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23 Diciembre 2023
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La Palabra

IV Domingo de Adviento - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapien sx

¡Cúmplase en mí lo que me has dicho!

Lc 1, 26-38

Queridos hermanos y hermanas, este último domingo de Adviento la liturgia nos invita a concentrar nuestra atención en María y su respuesta gozosa al proyecto de Dios. Entre estupor y asombro, María fue capaz de dar su respuesta afirmativa al plan salvífico de Dios. Porque la Navidad es el cumplimiento de la promesa de Dios a los hombres, una promesa que no puede cumplirse sin la colaboración de los mismos hombres. Hoy es María y su sí que nos ayuda a prepararnos al gran misterio navideño. ¿Y qué vemos en ella?

Hermanos, más allá de esa concepción de un Dios “todopoderoso” que salva con grandes portentos, el texto evangélico de hoy nos invita a descubrir más bien a un “Dios todo-necesitado”, un Dios que viene a implorar, a pedir, a solicitar ayuda; en el evangelio de hoy (Lc 1,26-38) se presenta humildemente -por medio de un Mensajero- necesitado, y pidiendo permiso y colaboración ¡a una mujer, perfectamente desconocida hasta ese momento, y para nada importante! 

Esta es la enseñanza de hoy: la navidad no es el nacimiento de un Dios todopoderoso, sino de un Dios todo-necesitado de nuestra colaboración para salvar este mundo. En la noche de Navidad, en una cueva, se presentará totalmente necesitado de todo, como niño pequeño y como niño pobre y frágil.  Poco «todopoderoso» parece el niño de Belén.  A no ser que pensemos en el enorme «poder» del Amor que en Belén se manifiesta de forma radiante. Y esa es la invitación, a descubrir el poder del amor que ese niño viene a solicitarnos. Porque el amor se vive y se concretiza en la apertura al otro. María lo entendió y se mostró disponible, se abrió a la “necesidad” de Dios y le ofreció toda su disponibilidad: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”. María escucha a Dios en la voz del «enviado» y en su santuario interior siente «la fuerza de Dios» que la ayuda a disipar dudas y temores, y se entrega, se dispone a ayudar y ofrece su vida al proyecto revelado por el Ángel. Por eso, María, visitada por Dios, le responde: «Hágase en mí tu plan». Es decir: «Te dejo entrar en mi vida y que dispongas de ella». Ella seguirá siendo «esclava», «pequeña», «del Señor». Y Dios acepta habitarla, inundarla, llenarla de gracias, de novedad, de Vida, de Verbo, de lo mejor de sí mismo: su Hijo. Dios está con ella, como está contigo. Y todos los planes de María ahora se transforman en el plan de «lo que Dios quiera», un plan que tendrá que ir descubriendo en sus detalles poco a poco, pero en los cuales estará siempre dispuesta y colaborando. Será una aventura. No está todo resuelto. Habrá dificultades y desconciertos. Pero «No tengas miedo». Dios no la dejará sola mientras siga siendo la «esclava del Señor».

Hermanos, he ahí el camino a seguir para vivir nuestra navidad. Recodemos lo que nos decía San Agustín: “Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti”. La esperanza que la navidad nos trae en Jesús incluye nuestra respuesta libre. Dios no nos considera solo objetos de su actuar, sino también auténticos sujetos o protagonistas de nuestra Salvación. Hoy, como ayer, Dios necesita de mí para sus planes de salvación. Hoy, como ayer, sigue enviando sus ángeles. Hoy, como ayer, necesita personas decididas y confiadas. Mira que algo se quedara sin hacer si no le das tu «sí» a Dios. Sin tu «sí» se hace mucho más difícil lograr la Navidad.

Descubrir la necesidad que Dios tiene de mí, de ti, como la tuvo de María, debe provocar en nosotros alegría: “Alégrate, llena de gracia, le dice el ángel a María y me lo dice a mí hoy, a ti, a cada uno de nosotros. ¡Yo estoy en los planes de Dios! Yo estoy en el plan de salvación de Dios, formo parte (o puedo formar parte) de su proyecto. Yo, que no soy nadie importante, y ando metido en mis cosas cotidianas, a veces un poco perdido por ahí, resulta que el Señor también ha puesto en mí sus ojos amantes... Primero me quiere desde siempre, y me ha llenado de gracia. Y luego Dios tiene necesidad de mí, si yo quiero, si me dejo, si me pongo a tiro. ¡¡Increíble!! ¡Asombroso! ¡Inesperado!

María dijo una respuesta simple, pero llena de compromiso: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”. ¿Cuál es tu respuesta? Ante el Dios que te visita y te pide tu colaboración, ¿Qué le dirás?

Te deseo una Navidad feliz porque también tú le has dicho sí.

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

Misionero Xaveriano

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