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1 Febrero 2026
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La Palabra

IV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A
P. Rubén A. Macias Sapién SX

“Dichosos...”

Mt 5, 1-12a

Estimados hermanos y hermanas, la palabra de Dios nos presenta hoy una página por todos conocidos, es el evangelio de las bienaventuranzas (Mt 5,1-12). Es uno de los relatos más ricos de todo el Evangelio, porque es el inicio de la predicación de Jesús sobre el Reino, en donde lejanamente a lo que mucha gente piensa, este relato no describe ideales inalcanzables, sino más bien un estilo de vida bien concreto. Estas afirmaciones resumen la vida nueva que Jesús viene a proponernos, una vida nueva a vivir desde ahora, en nuestro caminar por este mundo. Las bienaventuranzas no son la futura recompensa de Dios para quien se hubiese portado bien y se hubiese esforzado por llevar una vida ordenada aquí en este mundo; una felicidad, pues, que se alcanzaría en el más allá.

Jesús nos propone una felicidad diferente a la que nos ofrece el mundo, ciertamente. Es una felicidad real según la cual Jesús nos muestra de cuadro completo la vida en el Reino de los Cielos. Más aún, Jesús redefine lo que realmente quiere decir ‘ser feliz’, pues mientras que el mundo piensa que es la riqueza lo que nos da la felicidad, Jesús nos dice que es la pobreza de corazón; cuando el mundo nos propone el poder, la vanagloria y la abundancia, Jesús nos invita a la humildad. Ahí encontraremos la verdadera felicidad.

Pero Jesús no solo propone un ideal de vida, de hecho, al anunciar las bienaventuranzas, Jesús habla de sí, y nos dice que él es feliz y dichoso porque es el Hijo amado de Dios Padre; y que esa dicha la quiere compartir con todos, está abierta a todos de manera incondicional. Todos pueden experimentar la misma dicha, también y especialmente aquellos que, según la mentalidad tradicional, estaban excluidos de ella: los pobres, los que sufren, los tristes, porque siendo sinceros, la felicidad que propone el mundo es por naturaleza excluyente, solo unos pocos pueden ser felices según sus patrones, es una felicidad aún más irreal. Jesús te propone, pues, un camino real, objetivo de felicidad, en donde nada te impide alcanzar dicha felicidad. ¡Haz la prueba!

Si quieres ser feliz comienza, nos dice Jesús, despojándote, y liberándote de la fiebre posesiva; hazte pobre, simplifícate, elimina lo superfluo. La pobreza voluntaria, es decir, la renuncia al uso egoísta de los bienes que se poseen, no es solo asunto de unos cuantos, por vocación, haz la prueba y libérate del estrés del poseer. Esta bienaventuranza no es un mensaje de resignación, sino de esperanza. Cuantos pobres y necesitados en el mundo podrían ser beneficiados si muchos «pobres de espíritu», pusieran las riquezas que han recibido de Dios a disposición y servicio de los hermanos, así como lo hace el mismo Dios.

Si quieres ser feliz procura tener un corazón manso, suave y bondadoso. Toma la decisión de pensar mucho más en lo positivo y bueno que tienen los demás que en sus zonas oscuras. Acostúmbrate a hablar siempre bien de ellos. ¡Cuánta paz encontraría esta nuestra tierra, estas nuestras relaciones, nuestro hábitat!

Si quieres ser feliz, acostúmbrate a llorar con quien llora, a reír con quien ríe. Aprende de los niños. Aprende de los santos. Y sonríe, aunque no tengas ganas. Sobre todo, sonríe aquel día que tengas que decir algo amargo. El Reino se hace presente cuando aparecen personas solidarias, empáticas a nuestro alrededor.

Si quieres ser feliz, no te permitas ser injusto, ni en tu pensamiento, ni en tu lengua, ni con tus manos, ni con tus silencios cómplices. Luego, también exígelo a los otros. Si quieres ser feliz cree descaradamente en el prójimo y convéncete de que es preferible ser engañado una vez por él a pasarte toda la vida desconfiando de todos. Aprende a comprender, y aprenderás el camino del perdón.

Si quieres ser feliz limpia tu corazón a menudo esclavo de tus bajos instintos, de malas ideas, de la tristeza, de la ira, de prejuicios… Recuerda en todo momento que tienes alma y aliméntala bien, por lo menos tanto como al cuerpo. Los puros de corazón son bienaventurados porque tienen un comportamiento que está en consonancia con la voluntad de Dios.

Si quieres ser feliz trabaja por la paz. No seas ajeno a los conflictos de tu alrededor. Trata de evitarlos o hacerlos desaparecer ciertamente. En la Biblia, la palabra ‘paz’ (shalom) no significa solamente ausencia de guerra. Indica un bienestar total; implica la armonía con Dios, con los demás y con uno mismo; la prosperidad, la justicia, la salud, la alegría. Los “constructores de paz” son aquellos que se empeñan en hacer que esta vida rebosante de bienes se derrame también sobre excluidos y marginados. Estos “pacificadores” serán considerados hijos de Dios.

En fin, si quieres ser feliz, atrévete a creer en algo muy serio. Lucha por ello. Sigue luchando cuando te canses. Sigue de nuevo aun cuando los demás se cansen y te dejen solo. Piensa en lo que Dios querría de ti. Vive siempre de tus valores y pon a Dios como el principal, el origen y fuente de ellos y entonces, no solo tú experimentarás felicidad, sino que serás germen de felicidad a tu alrededor.

Hermanos, hermanas, hoy en día, como en los tiempos de Jesús, el mundo necesita subir a la montaña con Jesús y abrirse a su propuesta de felicidad; nosotros necesitamos convencernos de ese camino y asumirlo con seriedad y compromiso.  Sigamos adelante en nuestra vida cristiana y asumamos poco a poco el estilo de vida que Jesús nos propone recordando que el camino de la felicidad comienza contra corriente, y que el Reino de Dios es de los que luchan.

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

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