
¡NO TENGAN MIEDO!
Estimados hermanos y hermanas, las lecturas de este día nos invitan a afrontar los desafíos del presente con esperanza, como virtud del creyente. La semana pasada, recordemos, Jesús al ver a la humanidad que estaba “extenuada y desamparada, como ovejas sin pastor” enviaba a sus discípulos con estas palabras: “Vayan y proclamen que ya se acerca el Reino de los cielos, curen a los leprosos y demás enfermos…y echen fuera a los demonios” (Mt 10,8). Motivados por las Palabras de Jesús nos comprometíamos a curar las enfermedades y a exorcizar los demonios de nuestra sociedad, nos comprometíamos a la misión, pues junto con los apóstoles, nosotros somos los enviados de este momento.
En el evangelio de hoy (Mt 10,26-33), continuación del que escuchamos la semana pasada, Jesús, después de haber elegido a los doce y de enviarlos a predicar, los instruye, les advierte acerca de la persecución que posiblemente sufrirán y les aconseja cuál debe ser su actitud ante ello: “No tengan miedo”.
La misión no es fácil ciertamente. Recuerdo las palabras del papa Juan Pablo II, al inicio de su pontificado, al inicio de esa misión tan importante que Dios le confiaba: “No tengan miedo. Abran, abran de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo. Sólo Él sabe lo que el hombre lleva dentro, sólo Él sabe lo que el hombre es”. Esas palabras también me ayudaron mucho, cuando dejaba México para irme a trabajar a Burundi, en África, sabiendo que el país estaba en guerra civil, que llegaba a una comunidad xaveriana probada y en dificultades, siendo el primer mexicano en incorporarse a la misión. “No tengas miedo, abre de par en par las puertas de tu corazón a Jesús”, me decía en ese tiempo, porque difícilmente se puede anunciar un mensaje tan alegre como el del Reino si el que lo anuncia vive atemorizado. Y nadie nos creerá si no nos ve vivir con alegría y confianza la misión. Hoy somos nosotros los portadores de ese mensaje.
Centrándonos en el texto que nos presenta el evangelio en este domingo; ¿qué descubrimos? Vemos a Jesús que transmite a sus discípulos confianza y valor en la persecución, ante las dificultades de la misión. El Padre Dios estará ahí para recogerlos, abrazarlos y devolverlos la vida, la Vida, les dice Jesus a sus disimulos, nos lo dice a nosotros hoy. Podemos decir con san Pablo: «Sé de quién me he fiado». Porque nuestra vida es suya y nada ni nadie la puede arrebatar de su mano... aunque nos maten. Esta es nuestra fuerza. Esta fue la fuerza de los apóstoles. Es significativo que en tres ocasiones (vb, 26.28.31) Mateo utiliza la expresión “no tengan miedo”. A cada expresión a “no tener miedo” le acompaña una motivación para superar ese miedo. Me gustaría meditar en cada una de esas motivaciones:
1ª Motivación: Mt 10, 26-27: “No hay nada encubierto que no llegue a ser descubierto, ni oculto que no llegue a saberse, …”. Uno de las causas de nuestros miedos que nos paralizan es la incertidumbre, no saber el curso de las cosas, no conocer el origen de los males que nos acechan o el final de todos ellos. Recordemos al inicio de la pandemia, temíamos por no saber cómo manejarlo; hoy ya no es así. Jesús nos invita a confiar en la sabiduría de Dios, en su presencia, en su acción, aún si parece “invisible”, inoperante. Jesús nos exhortará a que no perdamos la calma, que Dios es el justo juez y que Él sabrá hacer justicia. En los momentos más difíciles de la misión en Burundi, recuerdo esta confianza que me levantaba de la lona; “Rubén, Dios sabe el porque de las cosas, animo, levántate y sigue anunciando”.
2ª Motivación: Mt 10, 28: “No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, temed más bien a Aquel…”. Esta frase de Jesús me hace pensar en esas personas valientes y libres, que no temieron a aquellos que amenazaban sus cuerpos, que torturaban o encarcelaban sus cuerpos. Pienso en Nelson Mandela, en Monseñor Romero o en tantos otros. A ellos, no les pudieron matar el alma y por eso hicieron y siguen haciendo tanto bien a la humanidad. Nadie puede encerrar nuestra mente, nuestro corazón, nuestra voluntad tras los cerrojos de las cárceles del mundo. Nada ni nadie nos puede frenar en nuestro camino hacia la plenitud en Cristo.
3ª Motivación: Mt 10, 29-31: “Ustedes valen mucho más que muchos pajarillos”. Hay una certeza indispensable en el misionero: es la confianza en Dios y en su amor por nosotros. Jesús nos recuerda la confianza que los discípulos tienen que tener en Él, pues si para Dios todas las cosas son importantes, mucho más los hombres. Para ello Jesús recurre a una comparación: si el Padre cuida hasta de los pájaros más pequeños e insignificantes y tiene contados hasta cada uno de nuestros cabellos, ¿cómo no va a ocuparse de ellos que son sus hijos queridos?, por eso les dice: “no teman, ustedes valen mucho más que muchos pajarillos”. (Mt 10, 31).
Hermanos, ante las adversidades, ante los comentarios destructivos contra lo que hacemos, ante las persecuciones, que lo único que nos interese sea ¿y qué opina Dios de mí?, ¿Qué piensa de lo que estoy haciendo? y yo, ¿cómo estoy ante Él? La misión la realizamos en su nombre y para su gloria, y lo que hacemos tiene valor, un valor extremo ante sus ojos. Muchas veces el misionero es calumniado, rechazado, pero para él lo único que cuenta es el valor que Dios le da a su misión, a su acción. Por eso Dios dice: no temas, porque yo te conozco, no temas porque yo sabré recompensarte. Vivir la misión en esta confianza, en este abandono: “Ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”.
Quisiera concluir citando a un Biblista español, José Antonio Pagola, el cual nos dice: “Esta fe en Dios nos conduce a afrontar riesgos y a aceptar sacrificios. Lo propio del verdadero creyente no es la cobardía y la resignación, sino la audacia y la creatividad”.
Que Dios haga de nosotros misioneros audaces y creativos, conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas y fortalecidos por la fe en quien todo lo puede, el cual está dispuesto a dar hasta su propio hijo para salvarnos.

