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27 Octubre 2024
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La Palabra

XXX Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapién sx

«¡Ánimo!” Levántate, porque él te llama»

Mc 19, 46-52

«¡Ánimo! Levántate, porque él te llama» Queridos hermanos y hermanas, el domingo pasado descubríamos a unos apóstoles cegados por el ansia de poder, “ciegos”, que caminaban con Jesús sin poder “ver” ni comprender por qué subían a Jerusalén, por qué caminaban al lado de Jesús; los apóstoles “veían solo lo que querían ver”. En el evangelio de hoy, por el contrario, nos topamos con el testimonio de “un ciego” curado por su fe, un verdadero creyente, que sí ha entendido con Quién se ha topado en su vida. ¡Qué paradoja! Unos videntes, que no ven nada, y un ciego que sí ve.

Retomando este hermoso texto, recordemos que Jesús va de camino hacia Jerusalén, a su entrega total por amor a la humanidad; entonces, dice el texto, saliendo de Jericó, “en compañía de sus discípulos”, se topa, ahí en el borde del camino, con un ciego, Bartimeo. Al final del texto de hoy, como encuadrando el todo, Marcos nos dice que, Bartimeo, habiendo recuperado la vista, “comenzó a seguirlo por el camino”. Interesante este encuadre, toda la acción sucede a lo largo de ese camino, y ahí, en el camino, Jesús deja claro cuál es la meta de su viaje, lo veíamos la semana pasada y hoy lo repite con acciones; invita, pues, a sus seguidores asumir los pasos propios de este camino, es decir libertad, “dejar el manto”, “de un salto” ponerse de pie, y amar, con un amor total, gratuito, sin condiciones y sin límites, con la capacidad de renunciar a los bienes y a toda ambición de poder, para entonces, servirlo, seguirlo en el servicio desinteresado hacia los demás. ¡Que contraste entre Bartimeo y los apóstoles!; ellos parecen preocupados por lo suyo, están ciegos, incapaces de ver más allá de su propio mundo de intereses y ambiciones. Bartimeo aparece entonces como un verdadero modelo para los Doce y para nosotros también. Antes que nada, lo confiesa como hijo de David, lo grita, sin miedo, incluso ante aquellos que lo callan, pide ayuda a Jesús, recobra la vista y se transforma en un ferviente seguidor. Ese encuentro con Cristo se convierte en el primer paso hacia la luz. Permítanme insistir en esta actitud de Bartimeo; nos dice el texto que “al oír que el que pasaba, por el camino, era Jesús, comenzó a gritar”. He ahí dos verbos interesantes a reflexionar en nuestro proceso de discipulado y en nuestra manera de seguir a Jesús hoy, en el México de hoy: “oír y gritar”. Cuando sentimos que todo es tiniebla, “Cuando no vemos” por donde, es importante OÍR a Jesús que pasa y GRITAR, aun si todos los demás nos callan, aun si la sociedad nos pide callar, ante tantas injusticias, ante la violencia, ante la descomposición de una democracia, ante el desorden estructural, “no debemos dejar de hablar”, he ahí el ejemplo de Bartimeo, no debemos dejar de oír y gritar ante Jesús que pasa: “Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!”

Entonces, “Jesús se detuvo” dice el texto: Entremos en la experiencia fundamental de este hombre y de todo discípulo. Al oírlo, Jesús se detuvo y lo llamó. Bartimeo da “TRES PASOS” que le van a cambiar la vida; primero: “suelta el manto”, seguramente con algunas monedas que le habrían echado, que le estorba para estar más ligero, aquello que era su seguridad, aun en su mendicidad, su seguridad, la suelta; segundo: “da un salto”, posiblemente con riesgo (no olvidemos que es ciego), muestra su entusiasmo, su deseo y entonces, tercero: “se acerca a Jesús”, se abandona, se confía. He ahí los signos de una conversión, de un deseo de emprender un camino. Jesús no hace ningún “signo extraordinario” para curarlo, no lo toca, ningún tratamiento milagroso, solo unas palabras: “Vete; tu fe te ha salvado”. Esto bastó para que Bartimeo redescubriera el don de “ver” a Dios y a los demás, de descubrir que puede hacer algo por los demás, que la vida no se juega “sentado al borde del camino”, aferrado a su manto de limosnero, sino haciendo camino con él, sobre todo el camino que va a Jerusalén, el camino de la entrega, del servicio. Concluye esta maravillosa experiencia con la afirmación: “Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”.

Y a nosotros, hermanos, hermanas, Jesús pasa por los caminos de nuestra vida, ¿su paso, nos moviliza?, ¿nos hace soltar nuestros mantos y de un salto, nos ponemos en camino de seguimiento? «¡Ánimo!, levántate, porque él te llama». Estamos celebrando el mes de las misiones y el papa nos recuerda que todo cristiano debe ponerse en movimiento, “no olvidemos, dice el papa, que todo cristiano está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en todos los ambientes, de modo que toda la Iglesia salga continuamente con su Señor y Maestro a los “cruces de los caminos” del mundo de hoy”. (Mensaje del Papa Francisco, Jornada Mundial de las misiones 2024).

Ante ese Jesús que pasa, no dejemos de OÍR y de GRITAR; seamos cristianos que hablan, que expresan su fe; segundo: SOLTEMOS EL MANTO, asumamos el camino del seguimiento, aun si hay riesgos, como el Padre Marcelo y tantos otros cristianos, no callemos ante quienes nos piden silencio, “de un salto” busquemos a Jesús y asumamos el camino de la misión, de la entrega, de la subida a Jerusalén. ¡Buen domingo!

P. Rubén Antonio Macias Sapién sx

Misionero xaveriano

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