
“No temas, rebañito mío…”
“No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido bien a darte el Reino”. Con estas palabras Jesús nos invita, este domingo, a levantar la cabeza y enfrentar nuestras realidades cotidianas, pero con esta serenidad y con esta paz, esta actitud de confianza, este espíritu que nos hace ir hacia adelante.
“Porque tu Padre ha tenido bien a darte el Reino”. Como cristianos no podemos vivir nuestra vida ordinaria con una actitud de derrotados, de temerosos, de desposeídos, de gente que no tiene nada que ofrecer a esta humanidad. No, eso no puede ser nuestro cristianismo. Dios nos ha dado un grande tesoro, el Reino, nos lo ha confiado para ya iniciarlo aquí, en la espera del reino definitivo. Hermanos, hermanas, qué distinta es la vida cuando se vive desde esta consciencia y esta actitud. Cuando sabemos que tenemos un tesoro que la humanidad necesita y que Dios nos lo confía para ser multiplicado. Qué hermoso es vivir teniendo ese tesoro en nuestro corazón y haciendo de él nuestro motor de vida. Jesús nos dice hoy “porque donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón”. ++
Recuerdo los años de mi juventud, cuando decidí seguir a Cristo en la vida misionera; me sentía tan lleno de Dios, de su amor y su paz, que no podía resistir el deseo de dejar todo e ir lejos a comunicarlo a mis hermanos africanos; sentía como una fuerza interior que me decía, ve a Burundi, dalo todo. Y ese sentimiento me generaba tanta alegría, a pesar de las renuncias que ello implicaba, pero es que mi corazón estaba lleno de ese tesoro recibido de las manos de Dios
¿En qué consiste ese tesoro que Dios nos ha confiado? ¿Cuál es nuestro tesoro? Yo pudiera señalar tres elementos importantes de este tesoro, según las lecturas de hoy: La fe, la esperanza y el conocimiento de Dios.
Nos dice la Segunda Lectura: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven” (Hb. 11, 1-2.8-19). La fe, la espera y el conocimiento.
La Fe. ¿Qué es la fe? Es un don de Dios. Es cierto. La Fe es una virtud. También es cierto. La Fe es un acto de la voluntad. Cierto también. Pero la Fe, además, de acuerdo a las Lecturas de hoy, es una actitud muy inteligente, porque por medio de la Fe recibimos por adelantado lo que esperamos poseer. Es poseer, ya desde ahora, lo que se espera. Y ¿qué es lo que esperamos? Nada menos que el Reino de Dios. Nada más que Jesús, Reinando en nuestras vidas, es vivir ya desde ahora nuestros paraísos. Es decir, por la Fe podemos comenzar a gustar desde aquí lo que vamos a recibir Allá. Podemos comenzar a recibir por adelantado lo que luego tendremos en forma perfecta. La fe no es un “opio para el pueblo”, algo que nos aliena y nos saca de la realidad; no, al contrario, es vivir la realidad con ojos de esperanza y de presencia de Dios.
Recuerdo en mis años de misionero en Burundi, África, cuantas veces sentía ese saborear, experimentar ya desde ahora “ese paraíso”, al tratar de vivir bajo la ley del amor al pobre, de vivir en solidaridad con mis hermanos africanos, en la búsqueda de la paz y la justicia, a pesar de las dificultades y de tantas cosas contrarias, sentía tan fuerte la presencia de Dios y una paz interior por estar ahí con mis hermanos pobres del Burundi; y muchas veces me decía a mí mismo: “en verdad que esto es vivir en el paraíso”; esto es gustar ya desde ahora, pequeñas gotas de paraíso. Hermanos, por tu fe, tú puedes poseer, ya desde ahora, eso que tanto esperas, esa vida de paz y de amor que tanto deseas. En tu hogar, en tu escuela, en tu trabajo, busca poseer ya desde ahora. Por la fe, como Abraham, nos lo decía la segunda lectura; por su fe él partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia; la fe lo movió, a pesar de sus años, y lo logró; Por su Fe, Sara, dice también la segunda lectura, pudo tener ese hijo que tanto anhelaba…; así es hermano, hermana, todo es posible cuando vives tu vida teniendo este tesoro en tu corazón y haces de él tu motor de vida.
La fe es conocer las realidades, pero con la mirada del Dios que todo lo puede y que todo lo orienta hacia el amor. Es tener conocimiento de la realidad, pero iluminada por la voluntad de Dios y orientada hacia el amor al prójimo. Tener fe es comprometerte a conocer la Palabra de Dios, a buscar a Dios en todas partes, a entender la vida desde la mirada misericordiosa de Dios. Es vivir finalmente acumulando en el cielo de tu corazón ese tesoro que no se acaba.
Nuestro cristianismo debe ser vivido de pie, con la túnica puesta y las lámparas encendidas, dice Jesús en el evangelio: debe ser vivido en la acción, puesto que somos peregrinos que vamos caminando hacia la santidad; con las lámparas encendidas, puesto que atravesamos la oscuridad de nuestro mundo, pero seguros, pues, caminamos bajo la luz de nuestra fe. Hoy, el Evangelio nos recuerda y nos exige que estemos en actitud de vigilia, «porque en el momento que menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre» (Lc 12,40). Hay que vigilar siempre, debemos vivir en tensión, “desinstalados”, somos peregrinos en un mundo que pasa, nuestra verdadera patria la tenemos en el cielo. Vivimos conscientes del tesoro que se nos ha confiado, pero esperanzados en la plenitud de nuestra vida en Jesús. Sintiéndonos dichosos puesto que a diario vivimos de la fe, de la esperanza y del conocimiento de Dios en nuestras vidas.
¡Vivamos, pues, la vida de manera inteligente, démonos cuenta de cuál es el verdadero tesoro! No vayamos tras los tesoros de este mundo, como tanta gente hace. ¡No tengamos su mentalidad! ¡Tengamos la inteligencia evangélica para discernir cuál es el verdadero tesoro! Que las riquezas de tu corazón no sean los dioses de este mundo, sino el amor, la verdadera paz, la sabiduría y todos los dones que Dios concede a sus hijos predilectos.
P. Rubén Antonio Macias Sapién sx
Misionero Xaveriano

