
¿Qué es lo que desean? … y Dios, ¿Cuál es su deseo?
Hermanos y hermanas, hoy celebramos la Jornada Mundial de las Misiones y en su mensaje para esta jornada, el Papa Francisco nos recuerda algo esencial de nuestra fe, de nuestra manera de entender a Dios; nos dice: “Dios, grande en el amor y rico en misericordia, está siempre en salida al encuentro de todo hombre para llamarlo a la felicidad de su Reino, a pesar de la indiferencia o el rechazo. Así, Jesucristo, buen pastor y enviado del Padre, iba en busca de las ovejas perdidas del pueblo de Israel y deseaba ir más allá para llegar también a las ovejas más lejanas (cf. Jn 10,16). Él dijo a los discípulos, tanto antes como después de su resurrección: “¡Vayan!”, involucrándolos en su misma misión (Lc 10,3; Mc 16,15)”.
El Papa nos recuerda ese deseo de Jesús, ese deseo de Dios Padre realizado por Jesús: salir, como un servidor incansable en busca de todo hombre para llamarlo a la felicidad de su Reino. Ese es el deseo de Dios, ¿y cuál es el nuestro deseo? ¿Cuál es el deseo de todo hombre? ¿Cuál es el deseo de los apóstoles que acompañaban a Jesús? En la página del evangelio de hoy, Jesús hace esta pregunta a sus apóstoles Santiago y Juan: ¿Qué es lo que desean? Valdría la pena meditar al respecto y darnos cuenta de ese deseo que tanto mal hace a la humanidad, que la encierra en posiciones de poder y no de servicio y entonces sí, al cuestionarnos, voltear a ver el deseo de Dios y descubrirlo como el verdadero camino de felicidad ofrecido a todos los que estén dispuestos a seguir a Cristo y asumir su camino, como dice el papa en su mensaje: “Por esto (por este deseo de Dios), la Iglesia seguirá yendo más allá de toda frontera, seguirá saliendo una y otra vez sin cansarse o desanimarse ante las dificultades y los obstáculos, para cumplir fielmente la misión recibida del Señor”, la misión del servicio en favor de todos los seres humanos de la tierra.
Retomando el texto, dos de sus discípulos se acercan a Jesús para pedirle algo; recordemos que Jesús camina hacia Jerusalén, hacia su entrega total, pocos días antes les había anunciado por tercera vez, con toda claridad, lo que le esperaba en la Ciudad Santa: ser insultado, condenado a muerte, azotado y matado (vv. 32-34). A pesar de este tercer anuncio ni estos dos discípulos ni los otros diez han entendido su mensaje, tanto los unos como los otros tienen sus “propios deseos” centrados en el poder, desean los primeros puestos en el reino que se imaginan ya próximo, pero como un reino diseñado en toda lógica humana, de privilegios, de poderes, de clases, de riquezas.
Jesús, con paciencia, les hace una pregunta que es más que una simple pregunta, sino una invitación a cuestionarse. ¿Qué es lo que desean? Pregunta clave para poder cambiarles su mentalidad. Los discípulos no saben lo que piden, como no saben con quién están hablando; su misma respuesta los delata, quieren “la gloria” de Jesús, “sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”. La gloria de Jesús no se define por criterios de poder, de privilegios, de riquezas, sino de servicio: “el hijo del hombre no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y dar la vida por la redención de todos”.
Jesús, pues, aprovechando este desplante de los dos discípulos y el enojo de los otros diez, les plantea nuevamente, de manera clara, su proyecto de salvación. Define y explica su misión y su vida desde el servicio y los invita a cuestionarse: entiendo tu deseo, pero ¿sabes cuál es el deseo de Dios? ¿Sabes por qué estoy aquí y voy hacia Jerusalén? “¡No he venido para ser servido, sino para servir! ¡Vine a dar mi vida en rescate de muchos!” El deseo de Dios al enviarme es otro, ¡date cuenta! Les hace ver que en el camino del seguimiento el servicio es la norma. Por lo tanto, el más grande es quien sirve, quien más sirve a los demás, no quien se ensalza, quien busca el poder, el dinero, la vanidad, el orgullo. En el diálogo con todo el grupo de los discípulos, Jesús los invita a asumir esa su revolución profunda de los valores en la vida: Él ha venido a servir, no a ser servido; Él se ha hecho siervo, el siervo de Dios que sale, como servidor, al encuentro de sus hermanos, los hombres, de todos los pueblos y naciones. Él ha venido a dar su vida para que tengamos una vida nueva en su resurrección. Ese es el deseo de Dios; así lo afirma San Pablo a Timoteo, en la segunda lectura de hoy: “Esto es bueno y agradable a Dios, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad”; y ¿cuál es esa verdad? Jesucristo, el “único mediador entre Dios y los hombres que se entregó como rescate por todos”. He ahí el deseo de Dios, he ahí el motivo de la misión de Jesús en el mundo.
Hermanos y hermanas, nuevamente en este domingo, Jesús nos interpela y nos pide optar por su proyecto. Hoy es el domingo mundial de las misiones y el Papa nos recuerda que la misión de Jesús es también la nuestra. “No olvidemos, dice el papa, que todo cristiano está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en todos los ambientes, de modo que toda la Iglesia salga continuamente con su Señor y Maestro a los “cruces de los caminos” del mundo de hoy”, Vayan como servidores e inviten al banquete del Reino. Jesús hoy nos pide optar por el servicio, por una vida entregada por los demás, por un darse “por la redención de todos”, sin fronteras, ni razas, ni nación. La vida cristiana no conoce más camino que el servicio a las demás personas, el «único» camino, sencillamente porque es el que ha recorrido Jesucristo y el que nos ha enseñado a quienes acogemos su invitación para seguir sus pasos y gozar de “su gloria”. Que cada uno de nosotros haga realidad lo que una grande mujer frágil nos enseñó, no con palabras, sino con una vida entregada al servicio, al vivo ejemplo de Jesús: «El fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz». Santa Teresa de Calcuta, misionera de la caridad, misionera de la Iglesia. ¿Y tú?
¡Buen domingo mundial de las misiones!
P. Rubén Antonio Macias Sapién sx
Misionero Xaveriano

