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18 May 2024
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La Palabra

Domingo en la Solemnidad de Pentecostés - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapien sx

“La paz esté con ustedes”

Hch 2,1-11

Estimados hermanos, hoy es Pentecostés, ha llegado. El soplo del Espíritu que inspiró a la Iglesia primitiva, que es el mismo que se derramó sobre cada uno de nosotros el día de nuestro Bautismo. Ya está aquí. Hoy, cincuenta días después de la Pascua de Resurrección, coronamos este tiempo: la Pascua de Resurrección culmina en esta Pascua de Pentecostés. El Señor Resucitado entrega a los discípulos su Espíritu. El Espíritu es, pues, el fruto maduro de la Pascua de Jesús.

Hoy es un día de alegría, de gozo, es un día donde se nos invita a la paz y al mismo tiempo se nos envía a la misión. Jesús se presenta en medio de los discípulos, temerosos, con las puertas cerradas “por miedo a los judíos” y les muestra las manos y el costado, deseándoles paz.  Al mostrar las manos y el costado, Jesús nos recuerda que, con su muerte, pero sobre todo con su resurrección, da inicio una nueva creación, un nuevo tipo de hombre, una nueva era, caracterizada, ya no por el miedo, sino por la alegría. Y da inicio, igualmente, a una nueva Alianza, es decir una nueva relación entre Dios y su pueblo, entre el Dios amor y nosotros su pueblo, destinatarios de su amor, hoy inicia una nueva alianza caracterizada ya no por el legalismo ritual, que todo termina por asfixiarlo, sino por la espontaneidad del amor fiel que responde al Amor Veraz, y todo ello gracias al don de su Espíritu. Son tan elocuentes los signos que los textos bíblicos de hoy nos presentan, signos que nos recuerdan esta nueva creación, esta Alianza, esta alegría. Veamos cada uno de ellos: Antes que nada “el soplo”, el aliento de Dios que todo lo renueva y le da vida, les dice: “La paz esté con ustedes…, después sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo”. Qué hermosa figura, nos recuerda el día de la creación (Gen 2,7), cuando Dios crea al hombre del barro y luego sopla sobre él, es decir, le da su Espíritu y el ser humano toma vida, la humanidad nace; porque Pentecostés es un renacer de nuevo, es volver a la vida, es devolvernos la vida, ahora plena en Jesucristo y bajo la guía de su Espíritu. “El viento fuerte” que entra y renueva y “abre” las puertas cerradas, que vence el temor, el miedo y lanza a la misión (1ª lectura: Hch 2,1-11). “Las lenguas de fuego” que transforman esos corazones fríos, paralizados, en corazones ardientes, capaces de comunicar su alegría y su amor a todos, logrando que “cada quien oyera hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua”. Finalmente, “la unidad en la misión”: “en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común” (2ª lectura: 1Cor 12,3-7.12-13). El Espíritu unifica el mundo, unifica la Iglesia; la diversidad de integrantes se transforma en germen de riqueza; las lenguas dispares resultan comprensibles para los que se dejan guiar por una misma fe, un idéntico amor y una semejante esperanza. Además, el Espíritu regenera, en quien lo recibe, dones, carismas para el bien de su pueblo y del mundo. Cierto, los dones o carismas son diversos, pero todos están llamados a confluir al provecho común de los que tienen la persona de Jesús como modelo de vida. En él formamos un solo cuerpo y nos da a beber un solo Espíritu en el bautismo. Qué importante es que, en este tiempo de polarización y división por el mal uso de la política, recordemos que tenemos esta presencia unificante y unificadora, que nos abramos a sus dones y sobre todo que nos comprometamos por el bien común.

Finalmente, el Espíritu nos envía a la misión. El “viento fuerte” del Espíritu rompe las puertas y nos invita a salir por los caminos de la misión; las “lenguas de fuego” nos invitan a anunciar las maravillas a toda persona, y la “unión” lograda es la fuerza para penetrar todo rincón y toda realidad que necesita ser transformada por la luz del amor que Cristo nos enseñó y que el Espíritu transformó en dones y en carismas. Es el Espíritu el que nos ayuda a salir de nuestros encierros, de nuestro cristianismo anquilosado, que pretende seguir siempre igual, aunque todo cambie alrededor... sin arriesgarnos a buscar nuevos caminos y respuestas. Es Pentecostés, el Espíritu nos ha sido derramado con todos sus dones, es el inicio de una nueva creación, de una nueva era, es el comienzo de nuestra misión. Hoy es una fiesta misionera por excelencia; estamos, pues, invitados todos a salir y anunciar, guiados por el Espíritu, todo el amor que Jesús nos trae y que transforma nuestras realidades de muerte, de injusticia, de violencia y de pobreza.

Estimados hermanos, hoy es Pentecostés, el Espíritu del Señor nos ha sido dado con toda su fuerza, con todos sus dones. Vayamos, como los discípulos, a cumplir nuestra misión, hoy el mundo tiene necesidad de luz, de fuego, de vientos fuertes, de unidad, vayamos, regenerados por el soplo de vida, renovados en nuestro corazón y comprometidos con la nueva humanidad y por el Bien común. “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”.

¡Feliz experiencia de Pentecostés!

P. Rubén Antonio Macias Sapién sx

Misionero Xaveriano

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