Skip to main content
16 Diciembre 2023
817 vistas

La Palabra

III Domingo de Adviento o Domingo Gaudete - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapien sx

ESTÉN ALEGRES, PORQUE EL SEÑOR ESTÁ CERCA

Jn 1, 6-8; 19-28

Estimados hermanos y hermanas, llegamos al tercer domingo de Adviento y nuevamente el Señor nos llama a la alegría. “Estén siempre alegres, nos dice San Pablo en la segunda lectura (1 Tes 5,16-24), oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús”. Cuando su Espíritu llega y nos invade, hace vibrar de gozo todo nuestro ser: “Alégrate, llena de gracia... porque el Espíritu descenderá sobre ti, escuchamos en estos días, ese anuncio dado a María, esta jovencita de Nazareth. ¿No fueron invitados a la alegría los pastores de Belén al recibir la Buena Noticia? ¿No daba saltos de alegría el niño Bautista - aun el seno de Isabel- al recibir la visita de la Virgen? ¿No estallaron en cánticos alegres los ángeles de Belén? Así es hermanos, el Adviento es un tiempo que nos invita a recuperar y profundizar la alegría. La profunda, la auténtica.

Hoy es el domingo llamado de “gaudete”, el domingo de la alegría. No sé, hermanos, hermanas, ante la situación que reina hoy en nuestro mundo, lleno de guerras, de odio y destrucción, no sé en verdad si estamos dispuestos a abrir nuestro corazón al gozo y a la alegría sincera; muchas personas hoy sostienen más bien actitudes pesimistas y fatalistas.  Pero para nosotros, a pesar de todo el sufrimiento, la alegría tiene que brotar de la experiencia del amor de Dios que nos trae Jesucristo. Él es la luz que necesitamos y la Palabra hecha carne que pronuncia nuestro Padre Dios. Viene a estar con nosotros, a acompañar y vencer nuestras tristezas. Hemos oído sus palabras: "Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor" (1ª lectura: Is 61,1-2.10-11). Además, dice aún, Dios “me revistió con vestiduras de salvación y me envolvió con un manto de justicia”. Por lo tanto, «estad siempre alegres», aunque ahora veamos todo ese sufrimiento. Hermanos, busquemos razones para la alegría y la esperanza el día de hoy. Porque las hay. Especialmente una: El Señor está cerca, en medio de nosotros, como nos ha señalado Juan Bautista. Porque ya acampó entre nosotros y viene para que tengamos vida en abundancia. Así es siempre la presencia del Señor. Y por eso la añoramos y la pedimos: Ven, Señor...

Además de la alegría, el Señor hoy nos invita a la misión. Pues si hay alegría, esta se comunica; si hay alegría, hay misión. Dios nos envía, como Juan Bautista, a ser “testigos de la luz” y a “ser la voz que grita en el desierto: enderecen el camino del Señor”. Dos imágenes muy significativas para redescubrir nuestra misión en el mundo de hoy, tan sumido en la “oscuridad” y tan “ensordecido, aturdido” por los acontecimientos que nos rodean. En el evangelio de este domingo de Adviento, (Jn 1,6-8.19-28) nuevamente aparece la figura de Juan el Bautista con esas dos características: “Testigo de la luz” y “la voz”. A nuestro mundo le sigue faltando luz, por eso se necesitan personas “incandescentes” esto es, transformadas al calor del mismo Espíritu que habitaba en Jesús. Personas que manifiestan en su interior “la acción del Espíritu”, como dice san Pablo, y se dejan llevar por la fe en Jesús, que transforma todo en un dinamismo de amor, de solidaridad y de servicio que irradia luz en medio de las sombras del individualismo, la indiferencia y el egoísmo. Hoy como entonces, nuestra época precisa menos personajes “opacos” y más “testigos de la luz”, de la alegría, la fraternidad y la amistad social.

Dios nos envía a ser “Voz”, esa voz portadora de buenas noticias, de alegría para todos. Esa voz que venda los corazones desgarrados, proclama la amnistía a los cautivos y esclavos, la libertad para proclamar el año de gracia del Señor. Esta es la “voz” que no debemos silenciar, pues es la misma voz que Jesús hizo resonar en Nazaret y en toda Galilea. Esa misma “Voz”, Jesús la ha confiado a su Iglesia derramando sobre ella desde el Padre el Espíritu Santo. En estos nuestros días tan difíciles, la Iglesia será más fiel al Señor cuando dé voz a los que no tienen voz, cuando denuncie las esclavitudes de todo tipo y el negocio que ellas esconden; cuando se ponga al servicio de los que sufren y son marginados por nuestra sociedad. Como Juan el Bautista, seamos testigos de la luz, seamos esa voz que prepara la llegada del Señor: “enderecen el camino del Señor”.

¡Feliz domingo de adviento!

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

¿Te ha gustado este artículo?
¡Compártelo!