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18 May 2025
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La Palabra

V Domingo de Pascua - Ciclo C
P. Rubén A. Macias Sapien SX

“Ahora voy a hacer nuevas todas las cosas”

Jn 13, 31-33a.31-35

Hermanos y hermanas, este domingo quinto de pascua estamos llamados a renovar nuestra esperanza, a regocijarnos y sonreír ante la acción de Dios porque en verdad, como dice la segunda lectura, “ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas”. El inicio del pontificado del papa Leon XIV, celebrado hoy, aparece ante nuestros ojos como uno de esos signos de la acción de Dios que irrumpe en nuestra historia para darnos esperanza, para hacernos ver que en verdad Dios guía nuestra Iglesia y que no estamos solos ante los avatares que la vida nos presenta.

Las lecturas de este domingo comienzan con ese grito de esperanza: “Yo vi un cielo nuevo y una tierra nueva, vi que descendía del cielo la nueva Jerusalén, esa morada donde Dios vivirá con ellos como su Dios y ellos serán su pueblo”. “La muerte del Papa Francisco ha llenado de tristeza nuestros corazones, -nos dijo hoy el Papa Leon en la misa de inicio de su pontificado- y, en esas horas difíciles, -dijo el papa León- nos hemos sentido como esas multitudes que el Evangelio describe «como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36). Precisamente en el día de Pascua recibimos su última bendición y, a la luz de la resurrección, afrontamos ese momento con la certeza de que el Señor nunca abandona a su pueblo, lo reúne cuando está disperso y lo cuida «como un pastor a su rebaño» (Jr 31,10)”. Así es, hermanos, el Señor Resucitado renueva todas las cosas. La llegada del Papa Leon nos ha sorprendido a todos, pero sobre todo nos ha hecho sentir la presencia de Jesús Resucitado que guía nuestra historia. La esperanza cristiana se basa en la fe en Dios que siempre crea novedad en la vida del hombre, crea novedad en el cosmos. Nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. Por consecuencia, no es cristiano caminar con la mirada dirigida hacia abajo, sin levantar los ojos hacia el horizonte; Cristo resucitado nos hace ver que hay un Dios comprometido con la historia de nuestra humanidad, por lo tanto, nuestra esperanza debe crear novedad, debe proponer novedad a un mundo sumergido en la oscuridad y en el fatalismo.

¿Y cuál sería esa novedad que hoy, unidos al papa León, estamos llamados a proponer al mundo? En sintonía con lo escuchado en el evangelio de hoy, el Papa Leon nos ha trazado una línea muy clara: “Amor y unidad: estas son las dos dimensiones de la misión que Jesús confió a Pedro”, ha dicho en su homilía hoy. “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado”, dice Jesús en el evangelio de hoy. La novedad que podemos aportar al mundo se cumple en la medida que amemos como él nos amó, y en este amor encontraremos nuestra glorificación y daremos gloria al Padre. Esta es la novedad que hay que aportar a la humanidad, vivir del amor gratuito manifestado en la entrega total de Jesus hasta la muerte y hasta la resurrección. Jesús nos pide, o nos manda tener un amor gratuito con todos y cada uno de los que encontramos en el camino. Nos manda amarnos unos a otros. No se trata de ser educados y correctos o amables (que no sería poco). «Como Yo os he amado». Y el amor de Jesus se caracteriza por esa GRATUIDAD, por esa UNIVERSALIDAD y por esa TOTALIDAD, es decir: amar sin esperar ser amado, o como respuesta a un amor recibido, amar a todos sin exclusión, amar hasta dar la vida. He ahí la novedad que debemos aportar a nuestra sociedad, en ello se juega nuestra glorificación, en ello se juega nuestra credibilidad: “por este amor reconocerán que son mis discípulos”.

Concretamente, ¿cómo podemos mostrar ese amor al mundo de hoy? el Papa Leon nos lo expresa con estas palabras sencillas y programáticas: “Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado” (Homilía del Papa León XIV, misa inicio de su Pontificado). Y se explica: “En nuestro tiempo, vemos aún demasiada discordia, demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios, el miedo a lo diferente, por un paradigma económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres. Y nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!

Escuchen su propuesta de amor para formar su única familia: en el único Cristo somos uno. Y esta es la vía que hemos de recorrer juntos…Este es el espíritu misionero que debe animarnos, sin encerrarnos en nuestro pequeño grupo ni sentirnos superiores al mundo; estamos llamados a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo.

Hermanos, hermanas, -exclama e l papa- ¡esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio. Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad, una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo, que anuncia la Palabra, que se deja cuestionar por la historia, y que se convierte en fermento de concordia para la humanidad”. (Homilía del Papa León XIV, misa inicio de su Pontificado).

Pidamos pues al Señor que transforme nuestros corazones y los convierta en fuente de amor a los demás. Que traiga para nuestro México tan sufrido por la violencia y la polarización y para todo el mundo donde hay violencia esa nueva tierra y esos nuevos cielos gracias a la fe y al compromiso de nosotros sus discípulos. Que nos haga ministros suyos, como el papa León nos pide, para empezar ya a enjugar las lágrimas de los que lloran, a luchar junto con los que claman contra la injusticia, a acompañar a los que viven en el dolor, a ser pregoneros del nuevo mundo que se aproxima para aquellos que creen en el único nombre bajo el cual todo hombre puede ser salvo.

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

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