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11 May 2025
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La Palabra

IV Domingo de Pascua - Ciclo C
P. Rubén A. Macias Sapien SX

«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen”

Jn 10, 27-30

Estimados hermanos y hermanas, llegamos al cuarto domingo de Pascua, llamado el domingo del Buen Pastor. En este domingo la Iglesia celebra la Jornada de Oración por las vocaciones; a la luz de la metáfora evangélica del pastor y sus ovejas, estamos invitados a reflexionar sobre una de las características principales de nuestro ser discípulos: “escuchar su voz”. «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen”, leímos en el breve evangelio de hoy (Jn 10, 27-30). Además, el difunto papa Francisco, en su mensaje para esta jornada mundial, nos hace una invitación “llena de alegría y aliento para que seamos peregrinos de esperanza, entregando la vida con generosidad”. (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada mundial de oración por las vocaciones 2025). Aprovechamos, pues, los textos de hoy, que tienen tintes vocacionales, para secundar la invitación que la Iglesia nos hace en este día para orar por las vocaciones

Retomando la reflexión sobre el texto del Evangelio de hoy, afirmamos que, dicho texto, nos habla del vínculo que hay entre el Señor y cada uno de nosotros (cfr. Jn 10,27-30). Para hacerlo, Jesús utiliza una imagen tierna, una imagen hermosa, la del pastor que está con las ovejas. Y la explica con tres verbos: «Mis ovejas —dice Jesús— escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen» (v. 27). Tres verbos: escuchar, conocer, seguir. Veamos estos tres verbos.

En primer lugar, las ovejas escuchan la voz del pastor. Hermanos, recordemos, la iniciativa viene siempre del Señor; todo parte de su gracia: es Él que nos llama a la comunión con Él. Pero esta comunión nace si nosotros nos abrimos a la escucha; si permanecemos sordos, no nos puede dar esta comunión. Abrirse a la escucha porque escuchar significa disponibilidad, significa docilidad, significa tiempo dedicado al diálogo. (…) A veces cuestionamos la baja de vocaciones, quizá más que cuestionar a Dios o a la Iglesia, cuestionemos nuestra actitud, hoy en día, el ser humano se caracteriza por este límite, no somos capaces de escuchar, no nos educamos a la disponibilidad y a la escucha; en ello tenemos mucho que trabajar. Aprender a escucharnos y a escuchar a Dios. Escuchar a Jesús se convierte así en el camino para descubrir que Él nos conoce.

Este es el segundo verbo, que se refiere al buen pastor: Él conoce a sus ovejas. Conocer no es saber muchas cosas; conocer en sentido bíblico quiere decir también amar. Quiere decir que el Señor, mientras “nos lee dentro”, nos quiere, no nos condena, nos ama y nos envía. Si le escuchamos, descubrimos esto: que el Señor nos ama. El camino para descubrir el amor del Señor es escucharlo, como decíamos, pero conscientes y disponibles para dejarnos amar al llamarnos. En su mensaje, el difunto papa Francisco nos lo decía: “Toda vocación, cuando se percibe profundamente en el corazón, hace surgir la respuesta como un impulso interior hacia el amor y el servicio; como fuente de esperanza y caridad. Vocación y esperanza, por lo tanto, están entrelazadas en el proyecto divino para la alegría de cada hombre y de cada mujer, porque todos estamos llamados a ofrecer nuestra vida por los demás”. (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada mundial de oración por las vocaciones 2025).

Finalmente, el tercer verbo. Las ovejas que escuchan y saben que son conocidas siguen: escuchan, se sienten conocidas, amadas por el Señor y siguen al Señor, que es su pastor. Y quien sigue a Cristo, ¿qué hace? Va donde va Él, por el mismo camino, en la misma dirección. ¿Y qué caracteriza el caminar de Jesús? Por lo tanto, quien lo sigue se interesa por quien está lejos, se toma en serio las situaciones de quien sufre, sabe llorar con quien llora, tiende la mano al prójimo, se lo carga sobre los hombros. Es así y solo así como pueden surgir vocaciones, al escuchar, al saberse amado y ponerse al servicio del otro, surge el gran deseo de consagrarse al servicio de quien sufre, todo por amor a quien lo ha amado. Nuevamente, el Papa Francisco nos lo confirma en su mensaje: “La vocación es un don precioso que Dios siembra en el corazón, una llamada a salir de nosotros mismos para emprender un camino de amor y servicio. Y cada vocación en la Iglesia —sea laical, al ministerio ordenado o a la vida consagrada— es un signo de la esperanza que Dios pone en el mundo y en cada uno de sus hijos”. (Ibidem)

Hermanos y hermanas, la liturgia de hoy nos invita a reflexionar sobre esta dinámica del amor de Dios que nos llama, nos conoce y nos envía. Todos somos alcanzados por la mirada del Señor, todos. Él ve potencialidades en cada uno de nosotros, que incluso nosotros mismos desconocemos, y actúa incansablemente durante toda nuestra vida para que podamos ponerlas al servicio del bien común. Él nos ve con amor, nos llama y nos envía. Mis ovejas, aquellas que veo con amor inmenso y que conozco, ellas escuchan mi voz y, ante mi llamado, me siguen por los caminos de la misión.

Oremos, pues, hermanos, escuchemos su voz y dispongámonos al seguimiento, todos, cada uno en su estado de vida, en su situación particular. Y si hay jóvenes dispuestos a escuchar esa voz que transforma y libera, esa voz que da sentido y misión, los animamos a dejarse seducir e ilusionar por ella, a discernir y optar por aquel camino que te dará esa posibilidad inmensa de responder con el mismo amor y la misma entrega al Buen Pastor que te llama. ¡Así sea!

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

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