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28 Diciembre 2025
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La Palabra

Fiesta de la Sagrada Familia (octava de Navidad) - Ciclo A
P. Rubén A. Macias Sapién SX

“… y Dios optó por vivir en y por la familia…”

Mt 2, 13-15. 19-23

Antes de comenzar nuestra meditación sobre el misterio que hoy celebramos, permítanme manifestarles mis mejores deseos y una profunda felicitación por esta Navidad. Les deseo una felicidad centrada en Jesucristo, nacido en sus corazones. ¡Feliz Navidad a todos!

Hoy, a pocos días de la Navidad, la liturgia nos invita a celebrar la Sagrada Familia, porque Dios, al iniciar su proyecto de salvación, hizo una opción: confiar su proyecto a una familia, la Familia de Nazareth. Esta fiesta nos permite cada año asomarnos a la familia conformada por Jesús, María y José, y desde ellos poder situarnos para saber mirar y acompañar a las familias en la actualidad, saber mirar y redescubrir la misión de nuestras familias. Para nosotros cristianos, la Sagrada Familia es singular e irrepetible, pero al mismo tiempo es «modelo de vida» para toda familia. No se trata de imitar todo lo que ellos vivieron y como lo vivieron, sino de descubrir aquellos valores que hoy son indispensables para vivir la felicidad que ellos vivieron y cumplir la misión que nuestras familias hoy tienen, así como ellos la cumplieron: ser instrumentos para la realización del proyecto de Dios en Jesucristo, el hijo que les fue confiado.

Ciertamente, no podemos olvidar el contexto y la realidad judía que vivieron nuestros protagonistas, pero leyendo el evangelio de hoy, me pregunto si no es la misma realidad que muchas de nuestras familias en México estamos viviendo; José tuvo que tomar a su familia y huir a Egipto “porque Herodes buscaba al niño para matarlo”; vivió migrante, desplazado por la violencia; al regresar no pudo llegar con los suyos, tuvo que recomenzar en otro lugar por “miedo” ante “Arquelao” que dominaba su zona y tuvo que ir a Galilea, a Nazareth intentando encontrar posibilidades de existencia. Cómo me recuerda a familias que tienen que huir por el cobro de piso, ir y emigrar a otras ciudades por cuestiones laborales o de inseguridad. ¡Cuánto se parecen nuestras familias a la familia de Nazareth!

Pero ante esto, la familia de Nazareth se nos presenta como modelo, no por la realidad externa que los rodeaba, como a las nuestras, sino por la manera como asumieron todo esto y permanecieron fieles a su misión, es en ello donde debemos encontrar enseñanza y compromiso. En este sentido, lo que podemos aprender de la Sagrada Familia para las familias de hoy es esa manera de acoger lo recibido, en su contexto y su realidad social, y transformarlo de manera positiva y siempre de cara a su misión, que es la misma misión de Jesús: el anuncio del Reino y sus valores. Lo que Jesús ha podido beber en el seno familiar le ayudó a transmitir la Buena Noticia, lo que aprendió con María y José ha configurado su carácter y su manera de situarse en el mundo y en aquella sociedad judía del siglo I y poder llevar adelante su misión de amor, de fraternidad, de fe, en fin, del anuncio del Reino.

He aquí la enseñanza para nuestro tiempo, la familia conformada por Jesús, José y María vivían a partir de algo más grande que les trascendía: José se muestra obediente a Dios y su plan que le es revelado en sueños; María asume la misión de ser la Madre de Dios que el ángel le pide; Jesús acepta vivir sometido a sus padres mientras crecía en gracia y sabiduría. En cualquier caso, es una familia abierta a algo más grande, abierta al plan de Dios, no viven solo para sí mismos, como veleta mecida por los acontecimientos, incluso dolorosos, viven dándole a Dios su lugar y asumiendo la misión que Dios les confía.

