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21 Diciembre 2025
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La Palabra

IV Domingo de Adviento - Ciclo A
P. Rubén A. Macias Sapién SX

“… y tú le pondrás el nombre de Jesús”

Mt 1, 18-24

Hermanos, hermanas, hemos llegado al cuarto domingo de Adviento; así es, con tanta rapidez, quizá hasta sin darnos cuenta. Además, este año, la cuarta semana de Adviento será cortita. El miércoles por la tarde celebraremos ya Nochebuena casi al imprevisto y el jueves, la Navidad. Pero aún hay tiempo para prepararnos como Dios se merece. Las lecturas de este domingo nos pueden ayudar, y mucho.

De hecho, a lo largo de este Adviento se nos ha recordado que esta es una etapa de conversión que no debemos desaprovechar. Los caminos han de ser allanados para recibir al Gran Señor. Semana con semana la liturgia nos ha presentado modelos bíblicos que se prepararon para recibir al Señor, esta semana la liturgia nos invita a dejarnos iluminar por aquellos que han vivido como nadie tan de cerca la llega de Jesús: María y José, dos jóvenes piadosos israelitas, con proyectos y una vida por delante, que son “visitados” por el Ángel y son invitados a dejar a un lado sus proyectos para asociarse al proyecto de Dios, para hacerlo suyo, y “ponerle nombre” al niño que está por nacer. ¡He ahí ya toda una provocación para nosotros!

María se confía a la palabra del ángel y acepta en su seno al Salvador, aun si con ello se ponía en discusión toda su vida, todo el proyecto que su familia y ella tenían, pues estaba “desposada con José”, nos dice Mateo en el evangelio. María asume el proyecto de Dios y se abandona a su gracia: “Hágase en mí según tu palabra”.

José, “su esposo, que era hombre justo”, como lo describe Mateo, movido por la fe, hace su parte. Acepta el proyecto de Dios, revelado por el ángel del Señor, recibe a María y le pone un nombre al niño que está por nacer. Hay dos cosas que me llaman la atención de José y que son para mí, un ejemplo concreto a imitar en nuestro esfuerzo por recibir al niño-Dios que nos nace: Su justicia y su obediencia.

El relato de hoy nos habla de José, “un hombre justo”, el cual, al considerar la situación embarazosa de María, pretende abandonarla en secreto. Según la ley y la justicia judía, ella tendría que ser castigada, repudiada, pero José quiere salvar a María de toda tragedia. La justicia de José pone en primer lugar a la persona de María; no la juzga, no la rechaza, no la condena. En “su justicia”, la persona y su dignidad están primero, más allá de la ley. ¡Qué hermoso ejemplo a imitar en estos días turbulentos de nuestra sociedad mexicana!

Segundo, su obediencia comprometida. José, habiendo escuchado, discernido e interpretado la voluntad de Dios, se pone en acción y, sin dudar, actúa, se compromete. José comprendió que Dios le pide ser compañero, acompañante y coprotagonista de la historia más fabulosa que le ha ocurrido al ser humano: que el Dios poderoso tomara carne en el seno virginal de María y que él mismo, al ponerle nombre, tenía que ayudar al Niño Dios a dar los primeros pasos por la vida. Y, tan pronto como despertó del sueño, fue a ver a María y ella supo enseguida que Dios le había hablado. Y ambos, marcharon a su casa, para iniciar una nueva vida en común. José recibe a María y le “pone” al niño el nombre de Jesús (Yeshúa), un nombre eminentemente bíblico, que significa “Dios Salva”. José, descendiente de David, esposo legal de María, al imponer el nombre a Jesús se convierte legalmente en su padre, con lo cual lo inserta en su genealogía davídica. De este modo, Jesús es hijo de David a través de José, y es también el Mesías. Así se cumple igualmente la profecía de Isaías (7,14) de que el Mesías nacería de una virgen y el plan de Dios se realiza de modo pleno. José acepta el proyecto de Dios y lo actúa; al dar el nombre a Jesús acepta su paternidad, según la tradición, se compromete con el proyecto de Dios y le da cumplimiento.

Recopilando estas dos acciones descubrimos la grandeza de José y la invitación a hacer lo mismo, José “se llevó a casa a su esposa” y “le puso el nombre” a Jesús.

He ahí la invitación de este domingo, “llevémonos a María a nuestra casa”, démosle morada para que haga nacer en nuestras familias a Jesús, y “démosle nombre”, es decir, asumamos la “paternidad”, el compromiso de hacerlo vivo, hacerlo crecer, hacerlo nuestro. Como José, tú también, deja a un lado tus proyectos y asume con plena responsabilidad el proyecto de Dios. En esta semana seguiremos viviendo las tradicionales posadas cristianas, en ellas “recibimos a María y a José”, ese es su verdadero sentido, entonces vívelas así, no solo como una tradición folclórica y vacía, o como una simple “pachanga”, sino con toda la intensidad espiritual que la Palabra de Dios hoy te propone.

¿Qué vas a hacer para llevarte a María a tu casa en estos días? ¿Para darle morada? ¿Qué nombre le darás al niño-Dios que está por nacer? ¿Quién será y que será para ti ese niño?

Que estos días de Adviento que quedan sean para ti días de opción, de cambio, de conversión y de abandono de todo otro proyecto para asumir, como José y María, el proyecto de Dios.

¡FELIZ NAVIDAD!

P. Rubén Antonio Macias Sapién sx

Misionero xaveriano

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