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6 Abril 2023
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La Palabra

Viernes Santo
P. Alberto M. Reyes

Viernes Santo: “Adoremos a Cristo que por su Santa Cruz redimió al mundo”

Is 52, 13-53, 12

Hoy recordamos la Pasión, la Crucifixión y la Muerte de nuestro Señor Jesucristo. Cada creyente está invitado a vivir este día como si estuviera presente en ese momento en que el Señor es llevado al calvario, teniendo presente que Jesús es nuestro hermano y nuestro Salvador, sufre por nosotros con tal de ganarnos para Dios.

No hay dolor que haga desistir a Cristo de su propósito de salvarnos, sus brazos clavados se abren para cada uno de nosotros. Jesús en la cruz repara el mal que nos hemos infligido a nosotros mismos, su objetivo es devolvernos la libertad y la alegría de vivir como verdaderos hijos de Dios. Con su sacrificio Jesús nos demuestra que el pecado no tiene la última palabra en nuestras vidas. Por ello este día es para vivirse en la meditación, la oración y el silencio.

Hay varias formas de vivir esta jornada: rezando el viacrucis, participando de la celebración litúrgica de la Pasión del Señor en la cual se participa de la escucha de la Palabra de Dios, se Adora la Cruz, se reza por toda la humanidad y se recibe la Comunión. En algunos lugares, después del viacrucis se meditan las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. Por la noche hay la Procesión del Silencio, o también hay la costumbre de la visita de los siete templos. Con tantas devociones que hay, nadie puede decir que no tiene oportunidad de vivir este día santo.

En este día el ayuno es obligatorio para los de 18 a 60 años de edad, siempre y cuando no estén enfermos. El ayuno tiene varias formas: no comer carne, visitar a los enfermos, ayudar a los pobres, abstenerse de criticar a los demás; cualquiera de estas formas es válida para vivir el Viernes Santo y acompañar a Jesús en su Pasión.

Si no puedes asistir al viacrucis o a las celebraciones litúrgicas, no olvides meditar los textos que se proponen para hoy: Is 52,13-53,12; Salmo 30; Heb 4, 14-16; 5,7-9; Jn 18,1-19, 42.

“Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo. Mantengamos firme la profesión de nuestra fe” (Heb 4,14).

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