A partir de lo dicho, resalto, pues, tres puntos a meditar:

  1. a) La centralidad de la misión de Jesús en la Sagrada Familia. José y María viven de hoy en adelante en función de este niño y del proyecto que en él se debe cumplir. Todo es interpretado en función a ese proyecto. Lo demás cae: la vida del hombre justo, José, su buena fama en su pueblo, su profesión, su familia, todo cae para darle vida y seguridad a Jesús; igualmente María, de una vida pacifica, ahora son “migrantes”, reducidos a la pobreza y dificultades del expatriado. Pero eso no importa, ahora hay que darle vida a Jesús, su hijo para que él crezca y lleve a cumplimiento su misión.
  2. b) “La libertad” y “obediencia al Espíritu” de esta familia que las lleva a vivir “en movimiento”. José y María están dispuestos a dejar todo, incluso la paz de sus familias, hogares, patria, para proteger lo que se les ha confiado: su Niño Jesús.  Están dispuestos a desplazarse, en huir hacia un lugar y otro, siempre escuchando la voluntad de Dios, en los sueños, en los signos que Dios les va indicando; sabiendo leer los acontecimientos, incluso políticos, históricos, sociales, para poder corresponder a la voluntad de Dios. Siempre en esta actitud de obediencia, “pronta y generosa”.
  3. c) Todo es interpretado según la voluntad de Dios, todo, incluso la injusticia de ser migrante, de huir, de ser perseguidos, todo es leído en función de un proyecto de Dios a realizarse. En esta Sagrada Familia no se guardan odios, resentimientos, frustraciones, sentimientos de persecución o de odios contra quien sea. Jesús crece sin complejos ni resentimientos, así vemos a José y María. Ellos saben leer todo desde el proyecto de Dios, incluso las adversidades. Es interesante como san Mateo lee cada desplazamiento y contrariedad, diciendo continuamente: “Así se cumplió lo que habían dicho los profetas…”

Hermanos, en esta festividad después de la Navidad, dedicada a la Sagrada familia, reconozcamos y hagamos nuestro ese “tiempo de silencio en Nazaret”, donde Jesús crece, vive y madura como persona humana, en el entorno de la familia, donde Jesús es el centro. Hijo de un carpintero José y de su madre María, que seguirán sus pasos en la intimidad del hogar, y posteriormente en su vida pública. Nuestras familias tienen que ser “Cristo-céntricas”, al ejemplo de José y María, y no solo un lugar donde vivimos, crecemos y adquirimos capacidades, sino un lugar donde Cristo es el centro y, dándole su centralidad, crecemos junto con él, adquiriendo todas esas cualidades que la primera y segunda lectura describen, en suma, sintiéndonos parte del mismo proyecto.

Démosle nuevamente importancia a la educación de los hijos, cueste lo que cueste, como lo hicieron José y María con Jesús. Nuestra sociedad no podrá recuperar paz, justicia, respeto si no retomamos la misión de educar esos valores en nuestro “Nazaret”. Jesús vivió la realidad cotidiana de la familia, de los cuidados paternos, del aprendizaje, del calor y cariño de los suyos, y se forjó para su futura misión de ser portador del amor del Padre para todos los hombres. La Sagrada Familia es la escuela de la nueva humanidad que Jesús quiere que formemos para nuestra sociedad. Hagamos, pues, que nuestras familias sean esos signos reales y palpables de una nueva humanidad salvada por Jesucristo.

Es cierto, estamos viviendo tiempos difíciles para la familia; como en tiempos de Jesús, debemos saber mantener nuestra paz y enfrentar los embates de los “Herodes” de hoy, ante las ideologías perversas que atentan contra la familia, exactamente como en la Sagrada Familia, pero aprendamos de ellos; nuestra “ocupación” y “atención” no debe ser Herodes, sino estar atentos y escuchar la voluntad de Dios, “movernos”, “desplazarnos”, renunciar a lo que tengamos que renunciar para poder cumplir la voluntad de Dios, es decir educar todos esos valores del Reino y llevar a delante su proyecto de salvación en Jesús desde la familia.

Que Dios bendiga a todas las familias cristianas del mundo. Que Dios bendiga tu familia, una familia “Cristo céntrica”, libre y obediente y dispuesta “al movimiento”.

P. Rubén Antonio Macías Sapién sx

Misionero Xaveriano

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