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23 Septiembre 2023
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La Palabra

XXV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A
P. Rubén A. Macias Sapien sx

“Un propietario salió a contratar trabajadores para su viña…”

Mt 20, 1-16

La palabra de Dios es siempre sorprendente, hermanos y hermanas, ella nos invita a ir más allá de nuestros simples esquemas, nos invita a ver las cosas desde los ojos de Dios, y esta visión siempre será liberadora, llena de esperanza, llena de vida. Y hoy, ella nos dice, ya desde la primera lectura (Is 55,6-9): “Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar”, con esta intención hermanos meditemos la parábola del Evangelio (Mt 20, 1-16), buscando eso, “al Señor”, superando una visión limitada que nos encierra en nosotros mismos y nuestros esquemas de justicia o de retribución salarial; no caigamos en la trampa de meditar esta página del evangelio desde la realidad de los viñadores, más bien hagámoslo desde la actitud del Propietario.  De hecho, al hablar del propietario de la viña, Jesús piensa en Dios, piensa en su Padre. Por esto, en la historia de la parábola, el dueño hace cosas sorprendentes que no acontecen en el día a día de la vida de cualquiera de nosotros.

¿Y qué vemos de sorprendente en este propietario? Él sale de madrugada a contratar trabajadores para su viña, como todo propietario, pero a media mañana y otras cuatro veces más sale a buscar obreros para su viña, aun a deshoras, incluso al caer de la tarde. Todo parece indicar que para este propietario lo que importa es que vayan más y más obreros a su viña, él no piensa en el salario, en el trabajo efectivo realizado por los obreros; su interés es que más y más obreros se comprometan con su viña, se beneficien del trabajar en su viña, que experimenten la realidad de trabajar por su causa, sientan esa “bondad” que a todos les es manifiesta, sea para los que empezaron temprano como para los que llegaron al final, todos experimentando su bondad y trabajando por su causa, no importa la hora.

Recordemos, hermanos, que Jesús nos está hablando del Reino de Dios; no está hablando de justicia laboral o de doctrinas sociales; el interés de Jesús es mostrarnos dos aspectos fundamentales del Reino de Dios: el primero, que Dios quiere llamar a todos a trabajar para su Reino; el segundo, que al final quiere dar a todos la misma recompensa, es decir la salvación, la vida eterna. Y esto nos debe llenar de esperanza y de compromiso misionero, sea cual sea nuestra edad, nuestro nivel de vida cristiana, nuestro pasado. Como decía el Papa Francisco, “en el Reino de Dios no hay lugar para desocupados”, todos estamos llamados a contribuir, a participar; todos en las cosas de Dios tenemos un llamado a ir a trabajar en la viña del Señor, todos están llamados a hacer cada uno su parte; y para todos, al final, habrá la recompensa que viene de la justicia divina, una recompensa según su bondad, su amor y su misericordia. Y esta recompensa no es otra que la salvación que Jesucristo nos ha comprado con su muerte y resurrección. Una salvación que no es merecida, sino donada.

¿A qué nos invita Jesús al hablarnos así del Reino y de su Padre? Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso. Se trata de dejarse asombrar y fascinar por los ‘planes’ y ‘caminos’ de Dios, que como recuerda el profeta Isaías, en la primera lectura, no son nuestros planes y no son nuestros caminos (cfr. Is 55,8). Pero también, además de asombrarnos, Jesús quiere provocar una respuesta de parte nuestra, porque hoy es el tiempo de la cosecha. Hoy Dios Padre sigue llamando a los hombres y mujeres de este tiempo, a ti y a mí. Hermanos, hermanas, ante este Dios que nos llama hoy, no nos queda más que levantarnos de nuestro pesimismo e ir a su viña; no nos queda más que responder, en este momento de nuestra historia, donde Dios sigue llamando, no importándonos la paga, pues sabemos que será generosa: vayamos a la viña, seamos activos en el Reino, seamos misioneros, seamos los obreros de la primera o de la última hora, todos confiados en la bondad de quien nos llama a trabajar en el Reino de Dios Padre.

Una última consideración hermanos, hermanas. Jesús, al invitarnos a descubrir el modo de actuar de Dios y al invitarnos a colaborar en su viña, nos invita también a reproducir su misma actitud ante los demás, sobre todo ante aquellos necesitados de trabajo, necesitados de un lugar o espacio para trabajar. En la parábola hay un reclamo que hoy en día suena fuerte en tantos hogares, sea de México como de América Latina: «Es que nadie nos ha contratado». Viendo las oleadas de migrantes en búsqueda de trabajo en los países ricos, de jóvenes universitarios frustrados por no encontrar trabajo a pesar de sus conocimientos y competencias. La Parábola nos enseña algo importante en el sentido laboral, en la manera como organizamos algo tan esencial como es el mundo laboral. En la Parábola, el propietario de la viña sabe que los obreros de la última hora tienen las mismas necesidades que los otros, también ellos tienen niños a los que alimentar, un hogar que sostener, como los tienen los de la primera hora. Dando a todos la misma paga, el propietario muestra no tener solo en cuenta el mérito, sino también la necesidad. Y esta es la enseñanza que pudiéramos aprender hoy. Nuestras sociedades capitalistas basan la recompensa únicamente en el mérito y no en las necesidades de la persona. La parábola de los obreros de la viña nos invita a encontrar un equilibrio más justo entre estas dos exigencias: la del mérito y la de la necesidad. Qué importante sería entender esta enseñanza hoy en nuestras relaciones laborales, en tiempos de crisis, en tiempos donde las necesidades son tan grandes. Buscar esa justicia al estilo de Dios, donde lo que importa no es solo el mérito, la competitividad, sino la necesidad del ser humano, del obrero, de la persona que debe vivir. Aprendamos hermanos de la visión de Dios, de la lógica de Dios y busquemos nuevos criterios para vivir la justicia en este nuestro mundo.

P. Rubén Antonio Macias Sapien sx.

Misionero Xaveriano

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