
“Ustedes son la casa que Dios edifica”
Hoy la liturgia nos invita a recordar un momento clave en la historia de la Iglesia: la dedicación de la basílica de Letrán allá por el año 320, siendo la primera basílica de occidente, en tiempos de Constantino, dando así legitimidad y raíces al cristianismo en las culturas occidentales. Ciertamente, no me detendré en argumentos históricos ni políticos. Quisiera más bien hacer una reflexión de tipo espiritual, apoyado en las lecturas de hoy, que nos hablan del tema del templo, pero con esta peculiaridad: el templo es el Santuario de Dios que somos nosotros. En este sentido, la Iglesia nos invita a una profunda reflexión sobre el significado del templo, tanto material como espiritual en la vida de todos nosotros.
Parto de esta afirmación que nos debe dar identidad, no solamente somos seres humanos que llegamos al mundo para vivir nuestra propia vida, donde solo importamos nosotros, ¡no!, para nada. Somos templo de Dios, me encanta la afirmación de San Pablo (2ª lectura): Ustedes SON la casa QUE DIOS EDIFICA. Es una hermosa figura. Hay un presente en el verbo “ser”, que nos da identidad: ustedes SON la casa, pero también hay otro verbo en presente continuo que marca nuestra razón de ser: son la casa que DIOS EDIFICA. Somos templos vivos de Dios. Y precisamente por ello, porque somos templos vivos de Dios, necesitamos construirnos día a día. Mejorarnos y renovarnos. Somos una casa que está en construcción, en la que a diario hay o debe haber novedad, mejora, crecimiento y, además, San Pablo insiste varias veces, Dios está comprometido y trabajando para edificarla. Esa es nuestra definición, solo seremos auténticos seres humanos cuando aceptemos que nuestra existencia tiene una finalidad: darle habitación a Dios en nosotros; pero esa finalidad no está aún consumada, es necesario que se siga persiguiendo mostrando una disponibilidad al “inquilino”, digamos así y que es Dios, que no entra como en un hotel, donde no puede mover nada, ni tocar nada. Dios entra como propietario y un propietario “inquieto”, que no descansa y que quiere que la casa sea “edificada” a su modo. Me recuerda esas casas del Infonavit, como las que encontré en Aguascalientes, donde los xaverianos tenemos el proyecto de abrir una parroquia; muchas casas todas ellas construidas iguales, cientos hechas bajo el mismo modelo; pero cuando entran los propietarios, unos que ya le ponen un techo aquí, le añaden una barda acá, un cuartito más acá, al poco rato esa hilera de casas “clonadas” se vuelven cada una diferente. Dios es así, al entrar en nuestras vidas, al entrar en nuestros cuerpos no se queda quieto, sigue “edificando”.
Hay otro pensamiento que me viene a la mente: San Pablo nos da un consejo: “Que cada uno se fije cómo va construyendo”. Puesto que Dios, desde el primer día que lo aceptaste como inquilino-propietario, está a la acción, pues ponte atento y distingue sus gustos, lo que quiere hacer de ti. “Fíjate”, pon atención, descubre, valora y sé cada día más disponible a su acción. ¿No saben acaso ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Esta pregunta parece un reclamo a aquellos que viven su vida espiritual en el insomnio, sin darse cuenta de lo que Dios ama en ellos y quiere que siga existiendo en ellos.
Un tercer pensamiento: Jesús entra en el templo de Jerusalén y hace algo, dice algo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre. ¿Qué es ese “todo” que hay que quitar? Dios es celoso de su templo, de ese templo que eres tú, que soy yo: “El celo de tu casa me devora”. Actualizando el texto, hoy tendríamos que hacernos esa pregunta: ¿qué es lo que está de más en mi vida, lo que no pertenece a esta finalidad, a esta casa que Dios está edificando? Eso, TODO eso, quítalo de ahí. Somos creyentes, tenemos una identidad, una finalidad, somos un templo con características bien propias, no somos “una casa del Infonavit recién terminada”; Dios ha trabajado en nosotros desde hace años, podemos identificar y saber bien lo que él ama en nosotros y de nosotros ¿y lo demás? Quítenlo entonces todo de aquí…; todo eso que nos convierte en todo, menos en el templo de Dios.
Renovemos hermanos y hermanas, nuestra voluntad, nuestra docilidad al Dios que nos habita y hace de nosotros su templo; un templo lleno de su gracia, habitado por él, adornado por él, pero también edificado por él. Que la fiesta de hoy, la Dedicación de la Madre de todas las Iglesias (San Juan de Letrán) nos motive a ofrecer nuestro corazón y nuestra vida a Dios, para hacer de nosotros mismos un templo vivo, eficaz y real de la presencia de Dios en el mundo.
P. Rubén Antonio Macias Sapien sx
Misionero xaveriano

