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13 Enero 2024
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La Palabra

II Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapien sx

“Vengan a ver”

Jn 1, 35-42

Estimados hermanos y hermanas, habiendo terminado el tiempo de Navidad, comenzamos el tiempo ordinario, y lo comenzamos escuchando el llamado de Dios a seguirlo en su proyecto del Reino. De hecho, cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. Siempre es Él quien toma la iniciativa, Él te llama y hoy lo hace a través del ejemplo de Samuel en la primera lectura (1 Sam 3,3-10.19) y de dos de sus discípulos de Jesús, Andrés y Juan. (Jn 1,35-42)

Reflexionemos sobre estos dos últimos, su llamada está cargada de un sinfín de significados para nuestra vida cristiana. Comienza con una pregunta fundamental, existencial, que debe marcar la vida de todo cristiano: “¿Qué buscan?” Son las primeras palabras de Jesús en el cuarto evangelio y confrontan a los lectores de todos los tiempos con sus motivaciones profundas: “¿Qué buscan?” Es mucho más que una banal pregunta dirigida a los dos discípulos que caminan detrás de él. Esta pregunta apela a la necesidad más profunda del hombre, que le hace volverse a Dios, y que constituye el telón de fondo de todas las búsquedas en nuestra historia, en nuestra fe. Esta búsqueda última da razón de todas las otras búsquedas.

Ante esta pregunta existencial, Jesús nos lanza una invitación, esa invitación que marca toda la diferencia en nuestra vida de fe. “Vengan a ver”. No hay explicaciones, ni justificaciones, es una invitación a comprobar, ser testigos. Es una oportunidad para experimentar la realidad de un hombre que el Bautista había señalado: “Ahí está el Cordero de Dios”, y que sus discípulos identificaban como Rabí, Maestro, es decir, al que podemos acudir y nunca nos defrauda. El Maestro acompaña, enseña, no impone y da la oportunidad porque sabe y quiere que cada uno sea protagonista y dueño de su vida. Esto es signo de amor, de confianza, espacio para ser y crecer. Llamados a compartir, a ser personas que entran en relación con otras personas, capaces de amar.

“Vengan a ver”. Fueron y se quedaron un día, y luego toda la vida. Él acabó dando sentido a sus vidas. Quisiera insistir sobre este encuentro que ha marcado toda la vida de estos dos discípulos, hasta el punto de recordarse de la hora: “Eran como las cuatro de la tarde” dice el texto. El autor es Juan, uno de esos dos jóvenes; sesenta años después de estos acontecimientos, Juan rememora aquella primera tarde en que los corazones de él y de su compañero se incendiaron en el amor de Cristo para no apagarse ya jamás, ¡se acuerda hasta la hora que era! Como todos los enamorados, que pueden evocar con lujo de detalle las circunstancias de ese primer encuentro que cambió para siempre sus vidas.

Hermanos, todo discipulado nace de un encuentro en la intimidad con el maestro. La “hora décima”, o las cuatro de la tarde, no es solo una hora del reloj, es una hora llena de significado. Yo lo comprendí cuando estaba en África, en Burundi, en medio de la gente sencilla de campo, como lo fue en tiempo de Jesús. La hora décima es la hora de la intimidad, del reencuentro; cuando las personas regresaban del campo, de las labores y se sentaban fuera de sus casas para platicar de la jornada, la hora en que los mayores contaban a los niños las historias de la familia, la hora de soñar, de compartir, de planear, la hora de la intimidad. Jesús invita a estos dos jóvenes, Andrés y Juan, a entrar en esta intimidad, en su casa, a la hora décima. Y entonces sucede lo que marcará para ellos la razón de sus vidas, de su discipulado: “Hemos encontrado al Mesías”, ellos que andaban en búsqueda, han encontrado y se ha encendido un fuego que no terminará jamás. Solo un encuentro personal con Jesús genera un camino de fe y de discipulado, que, en esa hora que Dios conoce, puede dar un sentido pleno a nuestra vida y hacer fecundos nuestros proyectos y nuestras iniciativas.

Queridos hermanos y hermanas, la Palabra de Dios nos invita a vivir este encuentro, condición indispensable y atrayente para poder ser discípulos de Jesús. Estamos invitados a entrar en su casa, en la hora décima, y encender en nuestros corazones el fuego de la fe y el compromiso del discipulado. Como nos dice el Papa Francisco, “La vida de fe consiste en el deseo de estar con el Señor, reavivando el encuentro con Jesús en la oración, en la meditación de la Palabra de Dios y frecuentando los sacramentos para estar con él y dar fruto gracias a él, a su ayuda, a su gracia. “Buscar a Jesús, encontrar a Jesús, seguir a Jesús: este es el camino” (Homilía del Papa Francisco: 14-1-2018) Iniciemos, pues, el tiempo ordinario, pongámonos en camino con Jesús, vayamos a ver, entremos en “esa hora” e iniciemos nuestro camino con él.

¡Feliz encuentro con Jesús y aún mas feliz seguimiento de él por los caminos de la misión y de la fe!

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

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