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5 Abril 2023
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La Palabra

Jueves Santo
P. Alberto M. Reyes

Jueves santo: El don de la Eucaristía y del sacerdocio

1 Cor 11,23-26

Iniciamos el Triduo Pascual con la celebración de la institución de la Eucaristía y por consecuencia con la institución del sacerdocio.

El regalo más grande que Jesús nos hace antes de morir en la cruz es quedarse como alimento para cada uno de nosotros, un pan que se parte y comparte sin jamás terminarse.

Santo Tomás, de Aquino, considerado el teólogo de la Eucaristía, nos dice que tiene tres dimensiones: pasado, presente y futuro. En cuanto a la primera dimensión la Eucaristía hace presente la inmolación de Cristo en el calvario, con el mismo objetivo que es conseguirnos la salvación. La segunda dimensión nos asegura de que Cristo nos acompaña en nuestra peregrinación terrenal, entramos en contacto con su cuerpo y su sangre y de este modo nos alimenta en esta peregrinación. Por último, la Eucaristía es el anticipo y el anuncio de la vida eterna. Si la vida eterna es la comunión con Dios, en la Eucaristía entramos ya en comunión con Él.

Se dice que antes de morir, le llevaron la comunión a santo Tomás y dijo: “Te recibo, alimento; te recibo, precio de la redención de mi alma, te recibo, Viático de mi peregrinación. Por tu amor viví, trabajé y estudié. Amén”.

Con la institución de la Eucaristía Jesús instituye el sacerdocio, pues quiso que alguien continuara su misión: “Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19). Por ello san Juan María Vianney decía que “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”. También afirma que el sacerdocio no viene de los hombres, sino sólo de Dios “coloca al sacerdote como otro mediador entre el Señor y el pobre pecador, así llamó al campesino Vianney, al duque de Gandía (san Francisco de Borja), al soldado Ignacio de Loyola”. El sacerdote es un hombre ordinario para una misión extraordinaria.

Celebremos pues con alegría estos dos grandes regalos que Jesús nos hizo en la Última Cena y no perdamos ocasión de alimentarnos de la Sagrada Eucaristía para llegar al Cielo y alegrémonos por aquellos que han dicho SÍ a Dios para que este alimento siga llegando a todo el mundo.

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