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6 Enero 2024
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La Palabra

Domingo de la Epifanía del Señor - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapien sx

“Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”

Mt 2, 1-12

Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de hoy nos invita a vivir de nuevo la Navidad, hoy desde la perspectiva del Dios que se manifiesta, eso significa “EPIFANÍA”. El 25 de diciembre celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, hoy celebramos su manifestación como salvador de TODOS los pueblos. Me da gusto que la liturgia nos invite a celebrarla hoy domingo, y no el 6 de enero; esa fecha la hemos convertido en la fiesta de los Reyes Magos, con todo lo que comercialmente implica: regalos, rosca de reyes, fiesta, etc.

En la fiesta de hoy el protagonista nuevamente es Jesús y no los Reyes Magos; es el hijo de Dios que nos ha nacido y se manifiesta a todos los pueblos, es una fiesta, cien por ciento misionera, y eso nos colma de alegría a nosotros, Misioneros Xaverianos, a ustedes nuestros amigos que comparten el ideal de la misión que hoy Jesús viene a despertar.

En este día de la «Epifanía del Señor» las lecturas se centran en la revelación de Dios a los que no pertenecen al pueblo judío, a los que no son del pueblo de la Alianza. El profeta Isaías (1ª Lectura: Is 60, 1-6) dice que «los pueblos caminarán a tu luz», san Pablo en la carta a los Efesios (2ª Lectura: Ef 3,2-3.5-6) dice que «los gentiles son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa» y en el Evangelio (Mt 2,1-12) son unos Magos de Oriente los que llegaron y «adoraron al niño». Todo ello nos habla de la universalidad de la salvación: Jesús, el Mesías, ha venido para todos los pueblos.

Nos encontramos, hermanos, ante una primera lección de Dios: Él no tiene exclusividad, no permite ser propiedad de nadie. El pueblo judío había interpretado en clave nacionalista la profecía de Jeremías: “Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios” (32,38). El relato de la llegada de los Magos a Belén hace caer ese esquema tradicional. Dios no es solo un Dios del pueblo y para el pueblo. El uso partidista de la religión sigue siendo hoy un factor de confrontación de personas, pueblos e intereses; motivo de guerras, de exclusión, de discriminación. Ese Dios, más que útil, utilizado, no es el Dios cristiano. Nuestro Dios se hace hombre para todos. Es un Dios que rompe nuestras barreras y está entre nosotros como un elemento de encuentro y de concordia, un Dios que nos hermana, que viene a recordarnos que es de todos y en él todo somos hermanos. Papa Francisco insiste en las consecuencias salvadoras para nuestro mundo dividido y polarizado de esta fe puesta en el niño del pesebre, salvador de todos, dice el papa: “solo en la conciencia de ser todos hijos de un mismo Padre podremos fundar la hermandad que posibilite transformar nuestro mundo. Solo desde esta conciencia comenzaremos a destruir las fronteras, las barreras que hemos creado equivocadamente y comenzaremos a ser sensibles ante los demás, solidarios y comprometidos ante su mayor “pobreza”, la de no conocer a Jesús, la de no poder descubrirlo ni adorarlo”.

La fiesta de hoy, de hecho, nos compromete a la misión, nos abre a la misión, como lo hicieron los magos. Les propongo algunas repercusiones concretas en nuestra vida espiritual, a partir de los personajes de la fiesta de hoy, los magos. De ellos quisiera resaltar tres actitudes que nos preparan a la misión: a) El ser capaces de levantar la mirada hacia lo alto, ver más allá de aquello inmediato que llena la vida (ocupaciones, pequeñas cosas de cada día, profesión, apegos, familia,...); y ser capaces de distinguir la luz de Dios entre todas las luces que brillan… b) El poner en su vida una buena dosis de valentía como para ponerse en camino siguiendo esa luz-estrella, confiando en su guía, desprendiéndose de seguridades y costumbres que les atan, y abriéndose a las gentes y pueblos que el camino les ofrece. c) Reconocer y aceptar la “pequeñes” del niño encontrado. Los Magos van a adorar al Rey de los judíos y lo encuentran en un niño recién nacido de una familia pobre que está acogido en una casa porque sus padres son tan pobres que la noche misma de su nacimiento no pudieron pagar una posada. Subrayo el contraste entre lo que quizá esperaban encontrar los magos y lo que de hecho encontraron. Y el contraste entre lo que nosotros pensamos de Dios y lo que de hecho nos encontramos en esta fiesta. Un niño indefenso, frágil, vulnerable, sin palabra… Un niño que no hace nada, pero que, ahí está lo maravilloso, nos puede cambiar el corazón. Si nos dejamos, claro está.

Queridos hermanos y hermanas, la fiesta de hoy nos lanza a la misión con estas actitudes, el misionero está llamado a mirar hacia lo alto y emprender el camino guiado por su fe, a arriesgarlo todo con tal de dar con ese Jesús, y al encontrarlo ahí en lo pequeño, en lo pobre, en el otro pequeño y desvalido, adorarlo, dándole el tesoro más grande que es su vida misma para entonces ir y proclamar que todos somos hermanos en el niño que nos ha nacido, así como lo hicieron los magos venidos de Oriente.

¡Feliz fiesta de la Epifanía del Señor!

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

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