
“Hoy mismo, lo que acaban de oír, se ha cumplido”
Estimados hermanos y hermanas, el domingo pasado veíamos a Jesús iniciando su ministerio, siendo invitado a una boda. Su acción marcaba un inicio en su misión y una invitación a creer en él. Decíamos, el domingo pasado, que no se trataba de una simple anécdota en la vida de Jesús, sino la presentación de algunos “elementos fundamentales de su misión”, decíamos que se trataba de un milagro que traza un programa de vida y de acción al inicio del ministerio de Jesús. Hoy encontramos a Jesús en la Sinagoga, en un lugar de culto, ya no en una boda, y en ese lugar toma el libro del Profeta Isaías, Jesús lee la Palabra de Dios, y de ella, nuevamente, saca a relucir los elementos que definen su misión, pero ahora haciendo una afirmación por demás significativa: “Hoy mismo, lo que acaban de oír se ha cumplido”. Jesús proclama, pues, el inicio en el tiempo, en el hoy, el inicio del cumplimiento de su misión, el cumplimiento del Plan de Salvación por el cual ha sido enviado en medio de nosotros.
Retomemos lo que el profeta Isaías dijo y que Jesús, al leerlo, lo proclama como cumplido en su persona. Este pasaje de Isaías es central para entender su misión. Primero se presenta como enviado, lleno del Espíritu de Dios. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido”. Jesús se reconoce y se afirma invadido por el Espíritu de Dios, impregnado por su fuerza. Cristo es el Ungido. Y ¿cuál es su misión? El texto de Isaías, que Jesús se apropia, lo presenta enviado «para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.»
Recordemos que el profeta Isaías habla al pueblo judío, que padece en la cautividad, en el exilio, y quiere hacerle llegar una palabra de consuelo que les anuncia la liberación, una palabra de esperanza. Esa es la Buena Noticia que tiene que transmitir a los cautivos, a los oprimidos, representados metafóricamente por los ciegos, por los sordos. Otro detalle, la liberación de la cautividad que anuncia el profeta, no es un acontecimiento que se debe a vaivenes de la política del tiempo, ni a cambios en el equilibrio de las fuerzas entre las potencias dominantes, si no es un designio de Dios; ES UNA ACCIÓN DE DIOS. Hermanos, es una lectura teológica, la que el profeta hace: “Dios está cerca y va a obrar liberación, mucho más allá de las circunstancias.” Ese es el mensaje, y eso es también lo que Jesús anuncia en esa sinagoga. Él es ese Dios que se acerca, el Emmanuel que va a obrar su liberación; Jesús no se pone a calcular si las condiciones políticas o militares, económicas o sociales están dadas ahí en Nazaret, no; la liberación no será obra de ejércitos, de políticos o economistas, no, es acción suya, es acción de Dios, es la acción del Espíritu que obra en él. En Jesús, hoy se ha cumplido lo que acaban de oír.
Hermanos, hermanas, es Dios el que dice que lo hace. Dejemos que lo haga. No lo cuestionemos ni preguntemos como si no fuera necesaria su acción. No te preguntes si será posible, cree que es posible. Que Dios actúe en lo que tiene que ver con tu vida y en la sociedad en la que estamos, con el poder de transformar desde la fuerza que se esconde en su Palabra proclamada con autoridad. Jesús, decíamos, no ve o calcula si están dadas las mejores condiciones. Veamos nuestra realidad, si uno lee en el diario de hoy las situaciones políticas del contexto latinoamericano y nacional, como del contexto mundial, las contiendas, las luchas por el poder, descubre clarísimamente que no están dadas las mejores condiciones para que la vida humana se desarrolle en plenitud, y con normalidad. Es clarísimo que no, sin embargo, Dios dice: “Yo puedo, y Yo traigo paz a partir de la liberación. Y Yo traigo consuelo a partir de confortar el corazón de los que se sienten cautivos, oprimidos, entristecidos.”
¿Qué hacer ante este Dios que asume tal compromiso por nuestra salvación? ¿Quedarnos pasivos, como simples espectadores? No, las lecturas de hoy nos dan dos pistas de acción para acompañar a Jesús en este compromiso decidido de su parte por salvarnos.
Primero: escuchemos la Palabra de Dios, seamos el pueblo de la escucha que tiene la palabra de Dios siempre al centro de su vida y de su actuar. Jesús en la sinagoga lee la Palabra de Dios; así nos traza un camino. En la primera lectura, el sacerdote Esdras da lectura a la Palabra de Dios “desde la mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón”. “Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura de la ley”, dice el texto, y el pueblo encontró consuelo, fuerza y esperanza para seguir adelante. Hermanos, ante el compromiso iniciado por Dios para salvarnos, lo primero es escucharlo, abrir nuestra mente para comprender su mensaje y entonces unirnos a su acción salvadora.
Una segunda pista es sabernos y sentirnos el cuerpo de Cristo. Hoy, Jesús nos invita a caminar junto con él en su misión, pues somos su cuerpo. La misión no la puede hacer hoy sin nosotros. Al inicio de este año litúrgico, la invitación es clara: “ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de él”. (segunda lectura: 1 Cor 12,12-30) Jesús está comprometido por la salvación de la humanidad, para eso ha venido, pero nos invita a unirnos a él, a ser su cuerpo, a darle nuestras manos, nuestros pies para que él vaya a consolar a los pobres, traerles la liberación y consuelo a través de nuestras acciones. Jesús pide unidad en él, signo profético ante una sociedad fragmentada y fragmentadora, dividida y promotora de división, polarización. Jesús pide que seamos una auténtica comunidad que aglutine la diversidad de personas con su propio carisma, personalidad e identidad, dándole un toque de diversidad y pluralidad, y ofreciendo posibilidades de crecimiento. Nos pide vivir un espíritu de unidad, como el mismo cuerpo, en el que todas sus partes son necesarias para un funcionamiento óptimo.
Hermanos, hermanas, “hoy se ha cumplido” dice Jesús, el tiempo de nuestra liberación, Jesús ya está en acción en medio de nosotros, seamos su cuerpo, escuchemos su Palabra y hagamos real este año de gracia, este tiempo de esperanza, este tiempo de salvación.
¡Buen domingo!
P. Rubén Antonio Macias Sapien sx
Misionero Xaveriano

