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15 Febrero 2026
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La Palabra

VI Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A
P. Rubén A. Macías Sapien SX

“… le será dado lo que él escoja…”

Mt 5, 20-22. 27-28. 33-37

Hermanos, hermanas, iniciamos esta semana poniendo nuestra atención en lo que Dios nos ofrece. El próximo miércoles comenzaremos el tiempo de gracia de la Cuaresma, “tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”, nos dice el papa León en su mensaje de este año; y añade: “Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu”.

En este domingo previo a la Cuaresma estamos invitados a acoger con “docilidad de espíritu” las palabras fuertes de la Sagrada Escritura. Son palabras que incomodan a una sociedad “alérgica” a las normas y mandamientos, pero que al mismo tiempo sufre por el relativismo y el caos de una vida sin moral y sin Dios. Estas lecturas nos proponen ideales exigentes que parecen difíciles, pero reflejan con claridad nuestra realidad mexicana: violencia, corrupción y falta de respeto a la dignidad humana. Sin Dios, como decía Thomas Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre” (Homo homini lupus).

Dejemos resonar la disyuntiva de la primera lectura: “Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya. El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua, extiende la mano a lo que quieras… delante del hombre está la muerte y la vida. Le será dado lo que él escoja”.

Nuestra sociedad, antes abierta a Dios y a su ley del amor, parece haber optado por no escuchar ese mandamiento de fraternidad. Somos testigos de cómo la violencia domina nuestras calles, la corrupción envenena instituciones y la muerte parece regir nuestras vidas. “Le será dado lo que él escoja”. ¿Qué hemos escogido?

La realidad nos hace pensar que muchos han optado por la muerte. Hoy Jesús nos llama a volver al camino de la vida, a asumir de nuevo los mandamientos de Dios y a aprovechar este tiempo de Cuaresma como verdadero camino de conversión. Como dice el papa León, Jesús “nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida”.

Jesús propone la perfección del amor: un amor cuya única medida es no tener medida. No se trata solo de cumplir una lista de prohibiciones, sino de vivir los mandamientos en plenitud, elevando la calidad de nuestras relaciones y la pureza de nuestras intenciones. Es poner a Dios-Amor en el centro.

Por eso afirma que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no respetamos al prójimo, hasta el punto de no ofenderlo: «Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda… y vete primero a reconciliarte» (vv. 23-24). No basta no matar; hay que erradicar la raíz del desprecio. Quien vive del amor no insulta ni cultiva animosidad en su corazón.

En la relación entre un hombre y una mujer, tampoco puede haber egoísmo ni utilización; lo que une verdaderamente es el amor entendido como entrega y búsqueda del bien del otro, incluso renunciando al propio interés.

Ante nuestros compromisos y palabras, Dios quiere sinceridad y veracidad, sin invocar innecesariamente su nombre para justificarnos. Si viviéramos siempre en la verdad, bastaría nuestra palabra.

Jesús no busca simplemente un mundo mejor, sino un mundo nuevo: el Reino de Dios. No se alcanza solo cumpliendo normas, sino dejando que Dios nos dé una vida nueva y optando por la plenitud del amor. No basta evitar el mal exterior; hay que desterrarlo del corazón.

Además, Jesús da importancia no solo a cumplir la Ley, sino a enseñarla. El discípulo debe ser misionero y testigo: vivir primero la revelación y transmitirla a otros, siendo sal y luz del mundo.

Hermanos, que esta semana sea vivida en la lógica del amor, cumpliendo de modo pleno los mandamientos, sobre todo el del amor. “Pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados”. Optemos por la vida y crezcamos en nuestra dignidad de hijos de Dios. No nos conformemos con una sociedad que parece haber optado por la muerte. Seamos auténticos discípulos-misioneros de Cristo que viven y enseñan los mandamientos que dan vida. ¡Elige!

P. Rubén Antonio Macías Sapien sx

Misionero xaveriano

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