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20 Abril 2024
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La Palabra

IV Domingo de Pascua - Domingo del Buen Pastor - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapien sx

“Mis ovejas escuchan mi voz”

Jn 10, 11-18

Queridos hermanos y hermanas, hemos llegado al cuarto domingo de Pascua y la liturgia de hoy nos invita en primer lugar a descubrir “cuánto amor nos ha tenido el Padre” (Segunda lectura 1 Jn 3,1-2). Es verdad que desde el inicio de la misa hemos dicho que estamos celebrando la jornada mundial de oración por las vocaciones, pues ciertamente para poder descubrir tu vocación lo primero que tienes que hacer es sentirte amado por Dios, la vocación nace del amor, es una respuesta al amor experimentado en Dios y que te hace salir de ti mismo para ir a los demás y darte, al mismo ejemplo de Jesús el Buen Pastor.

Jesús nos demuestra ese amor que nos transforma y nos envía, siendo para nosotros el Buen Pastor. Hay tres actitudes que me llaman la atención en el texto del evangelio de hoy y que describen este amor: la entrega, la cercanía y la misión.

Una imagen que puede evocar muchas cosas, pero quizá la que más caracteriza el oficio de pastor es que estamos ante alguien que se dedica a cuidar. Jesús se presenta como aquel que se entrega de forma incondicional al cuidado de todos los que forman «el rebaño» que su Padre le ha confiado. Ante él y frente a la vida ya no hay por qué sentirse abandonado ni olvidado; despreciado ni marginado, porque hay alguien —Jesús, el pastor bueno— que estará dispuesto a todo, incluso a entregar la vida, con tal de que nadie sea maltratado ni humillado. Y es que la confianza que transmite el pastor bueno nos habla de un cuidado desde la ternura y el amor. Y en verdad, cuánto nos ama el Señor, un amor manifestado en la actitud y en la acción del Buen Pastor.

Además, es un pastor que nos conoce, que nos llama por nombre, un pastor “con olor de oveja” diría el Papa Francisco, un Pastor que invita a la intimidad hasta el punto de llamarnos hijos suyos y por este amor, por esta intimidad está dispuesto a dar la vida; solo se da la vida por quienes se ama, por quienes se conoce. Porque “oler a oveja” -y no olvidemos el carácter vocacional de este domingo- se trata de acompañar la vida de muchos y ofrecer la posibilidad de entrar en comunión con ese Dios, de quien somos sus hijos para disfrutar de esa realidad amorosa que es la divinidad. De hecho, esto es lo que Jesús pretende al llamarnos a esta intimidad, ofrecernos su divinidad, llamarnos a entrar en esta comunión divina.

Pero la intimidad con Jesús, el Buen Pastor, no es algo que nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre a los demás, nos abre a la misión. Las ovejas escuchan su voz, esa que les dice: “vamos a la otra orilla”, “vayan por todo el mundo”, Vamos que “tengo otras ovejas”; el amor de Jesús no nos encierra en una búsqueda de confort, de seguridad, de un amor que me invita a conservarlo encerrándonos en la felicidad alcanzada, “que bien se siente aquí, hagamos tres chozas”; no, Jesús nos invita a bajar la montaña. El Buen Pastor está siempre en búsqueda y amarlo significa seguirlo en su búsqueda de aquellas ovejas que también “es necesario que las traiga” hacia el redil de su Reino. Escuchar su voz nos envía a la misión esa misión de hacer del mundo una familia, donde “habrá un solo rebaño y un solo pastor”.

Hermanos y hermanas, al sentirnos amados por este Buen Pastor, al experimentar la grandeza de su amor, estamos llamados a soñar y a esperar, soñar esta vida de intimidad, de cercanía y de misión y esperar un mundo distinto. Todos tenemos sueños, todos soñamos un mundo mejor, donde haya paz; la realidad que vivimos, a veces tan terrible, nos invita a esperar y es solo en un corazón que vive de esperanza, donde podemos escuchar la voz del Buen Pastor que nos invita a la misión. El papa Francisco, en su mensaje para esta jornada mundial de vocaciones, nos dice: “Caminamos como peregrinos de esperanza hacia el Año Santo para que, redescubriendo la propia vocación y poniendo en relación los diversos dones del Espíritu, seamos en el mundo portadores y testigos del anhelo de Jesús: que formemos una sola familia, unida en el amor de Dios y sólida en el vínculo de la caridad, del compartir y de la fraternidad.

Jesús, el Buen Pastor, te está llamando, su voz te invita a la esperanza, a salir de ti mismo para ir y cumplir ese sueño mayor llamado el Reino; su voz te invita a la entrega y la intimidad. “Levantémonos, por tanto, y pongámonos en camino como peregrinos de esperanza, para que, como hizo María con santa Isabel, también nosotros llevemos anuncios de alegría, generaremos vida nueva y seamos artesanos de fraternidad y de paz”.

Vamos, pues, el Pastor nos llama y su voz nos da confianza y seguridad, vamos adelante por los caminos de la misión, haciendo de nuestras vidas un don para los demás.

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

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