la misión que Dios le ha confiado antes de subir al cielo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” (Mc 16,15-18). Hoy celebramos la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) y el papa Francisco nos ha pedido vivirlo de manera extraordinaria porque “hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado” (Mensaje del Papa Francisco para le DOMUND 2019).
En la segunda lectura (Rm 10,9-18) propuesta para la Jornada Mundial de Misiones, San Pablo nos invita a descubrir la belleza de la Iglesia y alegrarnos con ella: ¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes el mensajero que trae buenas noticias”! En esta jornada estamos llamados a contemplar la belleza de nuestra Iglesia, y si hablamos de belleza no me refiero a la arquitectura de sus templos, al arte de sus cuadros ni a la solemnidad de sus celebraciones, no, eso no es lo que hace a la Iglesia bella. La belleza de la Iglesia esta en su acción misionera, en los pies de los misioneros que recorren los caminos del mundo llevando el Evangelio a los que no los conocen, como nos dice la segunda lectura: Que hermoso es descubrir a esos cristianos, religiosos o laicos que enseñan en los lugares más remotos de los países, que atienden hospitales y centros de salud, que atienden a los pobres, a los presos, a los marginados, ahí donde no se trabaja bajo la lógica del dinero sino de la caridad, y que recorren países de todo el mundo para vivir y proclamar su fe. La belleza de la Iglesia se encuentra en los caminos del mundo, cuando la Iglesia vive en “operación salida”, como nos dice el papa Francisco. Cuando la Iglesia sabe superar esa tentación de la auto-referencialidad (EG 27-33) y no vive centrada en sus problemas sino centrada en Cristo misionero del Padre y en la acción en favor de los que no lo conocen, cuando la Iglesia vive en lógica de salida, acercándose a esas periferias existenciales de la humanidad, así la Iglesia se hace bella, hermosa. Esta afirmación de San Pablo me hace recordar la Iglesia del Burundi, en África, donde viví 18 años, una Iglesia joven, dinámica, alegre, feliz de su fe aún si ha pasado por momentos de prueba, pero sólida y consciente que llegó el momento de compartir esa fe con todo el mundo. Una Iglesia, como muchas en África y también en Asia, comprometidas con la misión ad gentes; Iglesias que envían continuamente misioneros en los caminos de la misión en el mundo entero.
“La Iglesia, nos dice el papa Francisco, está en misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra (cf. Mi 5,3; Mt 28,19; Hch 1,8; Rm 10,18). Una Iglesia en salida hasta los últimos confines…” (Mensaje del Papa Francisco para le DOMUND 2019). Esa es la belleza de la Iglesia que hoy estamos llamados a contemplar, una Iglesia en salida hasta los últimos confines de la Tierra. Contemplemos y demos gracias a nuestro Señor que nos ha confiado esa misión por su grande amor y misericordia, una misión que nos embellece, que embellece a la Iglesia. ¡Que hermoso es ver correr sobre los montes el mensajero que trae buenas noticias”!
Vivamos también esta jornada para reflexionar sobre esa misma misión y por qué no, también para cuestionarnos y hacer pasos de conversión. “Una Iglesia en salida hasta los últimos confines exige una conversión misionera constante y permanente”, nos dice el papa en su mensaje. De hecho, el Evangelio de hoy nos hace una pregunta muy fuerte: “Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrara fe sobre la tierra?” (Lc 18,8). Al regresar después de 18 años de misión en África y ver la realidad de nuestro México, en un tiempo creyente y devoto, esta pregunta me interpela; me golpea el corazón. Todos nosotros en nuestro credo afirmamos que Jesús “vendrá de nuevo con gloria para juzgar a vivos y muertos…” (credo niceo-constantinopolitano), en la misa proclamamos que esperamos su advenimiento glorioso…; entonces mientras esperamos, esta pregunta nos debe calar hasta lo mas profundo porque amamos a Jesús y él quiere que todos reciban el fruto de su redención. El Papa nos dice algo hermoso en su mensaje: “Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios”. (Mensaje del Papa Francisco para le DOMUND 2019).
Al escuchar estas palabras ciertas del Papa, que nos invitan a recuperar nuestra identidad de bautizados y por lo tanto de enviados, las preguntas que escuchamos en la segunda lectura, se levantan y resuenan en nuestros corazones como un llamado a vivir de este amor que nos pone en movimiento y que nos pide dar respuestas concretas y comprometidas. Nos dice el Señor en la segunda lectura: "Pero ¿cómo invocarán al Señor sin haber creído en él? Y ¿cómo podrán creer si no han oído hablar de él? Y ¿cómo oirán si no hay quien lo proclame? Y ¿cómo lo proclamarán si no son enviados? Como dice la Escritura: Qué bueno es ver los pasos de los que traen buenas noticias." (Rm 10, 14-15).
Cuando tenía once años, recuerdo que esas preguntas entraron con una fuerza increíble en mi corazón y dije, Señor envíame a mi, yo seré una de esas personas que proclamarán tu Palabra lejos, en África y que embellecen tu Iglesia; que en ese lugar mis hermanos escuchen hablar de ti; envíame pues a mi.
Quisiera concluir, nuevamente tomando las palabras del Papa para esta jornada, palabras que deben resonar en el corazón de cada uno de nosotros: “También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local. Ellos son enviados a las gentes en el mundo que aún no está transfigurado por los sacramentos de Jesucristo y de su santa Iglesia.” (Mensaje del Papa Francisco para le DOMUND 2019). También hoy, hermanos, y quizá sobre todo hoy, cuando la Iglesia esta siendo tan cuestionada, necesitamos mostrar lo mas bello de ella, su carácter misionero. Hermanos, comprometámonos con esta “belleza” de la Iglesia que es su misión en el mundo entero.

